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Humboldt en América

Alejandro de Humboldt

Alejandro de Humboldt

Lejos de envejecer, la figura de Alejandro de Humboldt parece renovarse de forma constante. Ensayos y estudios de las más diversas disciplinas, lo tienen como una referencia. En las últimos años a Humboldt se le reconoce un papel cada vez más relevante en la construcción de la modernidad. Además del texto del historiador Carlos Alarico Gómez, hemos conformado este dossier con un fragmento del estudio de Friedrich Welsch sobre Humboldt y Bolívar; varios fragmentos de “Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente”, del propio Humboldt, en la celebrada traducción de Lisandro Alvarado; un delicioso ensayo salido de la pluma incomparable de Luis Beltrán Guerrero; y, un texto de Narcisa García, sobre  la película “Araya”

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Alejandro de Humboldt vio la luz el 14 de septiembre de 1769 en Berlín, donde creció mostrando desde muy pequeño una constante inquietud por el conocimiento del mundo que lo rodeaba. Obtuvo su título universitario en la Escuela de Minas de Freiberg y al graduarse trabajó en el departamento de Minas del Gobierno del Káiser, cargo que abandonó al morir su madre en el año1796fecha en laque decidió llevar a cabo un proyecto de investigación científicaen la América del Sur, lo que hizoen compañía del francés Aimé Bonpland, con quien zarpó desdeLa Coruña el 5 de junio de 1799 a bordo de la corbeta de guerra Pizarro. Catorce días después hicieron escala en las islas Canarias donde organizaron una expedición para subir al cráter del volcán y una vez cumplida esa meta retomaron el rumbo hacia el Mar Caribe, arribando a Cumaná el 16 de julio de 1799 donde fueron recibidos por el gobernador Vicente de Emparan. Desde allí recorrieron la península de Araya, el valle de Caripe, la cueva del Guácharo y otros lugares del oriente venezolano, para luego partir hacia el puerto de La Guaira haciendo escala en Higuerote, donde Bonpland prefirió continuar su viaje por tierra. De su parte, Humboldt continuó su travesía en barco y descendió en La Guaira el 29 de noviembre.

Desde allí emprendió el ascenso en mula hacia Caracas por el Camino de Los Españoles, arribando a la capital de la Capitanía General de Venezuela en apenas tres horas. Caracas tenía entonces 40.000 habitantes. Allí se reencontró con Bonpland y juntos fueron recibidos por el capitán general Manuel de Guevara y Vasconcelos, quien se ocupó de atenderlos. Durante la cena que ofreció en su honor aprovechó para referirles el problema que se había presentado a raíz de la insurrección de Manuel Gual y José María España, el último de los cuales había sido ejecutado en la Plaza Mayor de Caracas el 8 de mayo de ese mismo año.

Humboldt y Bonpland se dedicaron entonces a explorar la ciudad y el 2 de enero de 1800 ascendieron al cerro El Ávila en compañía de Andrés Bello, con quien trabaron una grata amistad que se extendió por el tiempo. Luego visitaron Antímano y sus alrededores, siguiendo hacia los Valles del Tuy. Una vez completado ese periplo reanudaron su recorrido por una vía que les permitió conocerLa Victoria, Maracay, Valencia, Las Trincheras y Puerto Cabello. En este último lugar decidieron descansar para recuperar sus fuerzas antes de seguir rumbo a los Llanos y Guayana.

Al llegar al Amazonas se quedaron extasiados contemplando el Casiquiare, vía fluvial que comunica la cuenca del Orinoco con la del Amazonas. A través de ese río llegaron a San Carlos de Río Negro, para retomar su rumbo hacia Angostura,Barcelona y Cumaná, donde terminaron su recorrido por el territorio de la Capitanía General de Venezuela. En esa expedición se ocuparon del estudio de los recursos naturales, así como de la observación directa de los fenómenos físicos y de las costumbres de las diferentes etnias que integraban el territorio venezolano. Bonpland fue el encargado de recolectar las plantas, desconocidas en su mayor parte por la ciencia de la época. Fue el principal colaborador de Humboldt en la redacción de sus investigaciones posteriormente expuestas en su obra “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente”.

En marzo de 1801 Humboldt y Bonpland regresaron a Sudamérica atracando en Cartagena de Indias, debido a una tormenta que obligó al capitán del barco a desviarse hacia ese puerto, donde entraron en contacto con el sabio José Ignacio de Pombo, quien les narró las investigaciones que estaba haciendo el sacerdote José Celestino Mutis en la “Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada”. Esa noticia los motivó a cambiar sus planes originales y dirigirse a Bogotá. A la llegada a Cartagena fueron atendidos por el gobernador Anastasio de Zejudo, quien le escribió al virrey el 10 de abril de 1801 informándole que: “En vista de lo que Su Majestad me dice que le entregué su pasaporte corriente al prusiano Barón de Humboldt, le he dado permiso para presentarse á Vuestra merced”.

