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Italo Calvino, el crítico de lo intrincado

Italo Calvino

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Cuando en marzo de 1980 escribió la nota de presentación de Una pietra sopra (que en nuestra lengua fue publicado con el nombre de Punto y aparte. Ensayos sobre literatura y sociedad), que reunía conferencias y escritos inéditos, además de algunos pocos artículos publicados, todo ello en un extenso período comprendido entre 1955 y 1980, el propio Calvino confesaba lo que la lectura de aquel conjunto le había provocado: “el sentido de lo intrincado, de lo múltiple, de lo relativo y lo trillado, lo cual determina una actitud de perplejidad sistemática”.

Los más de cuarenta textos que la recopilación incluye, de extensión y variado formato, guardan una sorprendente coherencia interior: tienden cables, enchufes y conexiones de ida y vuelta, entre literatura y sociedad. En un primer plano, Calvino parecía preguntarse si los dominios de la sociedad, si los compartimentos de su atracción por la política, tenían equivalente en los territorios de la creación literaria. Ensayar sobre qué es objetividad; acotar el campo de lo cómico, lo erótico o lo fantástico; indagar qué hay en la novela de arqueológico, de científico o proveniente de la realidad, en particular, de sus fuerzas político-sociales. En el intrincado mapa de la sociedad occidental, entre las turbulencias contemporáneas que eran causa de sus frecuentes inquietudes, Calvino intentaba vislumbrar dónde se originaba y como actuaba el fenómeno literario.

Sobre el tejido irregular, lo que resulta más sorpresivo es la destreza, la flexibilidad del pensamiento, el apresto con que se mueve de un asunto a otro, de una referencia a su contraria: pensar críticamente era para Calvino someter sus objetos a operaciones de contraste, de distinta gradación: le interesa menos la teoría o la genealogía o la historia de las literaturas, y más el efecto de aproximar los libros a determinados hechos o realidades. Era un crítico liberado de métodos, un lector autónomo, que no temía a las preguntas más audaces, que él mismo se formulaba.

Leer al Calvino ensayista produce un efecto: una sensación de comodidad, de pez en sus aguas. Y es aquí donde entran al terreno, Los libros de los otros. Correspondencia 1947-1981, compendio de sus comentarios a libros que recibía como lector y editor al servicio de Eunaidi, que siendo cartas a los autores funcionan como reseñas críticas; y Por qué leer a los clásicos, personalísima bitácora, en cierto sentido un libro desmitificador, cuya lógica consiste en proclamar que lo que da estatura a un clásico es su universal accesibilidad a todo lector sensible.