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Jan Saudek: una poética del erotismo

“Life”, 1966 / Foto tomada de Internet

“Life”, 1966 / Foto tomada de Internet

En la obra de este artista visual y fotógrafo praguense la poética de lo lascivo asiste a la experiencia de contemplar sus fotografías; refleja además a un acto de honestidad y valentía

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En la obra de Jan Saudek confluyen multiplicidad de lecturas que gravitan desde lo más sublime hasta la mirada más francamente lasciva. En efecto, para este fotógrafo checoslovaco nacido en 1935 el arte ha sido un medio para recrear su mundo inmediato desde las facetas con mayor carga erótica.

Es así como sus modelos dan la impresión de haber sido sacadas del día a día más ruinoso. Son mujeres con gran voluptuosidad y donde para nada están presentes los paradigmas estéticos de la fotografía del siglo XX en cuanto a una corporalidad apolínea. Y es que éste era el mundo que le era familiar al artista por haber vivido su infancia durante la Segunda Guerra Mundial y haber logrado escapar milagrosamente de las garras del doctor Mengele. De esta manera, la Checoslovaquia de posguerra queda plasmada en la forma como el artífice construye sus escenografías en alusión directa al deterioro.

Su primera cámara fue una Kodak Brownie que recibió en el año 1950. De la misma el creador afirmaba que con ella sólo se podía cargar la película y disparar. Muy pronto comenzó a colorear las imágenes en blanco y negro, marca estilística que ha sido característica en su trabajo. Ello, a pesar de darle un matiz kitsch a su creación, es sin duda un detonante de ese erotismo que raya en una “obscenidad” de hermosos acabados.

Hay fotografías que constituyen un hito simbólico en su trayectoria como lo es Life de 1966, donde es explícito un feto sostenido en brazos. En otras representaciones, primordialmente posteriores, son expuestas escenas de mujeres con abundancia de carnes que interactúan en clara invitación a la ruptura de límites y donde la moral queda relegada a un segundo plano en el que predomina una ética de la condición humana más franca.

Para Saudek no fue fácil experimentar el comunismo de la Europa del Este de la segunda mitad del siglo XX y por el cual se vio obligado a trabajar en fábricas llevando a cabo labores no afines con su condición de artista.  No obstante, esas calles plagadas de alcohólicos y prostitutas le aportaron significantes que han sido impronta en su obra.

Uno de los aspectos interesantes de su propuesta es la forma como el fotógrafo logra construir imágenes que se escapan de contexto para narrar historias completas. Las modelos, sin duda, participan del juego lascivo y entre ellas se teje toda una trama del deseo transgresor. De este modo aparecen tonalidades lésbicas y de relaciones eróticas intergeneracionales donde lo tabú es explícito.

El mismo Saudek se inserta en muchas de las escenas como un personaje más, como el gran voyeur e ideólogo de los montajes. Surgen así toda una constelación de tópicos que van desde lo francamente sexual hasta la vejez, la muerte, la lujuria y la inocencia contrapuesta al desparpajo. Hay quienes han considerado su fotografía como un soft porno; no obstante, en esta propuesta, más allá de lo manifiesto hay todo un discurso elaborado en multiplicidad de planos semánticos.

Eventualmente, su perseverancia en el oficio artístico, aunada a un trabajo de gran potencia le llevó a que las autoridades comunistas durante los años ochenta le permitieran abandonar su ocupación en la fábrica. Ya para esta época el fotógrafo era bien conocido y su consagración formal llegó a comienzos de los noventa cuando fue nombrado Caballero de las Artes y de las Letras por el Estado Francés. Luego, en el año 2006, su propio país le otorgó el premio Artis Bohemiae Amicis junto a Milan Kundera y Vladimir Körner.

En este creador, sin duda, se dan simultáneamente aspectos paradójicos de la vivencia; por un lado la forma sublime como es recreada la misma y por el otro la manera rotunda de plantear aspectos del deseo que se encuentran en sombra. La mirada border aparece entonces como sello de este estilo tan personal.

Asistimos así a la experiencia de Jan Saudek, un artista cuya obra está basada en la honestidad y la valentía; un trabajo hecho desde el alma y sin tapujos que inaugura toda una poética de lo lascivo y la lujuria.