• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

John Updike en la psique del terrorista

Terrorista (2007), John Updike

Terrorista (2007), John Updike

Las siguientes líneas se dedican a uno de los grandes de la narrativa norteamericana contemporánea, John Updike. Se recuerda su famosa serie de libros sobre el personaje Harry “Conejo” Angstrom iniciada en 1960. Galardonado en dos ocasiones con el Premio Pulitzer  (1982 y 1991) y en una con el American Book Award (1982). En específico su novela "Terrorista" (Editorial Tusquets, 2007) es la obra que nos ocupa

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Lo imagino atrincherado en un estudio, rodeado de alarmantes periódicos del día, entre varias torres de libros y críticas revistas que analizan con pesar el rumbo de Occidente, y al frente, diría que tapando unos enormes ventanales, televisores con sus noticieros prendidos, interrumpiéndose unos y otros, mientras una emisora FM se desfoga en el pronóstico de los malos tiempos. ¿Qué hace este hombre? ¿Desfallece ante la abultada sintomatología del mal postmoderno? ¿Se aturde y palidece? No. Ni pensarlo. Escribe una novela formidable, pero con la punta de un cable de alta tensión.

Prosa habitada. Más que habitada, abigarrada, eléctrica, pródiga, casi exultante de la realidad que ella fabrica. Habitaciones, ropas, gestos, discursos, calles, vitrinas, escenas, conversaciones, vehículos, diagnósticos de la vida corriente norteamericana: todo ello ha sido construido con aspiración de plenitud, a la luz del día. Como un boulevard congestionado: llena de información, datos y pequeños escondrijos. Un festín de imágenes y detalles. Universo que se levanta, ahíto de realidad, ante el asombro del lector, John Updike (1932-2009) escribe como si hiciera un formidable inventario capaz de despachar toda duda: la historia tiene el alma de lo verosímil: es como un guion a la espera de un cineasta.

Terrorista (Editorial Tusquets, España, 2007) fue la última pieza salida del horno metalúrgico de John Updike, notable narrador y ensayista, pero por debajo y por encima de todo esto, un fluido, persistente y siempre dispuesto desmitificador de la cultura y la sociedad norteamericana (Updike ganó en dos ocasiones el Premio Pulitzer, así como el American Book Award en 1982).

La sinopsis de la narración podría anunciarla como predecible: ante la proximidad de un aniversario de la fecha fatídica del 11 de septiembre, un joven es reclutado para inmolarse en un atentado terrorista. La armazón que erige la personalidad de Abanad es tan sólida, que Updike logra cavar él mismo en la psique del joven a quien no le importa morir para cumplir con el mandato de la yihad. Se asoma al abismo interior, al malestar de quien está dispuesto a morir.

“La luz incide cegadora en el polvoriento parabrisas, y a Ahmad le asalta una especie de terror ante la rémora de tener por delante una vida que vivir. Pese a todo, esos animales condenados (...) tienen el consuelo de su naturaleza gregaria, y cada uno de ellos alberga alguna esperanza o plan para el futuro, un empleo, un destino, una aspiración, como mínimo escalar posiciones haciendo de camellos o chulos. Ahmad, que tiene capacidades de sobra, no tiene proyectos: el Dios que se le ha vinculado como gemelo invisible, su otro yo, no es un Dios de la iniciativa sino de la sumisión”.