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Imposible Marguerite Duras

Imposible Marguerite Duras

Imposible Marguerite Duras

Nació en Indochina, en 1914, con el nombre de Marguerite Donnadieu. Novelista, guionista y cineasta, fue un ser inclasificable. Marguerite Duras es la prueba extraordinaria de la tozudez de Laura Adler, la biógrafa, por fijar la humanidad indómita de su biografiada. Este dossier incluye un texto de Narcisa García sobre la cinematografía de Duras, un perfil de Robert Antelme, así como un fragmento de Maurice Blanchot sobre La especie humana

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Palabras de apertura

Para contar la vida de Marguerite Duras, Laura Adler creó una lengua. Cumplidas las exigencias de una investigación que en su mayor parte se hizo mientras la protagonista vivía, y que debe haber sido extenuante si sumamos la revisión de sus más de cuarenta novelas, veinte películas realizadas, decenas de guiones para teatro, cine y televisión, además de diarios, cuadernos de notas, cartas, artículos diversos y numerosas versiones preliminares de sus obras, Laura Adler (también autora de una reveladora biografía de Hannah Arendt) debió afrontar los que deben haber sido sus dos principales escollos: definir una perspectiva para narrar a Duras (lo que equivale a determinar un punto que evitara el riesgo de quedar atrapada en las redes de la dama) y, todavía más relevante, dar con un tono, construir una afinada lengua que pudiera penetrar y aproximarse a la insaciable complejidad del mundo Duras, bajo la conciencia de que cualquier palabra fuera de lugar hubiese podido desatar una tormenta.

 

Al borde del abismo

Marguerite Donnadieu fue hija de padres viudos. El escándalo la acecha desde el primer momento: sus padres se casaron cinco meses después de que Henri Donnadieu enviudara. Marie, su madre y marca insalvable de su existencia, maestra. Su padre, profesor de matemáticas. Tiene dos hermanastros, a los que prácticamente borra de su vida. Nace en el domicilio familiar, en abril de 1914. Sus padres han tenido otros dos hijos previamente: Pierre y Paul. El padre debe alistarse, se ha iniciado la Gran Guerra. Pero su salud precaria le salva de ir al combate. No viviría mucho: en 1921, cuando Marguerite tiene siete años, se produciría su fallecimiento.

Hasta los 18 años Marguerite permanece en Indochina. Son años de agobio, de extrema precariedad. Van de una ciudad a otra. Marie, resoluta y de carácter incontenible, lucha por mantenerse a flote. Sueña con la riqueza. Se embarca en proyectos destinados al fracaso. Sus relaciones con la autoridad colonial son pésimas. Pide, se queja, pelea. Tiene fama de maestra severísima. La familia vive a punto de la exasperación: hay gritos, golpes y palabras insultantes. Los varones se alejan de la escuela. Pierre, el mayor, golpea a Marguerite y a Paul con furia. Tiene algo salvaje. Viven al margen: son blancos –esto significa mucho en la mentalidad colonial–, pero un aura plomiza los envuelve. No son exactamente franceses en Vietnam. Son vietnamitas blancos.

Marguerite no guarda casi vínculos con el mundo que le rodea. No tiene amigas. Estudia y logra calificaciones fuera de lo común. Crece bajo el asedio de la locura: la madre, el hermano mayor. Pierre se escapa a los fumaderos de opio. Roba a la madre. Madre e hijo tienen una relación patógena (toda esta etapa está magistralmente narrada en Un dique contra el Pacífico).

 

Condición sexual

Según sus recuerdos a los cuatro años fue sometida a su primera experiencia sexual por un niño que apenas había cruzado los once. Tiene catorce cuando una vieja maestra aprovecha la soledad de la pensión en Saigón, para experimentar el placer de desnudarse ante una Marguerite muda. Hacia finales de 1929, ya tiene quince años, tiene lugar la secuencia de episodios reales que más adelante se transformarán en El amante, su novela más popular.

Leo es rico, chino anamita. Aparece con su limusina negra en tiempos donde los Donnadieu mal viven. “Marguerite estaba en venta. A los hermanos no se les pasaba por la cabeza la posibilidad de trabajar y la madre consideraba normal que su hija abandonara el hogar a cambio de dinero contante y sonante”. Marguerite se siente obligada a complacer a su madre. No cede ante el amante sino ante la madre., durante dos años. La madre la insulta y la golpea. El hermano mayor no se conforma con golpearla con saña, también la hiere con palabras infamantes. Marguerite, a pesar de ser la alumna número uno, vive aislada de sus compañeras. Se sumerge en su timidez. Le exige dinero a Leo. En su diario habla de su maldad. De su codicia.

 

El estallido de París

28 de octubre de 1933. Marguerite tiene 19 años. Llega en barco a Marsella y se dirige a París. Meses más tarde se instala en el Barrio Latino. Estudia, lee (Conrad, Eliot, Spinoza, Kafka, Melville, Nietzche, Descartes, Faulkner), colecciona amantes, “no forzosamente por dinero”. Sentía necesidad de sexo. Adler habla de “amor-captura”. Descubre el teatro. Durante seis meses colabora con el Ejército de Salvación. Tiene contacto con jóvenes intelectuales, muchos de ellos activos antifascistas. Su madre, que ha logrado fundar una escuela, le envía dinero desde Indochina. Conoce a Robert Antelme a comienzos de 1936: se convertirá en su esposo y en autor de La especie humana, texto esencial de la literatura originada en los campos de concentración.

