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Iluso, genio o enamorado

Jonás Trueba / Cortesía del Autor

Jonás Trueba / Cortesía del Autor

"Dejarse llevar entonces, aprender a convivir con la frustración, no soñar demasiado, no generar demasiadas expectativas. Sobre todo ante uno mismo", Jonás Trueba

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“Nuestro hijo ha salido muy majo, tiene mucho de Cristina”.

Fernando Trueba

Las grandes memorias se publican con su autor fallecido. Generalmente los buenos diarios personales salen a la luz pública cuando hemos tropezado con la misma piedra más de una vez. Otra característica de las bitácoras íntimas y su salida al ruedo es la voluntad del escritor en hacerlas notorias; mientras menos ímpetu tiene de enseñarlas mejores resultan. “Este un libro que yo no tenía pronosticado, existe por una serie de circunstancias y azares bonitos. El gran culpable es su editor, el escritor Julián Rodríguez. Él leyó estos textos que en realidad eran más largos cuando le mostré mi nueva película y le dije que quería armar un buen DVD con notas, los leyó y me dijo: ‘quiero sacar este texto’. Me daba pudor por su intimidad y lo destilé un poco quitándole una serie de alusiones para llevarlo al hueso, pero no fue estrategia”. Dice Jonás Trueba (Madrid, 1981) guionista, director, profesor universitario y ahora escritor. Nos citamos en el café del Cine Doré, sede de la Filmoteca Española. Cinéfilos madrileños, en su mayoría de la tercera edad, nos rodean mientras aguardan ver Amarcord. Bulla al principio, luego el silencio del espectador.

En el libro el personaje del cineasta dice que su tiempo libre es su trabajo.

—El cine es un oficio que se percibe desde afuera de una manera muy rara, y es verdad que la mayor parte del tiempo no se nos ve trabajando. Parece que estamos trabajando cuando estamos rodando y montando. Yo intento no diferenciar entre el tiempo libre y el trabajo. Para mí hasta tomarme unas cervezas forma parte de lo mismo, todo es trabajo en realidad.

—Los jóvenes protagonistas de Las ilusiones, dices, que no viven tiempos antiguos y que esa es su tragedia. ¿Es esa la tragedia de tu generación?

—Supongo que hay otras más graves, pero sí es verdad que ha desaparecido esa especie de diletantísmo, o algo que en España siempre ha estado mal visto, y tiene que ver con una falta de respeto bastante grande a la cultura, a la figura de cualquier persona que se dedique a una disciplina artística. Pero además me gusta jugar con esa idea de personajes que en pleno 2013 tienen una actitud, esos gestos y movimientos que podrían pertenecer más a personajes de otro tiempo, de la bohemia y la vanguardia que ya no existe.

Haces muchos guiños al gentilicio argentino. Una de las protagonistas de tu película, Todas las canciones hablan de mí, lo es…

—Se debe básicamente a que tengo muchos amigos argentinos, hay muchos argentinos que vienen a mi país, coincido en clases con ellos, que pertenecen a esa primera generación del exilio. Me molesta particularmente que cuando han tenido que trabajar los actores argentinos aquí, les obligan a quitarse el acento, a fingir que son españoles, me parece triste que el cine se quede por detrás de la sociedad. Cuando tú caminas por Madrid la tonalidad argentina y otros acentos están en la calle. No lo busco, pero pretendo integrarlo sin prejuicios.

—Te sirves mucho de la reflexión sobre la muerte y en especial del suicidio.

—En realidad especulo con ese cliché, también para espantar los fantasmas que tenemos en un momento dado, de todo lo que es difícil hablar. Se pone sobre la mesa para despejarlo, para rebatirlo o burlarse. La muerte rondó una época, circunstancias familiares duras, como también la muerte de un amigo, el escritor Félix Romeo. La fuente principal es la de un escritor que se suicidó con 28 años, el mejor amigo de Félix, este chico dejó una serie de cuentos en un volumen que se llamó Todo sigue tranquilo, sobre ese magnetismo juvenil con la muerte. Chusé Izuel, su autor, escribía sobre personajes es los ventitantos que están rotos y no saben por qué, en una especie de limbo raro, y todo eso se me contagió.

