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Joropo central: fiesta popular de vigor con arpa, maraca y buche

Maracas / Efren Hernández

Maracas / Efren Hernández

Katrin Lengwinat es profesora asociada en la Universidad Nacional Experimental de las Artes en Caracas, donde enseña musicología y dirige la Coordinación de Investigación de Artes Tradicionales. Estudió Musicología y Latinoamericanística en la Universidad Humboldt de Berlín, donde adquirió también el PhD con un tema sobre etnomusicología latinoamericana. Se dedica a la investigación de las manifestaciones musicales tradicionales venezolanas, en especial al joropo, y es autora de múltiples publicaciones. Es miembro del ICTM, Iaspm y actualmente es Presidenta de la Sociedad Venezolana de Musicología

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“Ramón Pérez se complace en invitar a joroperas y joroperos a la celebración de su cumpleaños el sábado 15 de marzo a partir de las 7 de la noche. Será amenizado por un gran mano a mano entre el número 1 de la canta central Don Esteban Ramos “El Perico de Miranda” y Álvaro Ramos “El Perico III”  con  Juan Manuel Ruíz, “El segundo General del Arpa tuyera”.. Dirección: Zona 3, sector Tierra Negra, entrando por la antigua pista del Loro de Miranda. Entrada a precios populares.

¡No dejes que te lo cuenten!”


Durante una o dos semanas suenan estos anuncios por las radios locales en programas específicos y de gran audiencia entre las clases populares de Caracas, Miranda y Aragua, siendo los medios principales de difusión de los bailes de joropo. Son muchos los bailes que se hacen al año, más de 2000, y varios que se celebran simultáneamente en zonas aledañas. Gracias a eso el bailador puede decidir dónde ir según los músicos de su gusto. Al llegar el sábado, se viste arregladito, se pone sus zapatos de suela o tacones y acude con amigos y familiares al sitio. Allí ya están instalados el arpista y el cantador en un rincón de la sala, las sillas acomodadas de medio lado y en el centro un espacio grande para bailar. Apenas suena la primera nota, algunos acuden a bailar con su pareja: es a eso que vinieron. Otros se quedan aun observando el estilo que cada quien lleva para invitarlo más tarde a bailar. La gente llega poco a poco, muchos son saludados en las improvisaciones del cantador. Como a las once de la noche el baile está en su apogeo, y casi nadie permanece sentado. En el transcurso de los diez a quince minutos que dura una pieza, los bailadores giran por la sala, se inspiran en la música, varían las figuras, zapatean, pegan gritos de gozo, sudan todas las tensiones acumuladas durante la semana y se cargan nuevamente de energías... Una breve pausa para refrescarse y volver luego a bailar. Esta vez, acaso con otra pareja, no necesariamente de su misma estatura, ni edad, ni físico, pero… de mismo estilo. Así hasta el amanecer, cuando regresan a sus casas para volver a otro baile ese domingo o la próxima semana.

Pues joropo central, término que incluye golpe tuyero, joropo mirandino o pasaje aragüeño, tiene vigencia sólo en vivo, es decir,  al medio no le interesa un joropo grabado ni los productos que existen en otro formato que no sea en vivo, no son naturales, propios, sino forzosos. Suele ser tocado por un instrumentista en el arpa o la guitarra, en el cuatro, la bandola o el acordeón. El instrumentista es acompañado por el cantador quien toca también las maracas y sigue la propuesta melódica, rítmica, armónica y estructural del instrumento con cuartetas o décimas elaboradas de ante mano y mayormente con improvisaciones inspiradas en el momento. Es siempre música cantada y bailada que se aprende por tradición familiar en un proceso natural. Muchos músicos hasta el día de hoy respetan creencias y prácticas populares “de protección”, las cuales “permiten” que no se rompan las cuerdas, que el baile salga provechoso, que la garganta esté clara, que el arpa sea sonora y productiva…

Joropo central / fotografía tomada de Internet

El joropo central es una tradición centenaria que se mantiene viva e intacta, a pesar de algunos cambios que en los últimos cincuenta años han estado vinculados tanto a la tecnología como a los medios de comunicación y a las estéticas reinantes. La amplificación del sonido, por ejemplo, ha hecho que los bailes pueden realizarse en espacios más amplios que los de las salas de las casas. También las exigencias de una mayor movilidad ha cambiado el transporte del arpa en burro a la buseta, lo cual excluyó las arpas anchas y obligó la fabricación achicada de su forma, lo que a su vez generó cambios en la ejecución de cuerda libre a cuerda apagada para mantener la claridad del sonido. Incluso, en las emisoras de radio el joropo tiene una emisión temporal mínima, debido a la norma de duración de 3 a 4 minutos por pieza establecida por la productora del disco y la difusión radial. Por último, las influencias del consumo globalizado de las culturas musicales ha generado una estética del canto con letras romantizadas, armonías ampliadas y adaptaciones a “la moda”, como por ejemplo: “La viagra” o vallenatos como “El santo cachón”.

Pero también ocurren cambios alentadores que permiten una excelente dinámica en los bailes y la cual hace al joropo central más atractivo y vigente en los salones. Así se han creado bailes que son llamados “tradicionales” que pretenden introducir una tradición basada en un lema que vende: El baile del Sombrero, de las Faldas, de la Olla, de los tres Estilos… Ellos se inspiraron en la creación del Baile de las Mujeres que, en los años 70, invirtió exitosamente el concepto del “hombre que lo paga todo”. Otro ejemplo hermoso son grupos de jóvenes que conforman las aclamadas Metralletas. Ellos se encuentran en la semana para practicar y sincronizar diferentes tipos de zapateos, que retumban en las pistas el fin de semana de manera contrapuntística, si están alejados uno del otro en el momento del repique del arpa, o agrupados en una fila al presentir o exigirle al músico el momento adecuado.

A pesar de la pérdida de algunas particularidades maravillosas, como la gran forma de la revuelta o la frecuencia con la que se toca el pasaje, una forma más contemplativa que el golpe, el joropo central sigue vigente con mucha fuerza. Además está siendo frecuentado cada vez más por la juventud, conformando un eslabón unificador entre las generaciones, en su celebración viva de la diversidad cultural y de la memoria histórica colectiva. Fuerza, en fin, que coincide con la democratización del acceso al baile, en el enaltecimiento de valores de identidad regional y social y con la convivencia y el esparcimiento sanos y en paz.