A través de Antelme, a quienes muchos han calificado como un ser simplemente excepcional, conoce a los que serán su pandilla de vida: Claude Roy, Georges Beauchamps, Edgar Morin, Diony Mascolo (será el padre de su hijo, Jean Mascolo Duras), y a muchos otros que serán sus amigos por décadas: Maurice Blanchot, Raymond Queneau, Merleau-Ponty, Francois Mitterrand y tantos otros. La casa de Duras y Antelme, en el número 5 de la rue Saint-Benoit, se convierte en un epicentro literario, político y cultural. El lugar donde ella vive y escribe, pero también donde la amistad, los dramas amorosos y los debates sobre todo lo imaginable tienen lugar. Luego de un primer embarazo muy complicado, su bebé muere al nacer. Ese mismo año, 1942, Duras acepta un cargo en la Comisión de Control del Papel para la Industria Editorial, en el gobierno de Philippe Pétain (más adelante se le acusará de colaboracionista). Un telegrama a finales de ese año le anuncia que su hermano menor, Paul, ha muerto.

Desde finales de 1942, Duras se convierte en la enamorada amante de Moscolo: será una relación larga y turbadora para ella (la cuestión de los amoríos dentro y alrededor de Saint-Benoit, que involucran a Duras, Antelme, Moscolo y a otras personas, sería por sí mismo, fuente para una inagotable novela gótica). En 1943, persuadidos por Mitterand, los tres ingresan a la Resistencia. Su vida transcurre con el apoyo que le dan el hermano-esposo (Antelme) y el hermano-amante (Moscolo), mientras la amistad de ambos se hace cada vez más profunda. En agosto de 1943 se produce la detención de Antelme. Duras pasa días y noches esperando y buscando información en las oficinas de la Gestapo. Duras escribe: “Ya no existo al lado de esta espera”. Cuando Antelme es rescatado, está al borde de la muerte: pesa 35 kilos. Tras la liberación de París, Duras participa en episodios de tortura a colaboracionistas.

 

Infatigable constructora

En 1944 Duras se afilia al Partido Comunista (también Antelme y Moscolo). Los tres, como tantos otros, serán expulsados más adelante, como resultado de la delación de Jorge Semprún (que él negará una y otra vez). Duras es una militante trabajadora e intransigente: como todo en ella, también en la política está siempre próxima a desbordarse (cuando se conocieron las dimensiones de lo ocurrido en El Holocausto, igual que Antelme, lamentará no haber sido judía).

Saint-Benoit se convierte en un lugar donde la inteligencia parisina acude a beber, bailar y debatir. Además de los integrantes de su pandilla, asisten Bataille, Ponge, Duvignaud, Barthes, Lacan y Vittorini o Calvino, cuando visitan París. En 1947 nace su hijo Jean –le dirán Outa-. Ya entonces Duras vive inmersa en su férrea voluntad de trabajo. Tiene disciplina. A partir de la publicación de Un dique contra el Pacífico, en 1950, Duras adquiere seguridad en sí misma. Su obra no parará de crecer hasta su muerte.

Logro sistemático de la biografía de Adler: el tejido entre vida y creación, las interconexiones secretas o visibles entre unas obras y otras. Duras escribe a partir de una idea, pero sin plan. Por lo general, sus creaciones tienen una honda conexión con las nostalgias y los dolores de la infancia, con la abrumadora figura de la madre. Escribe Duras: “Voy a la aventura cuando escribo un libro. Pero luego todo se reagrupa y forma un conjunto”.

Su obra literaria, dramatúrgica o cinematográfica aumenta: tiene quienes la siguen y la elogian, pero también quienes critican su desconocimiento de la gramática, su supuesta vacuidad y “ombliguismo”. Con el paso de los años, salvo la opinión de Antelme, no acepta ni críticas ni sugerencias. Su mundo de relaciones (que incluye a sus editores) se resquebraja. Marguerite Duras se convierte en el objeto  de vida y de culto de Marguerite Duras.

Participa en la campaña en contra de la Guerra de Argelia. Sale a las calles en mayo de 1968, otra vez ilusionada (ella habría sido la autora de los eslóganes “Prohibido prohibir” y “No sabemos adónde vamos pero no por ello vamos a dejar de ir”). Protege a su hijo. Se enamora. Lucha por desembarazarse de la influencia de Faulkner y Hemingway. Incursiona en el periodismo: saca el mejor provecho a su virtuosismo para los diálogos. A partir de 1958 goza de un reconocimiento más allá de las fronteras de Francia. Adler: “Duras va deprisa, demasiado para algunos. Duras se aturde, se prodiga en adaptaciones teatrales, fabrica en serie guiones para el cine, escribe en los diarios y, cuando se trata de asumir el papel de productora de programas radiofónicos, tampoco arruga la nariz. Duras no sabe escoger”.

La publicación de El dolor en 1985 (una primera versión había circulado en una revista en 1976) marca una ruptura vital: salta por encima del deseo de Robert Antelme, que rechaza que su vida íntima, en particular, la relativa a las condiciones en que regresó de Buchenwald y Dachau fueran conocidas más allá de su familia y amigos (Antelme estaba hospitalizado desde 1983, víctima de una trombosis, lo que le impedía reaccionar).

Esta decisión es emblemática en la existencia de Duras: a fin de cuentas,  su lealtad más poderosa no será con las personas sino con su escritura. Tarde o temprano rompe. No tiene ataduras. No rinde cuentas a nadie. En los últimos años, en más de una temporada, se alcoholiza. Su interés, de forma creciente, se centra en sí misma. Cuando se produce el éxito de El amante (vende 25 mil ejemplares el primer día, y 10 mil ejemplares por día durante las primeras tres semanas), y obtiene el Premio Goncourt, Duras se pensaba a sí misma como una mártir. El alcohol será su principal compañero hasta marzo de 1996, cuando fallece en París.

 

MARGUERITE DURAS

Laura Adler

Editorial Anagrama

España, 2000