La llegada de Humboldt a Bogotá fue exitosa, hasta el punto de que el arzobispo le envió una carroza escoltada por más de sesenta personas montadas a caballo. El virrey Pedro de Mendinueta los invitó a su residencia campestre de Fucha, donde el padre José Celestino Mutis había mandado habilitar para Humboldt una casa cercana a la suya. El sacerdote resultó ser un científico de primer orden, que le reveló que el rey le pagaba diez mil duros anuales por la Expedición, lo que le había permitido elaborarcerca de tres mil dibujos. Humboldt se sintió feliz. Había ido a Santa Fe de Bogotá justamente con el propósito de comparar sus colecciones con las del padre Mutis y se mostró gratamente sorprendido de la excelencia del trabajo realizado por éste con la ayuda de sus herbolarios y pintores.

Después de su visita a la capital del Reino de la Nueva Granada cruzó el altiplano andino y llegó hasta Quito, sede de la Real Audiencia, donde fue recibido en 1802 por Juan Pío de Montúfar, marqués de Selva Alegre, con quien realizó varias ascensiones a los Andes ecuatorianos, entre ellos al Chimborazo, el nevado más alto del Ecuador. Con el hijo del marqués también subió al volcán Cayambe y recorrió la Sierra para recolectar plantas. Lo impresionaron sobremanera las ruinas incaicas, como el Castillo de Ingapirca en la provincia del Cañar y el ascenso al volcán Pichincha, monte tutelar de Quito. En esa ocasión se alojó en la residencia palaciega del marqués de Maenza, en las cercanías del volcán Cotopaxi y de la ciudad de Latacunga. Carlos de Montúfar llevó un diario del viaje durante todo el trayecto por América del Sur. Luego viajó con Humboldt hasta París en donde se separaron debido a que el joven quiteño tenía previsto estudiar en España.

En su tercer viaje a América llegó a México y en seguida viajó a Chilpancingo y Taxco hasta llegar a Ciudad de México el 12 de abril de 1803, donde logró descifrar el calendario azteca o Piedra del Sol que fue desenterrado en la Plaza Mayor. Además, hizo varias excursiones a las minas de Pachuca, Real del Monte, Morán y Guanajuato y a los alcantarillados de Huehuetoca. El 19 de septiembre de 1803 escaló la cumbre del Jorullo en el estado de Michoacán. Sus relatos sobre este volcán se difundieron rápidamente en Europa y atrajeron numerosos investigadores y turistas que deseaban experimentar lo descrito por Humboldt. El Jorullo se convirtió entonces en el volcán más conocido entre los científicos. El 20 de enero de 1804 el científico alemán fue a Veracruz para medir el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. La medición de esos volcanes era una evidente prioridad de su viaje, en particular el Pico de Orizaba, que tiene una gran importancia para los navegantes que se acercan a la costa mexicana. El 7 de marzo continuó hacia La Habana, adonde llegó el 19 de marzo de 1804. Las Antillas ocuparon un lugar especial en Humboldt, que las visualizó como una frontera entre las Américas y como un lazo de unión con Europa. Llegó a considerarlas como un microcosmos en el que los más disímiles fenómenos observados parecían sintetizarse y coexistir. Es considerado el "segundo descubridor" de la isla después de Colón.

Alejandro de Humboldt terminó este segundo viaje por América con una visita a Estados Unidos, donde fue huésped del presidente Thomas Jefferson al que le regaló su "Mapa de la Nueva España", que publicó posteriormente con el título "Ensayo Político de la Nueva España" (1811). En ese momento ya era considerado un gran científico y su visita fue aprovechada por el presidente Jefferson para sondear las ideas de su huésped acerca de los límites estadounidenses con relación a los ríos Sabina o Grande y un canal interoceánico y le ordenó al Secretario del Tesoro, Albert Gallatin hacer copias de los mapas y otros materiales del científico.

En agosto de 1804 Humboldt regresó a París donde fue recibido por diez mil personas que le dieron muestras de gran admiración. En esta ocasión tuvo la oportunidad de presenciar la coronación de Napoleón en diciembre de 1804 y de conocer a Simón Bolívar en los salones de Fanny du Villar. Más tarde conocería a Miranda en Londres. Permaneció en la capital de Francia hasta 1827. Humboldt y Bonpland publicaron varias obras de manera conjunta, la más importante de las cuales fue el Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, escrita entre 1799-1804y editada en París en 1807. Uno de los hallazgos que reportan en esa obra es el estudio sobre el vulcanismo y su relación con la evolución de la corteza terrestre, así como la diferencia de temperaturas del Océano Pacífico en determinadas épocas del año, especialmente las aguas frías que provienen desde el sur del continente americano en su desplazamiento hasta el norte, pasando por la costa peruana. A partir de entonces esa corriente oceánica comenzó a llamarse “Corriente Humboldt”.

Humboldt es considerado el padre de la Geografía Moderna Universal y se le respeta como uno de los especialistas más importantes de todos los tiempos en el campo de la etnografía, antropología, física, zoología, ornitología, climatología, oceanografía, astronomía, geografía, geología, mineralogía, botánica y vulcanología. En 1859 hizo su último viaje a América, pero la travesía lo dejó totalmente agotado y a las pocas semanas tuvo que regresar a Europa y exhaló su último aliento en su castillo de Tegel el 6 de mayo de 1859.