—¿Las ilusiones no te generaba ninguna expectativa, siendo un libro que escribiste sin ánimos de publicar?

—Es un libro inconsciente. Hice cuestión de no reescribir una sola frase. Quité párrafos o determinadas cosas. La relación con un libro así es muy rara, normalmente cuando la gente me hace comentarios me choca mucho, intento no pensarlo, no darle importancia. Es poco frecuente por su brevedad, por su fragmentación.

—Es también un diario de prerodaje de tu película Los ilusos donde abogas por el cine no soñado.

—Formulo como muchas veces buscamos excusas para no hacer cine, para justificar que no hacemos determinadas películas, y no las hay. Cuidado con no soñar demasiado las películas. La mejor película posible es la que uno ha soñado, esa película siempre va a frustrar y condicionar a la que finalmente sí puedes hacer, que será una película con imperfecciones fruto de azares y encuentros, que me parece maravilloso. A mí me da miedo la película del sueño realizado a la perfección.

—¿Por qué la necesidad de hacer cine para ti viene de estar solo? Al mismo tiempo cuentas que cuando has tenido la necesidad de hacer cine, aunque estuvieses solo, estabas enamorado.

—Dice también Chusé Izuel que un artista puede ser sólo dos cosas, genio o enamorado, y que él sabía que no podía ser genio y el amor se le había escapado… Me gusta porque esa idea contiene la categoría de enamorado, que es en la que finalmente nos podemos situar todos. No sabría hacer lo que hago por simple oficio.

—¿Es importante no dejar de ser nunca un iluso?

—El término siempre lleva un sentido peyorativo. Aquí hablo del iluso por la ilusión de hacer algo, incluso un amigo me dijo que los ilusos son una especie de generadores de imágenes, cuando estamos por ejemplo sentados con amigos y se te ocurre algo que parece la mejor idea y una posibilidad real, la mayoría de las veces no se da o se borra, este libro de alguna manera busca demostrar eso.

— ¿Te cuesta decir de qué va el libro?

—Me apoyo en lo que me van diciendo unos y otros. Me quedo con uno que me dijo que era una novela de acción mental. Y es verdad, es una novela sobre una cabeza que da vueltas sobre los mismos asuntos.

Los ilusos suelen llenarse de teorías antes de hacer, y no terminan por hacer la ilusión.

—Claro, lo importante es hacer. En este mundo es divertido hablar de cosas que nos gustaría hacer, es mucho más fácil criticar.

—¿Esta experiencia te ha motivado a seguir publicando libros?

Ya veremos. Me impone mucho respeto el tema de los libros. No me considero escritor aunque me guste escribir a diario. Nunca he sido de cuentos, me gusta mucho narrar de otra manera, a través de apuntes. Pienso que me gustaría hacer algún tipo de libro menos narrativo, ojalá un día me salga una novela. Me veo más cerca de un tipo de ensayo, pequeño, modesto pero que concentre algo poderoso. Me gusta esa literatura breve, fragmentada, el ensayo-paseo que  abarcas de un solo golpe.

“El cine se hace de fragmentos”. ¿Y la literatura?

—También, de maneras muy distintas. Las palabras tienen la capacidad en un párrafo de convocar una imagen muy fuerte, mientras que el cine por defecto es lo contrario, es decir, la imagen está ahí, no puedes eludirla. A veces ese el problema del cine, su supuesta virtud hace que sea más exitoso y se consuma más que la literatura, hace que al espectador le resulte más cómodo, la imagen ya está hecha y la literatura la tiene que hacer. Por esta razón me gusta pensar en un cine que te empuje o anime a generar nuevas imágenes, de una tercera imagen que se forme el espectador. En la literatura un blanco entre dos párrafos es toda una declaración de intenciones.

 

@elreveron / elreveron@gmail.com

 

 

FICHA DEL LIBRO

Las ilusiones

Jonás Trueba

Periférica

España, 2013