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“Homero o Rabelais lo sabían todo: Nosotros, ya ves, no sabemos nada”

El escritor Enrique Vila-Matas / Foto de Lisbeth Salas

El escritor Enrique Vila-Matas / Foto de Lisbeth Salas

Se editó en España Fuera de aquí, la traducción y adaptación del libro que recoge las conversaciones entre el escritor Enrique Vila-Matas y  el crítico francés André Gabastou, traductor de toda su obra. En palabras del propio Vila-Matas, el volumen contiene una “historia de su estilo”

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Enrique Vila-Matas podría ser cualquiera de sus personajes. Todo en sus movimientos parece ensayado, una puesta en escena a mitad de camino entre lo literario y lo paródico. Deliberadamente irónico en todo cuanto dice, parece que Vila-Matas (España, 1948) –como sus protagonistas– desaparecerá en el momento menos pensando. Y si ya una conversación con el novelista y Caballero de la orden del Finnegans resulta difícil en persona –esa sensación de tomadura de pelo, de frase con dobleces–, por correo electrónico –como es el caso– no puede ser más desconcertante.

Su escritura se ha construido sobre libros como Historia abreviada de la literatura portátil, un libro “de ficción radical” –que causó furor en una determinada corte literaria– y luego en tres títulos a los que su ex editor, Jorge Herralde, se refiere como “la catedral metaliteraria”: Bartleby y compañía (Anagrama, 2001), en la que el narrador se revela como un individuo a la caza de escritores que no escriben; El mal de Montano (Anagrama, 2002), con una operación similar, aunque invertida: la de los escritores que escriben sin parar, y Doctor Pasavento (Anagrama, 2006), una historia en la que un hombre sigue la pista de un escritor obsesionado con la idea de desaparecer –Robert Walser recorre la historia como un alma en pena. Hace unos años, travistiéndose en la figura del editor, insufló en Dublinesca (Seix Barral, 2010) –la novela que antecede a Aires de Dylan (Seix Barral, 2011)– esa obsesión por el desvanecimiento que recorre toda su literatura.

Ahora, se edita en España Fuera de aquí, la traducción y adaptación del libro que recoge sus conversaciones con el crítico André Gabastou –quien ha traducido al francés todos los libros– y que apareció en 2010 en Francia con el título de Vila-Matas, pile et FACE Reencontreavec André Gabastou (Argol Éditions). Ampliado y convenientemente actualizado por sus autores, Fuera de aquí incorpora textos no publicados y que arrojan luz sobre una obra tan esquiva como circular, que devuelve siempre al mismo punto.

En la estela de Marcel Duchamp –también fetiche vilamatiano–, que legó un extraordinario volumen de conversaciones, en Fuera de aquí, Vila-Matas, incitado por su traductor al francés y amigo, repasa el anecdotario que se esconde detrás de cada uno de sus libros y traza una inimitable panorámica de su obra: desde sus narraciones juveniles hasta su producción última aún pendiente de publicarse. Es, según el propio Vila-Matas, una historia de su estilo. Sobre este volumen –o sus cuestiones más esenciales– no habla Vila-Matas en esta entrevista en la que pone en marcha, una vez más su raro juego –que no es ni metaliterario ni mucho menos– de ocultaciones y dobleces.

—Las conversaciones con André Gabastou tienen como hilo conductor a Duchamp. A usted que tanto le gustan las desapariciones, ¿no se nos irá a retirar para jugar ajedrez?
—Una vez, cuando yo tenía 7 años, gané al ajedrez al hombre que acababa de comprar por un precio ridículo la gran finca de uno de mis bisabuelos. La satisfacción de mi familia por aquella venganza infantil fue tan grande que pienso que nunca he alcanzado un triunfo mayor que aquel día.
—Hablando en serio. En la edición española del libro sorprende leer su opinión sobre Bartleby y compañía, al decir que no es una historia sobre escritores que dejaron de escribir sino de personas que dejaron de vivir…
—A todo el mundo acaba pasándole eso: que vive y luego deja de vivir. No trataba en Bartleby y compañía de hablar únicamente de escritores, sino de escritores y, al mismo tiempo, de toda la demás gente que, sin necesidad de dedicarse a escribir, termina por no hacer nada (eso ocurre desde la noche más profunda de la humanidad), termina absolutamente “bartleby” y perdida; desaparecida, si usted quiere.
—Fuera de aquí, ¿autobiografía conversada o compartida?
—Conversaciones –a fin de cuentas– con el traductor francés, con Gabastou, que fue quien estructuró el libro de modo que este contara, no mi autobiografía de escritor y la crónica de mis aventuras, sino la historia de mi estilo.
—Hablemos de la nueva novela de Eduardo. Una obra literaria que reflexiona sobre sí misma a la vez que ocurre. Algo que usted hace. ¿Cuál debería ser la evolución natural de ese mecanismo?
—La sucesión cada vez más perfecta entre sucesos y pensamientos.
—Perdone que insista. El libro de Lago, Siempre supe que volvería a verte Aurora Lee, me pareció muy vilamatiano por el peso de la desaparición. ¿No será esto un complot suyo?
—El libro de Eduardo Lago es un gran libro, del que aún no conocemos sus consecuencias, pero creo poder ya ir intuyéndolas: lleva a la metaliteratura a tal extremo que acaba con ella.
—Volvamos a lo que nos ocupa: el  libro. ¿La versión española tiene un título completamente distinto? ¿Hay intenciones diferentes…? ¿Cuáles?
—Simplemente, Fuera de aquí es la traducción y adaptación del libro de conversaciones entre André Gabastou y Enrique Vila-Matas aparecido en 2010 en Francia. Ampliado y convenientemente actualizado por Gabastou y por mí. La versión española incluye, además, inéditos míos no publicados nunca en libro, nuevas preguntas de Gabastou y, por supuesto, nuevas respuestas.
—En fin… hace unos años, cuando publicó Exploradores del abismo, decía usted que se trataba de una excusa para aparentar ser “una persona normal” después de su ataque al corazón. ¿Qué tal le fue?
—Nunca tuve un ataque al corazón, sino insuficiencia renal.
—Lo siento, por el error.
—Y el episodio al que usted se refiere hay que centrarlo en un cuento de ese libro, La gota gorda, donde me río de un tonto que me acusó de no incluir hígado y sangre en mis historias.
—Le he escuchado decir que cuando Doctor Pasavento se había arrepentido de todo lo que había hecho y que quiso dar un giro a la sencillez. ¿Lo hizo realmente?
—Lo diría en tono irónico, supongo. Doctor Pasavento era, entre otras muchas cosas, un libro que comentaba narrativamente eso de lo que ahora tanto hablamos: la desaparición de la literatura. Los tontos que no lo entendieron en su momento siguen en su patatal de siempre.
—Lo más característico de sus libros –en todos, no hay uno donde no ocurra– es la arbitrariedad con la que ocurren las cosas. Desaparecen personas, ocurren situaciones delirantes, sólo porque el narrador así lo desea… Y no sé si lo suyo es arbitrariedad o libertad. ¿Acaso interesa?
–No es arbitrariedad, en todo caso sería libertad. A fin de cuentas, en una narración puede ocurrir de todo y, si uno tiene cierto control sobre lo que se escribe, basta con una línea bien ajustada para hacer verosímil lo que, mal expuesto, podría ser desastrosamente increíble.
—Enrique Vila-Matas podría ser cualquiera de sus personajes. Él mismo, el mejor de todos, el más vilamatiano… ¿No?
—Le vi ayer, parecía francés. Me dijo que a nosotros, los escritores, nos falta tuétano. Le pregunté qué quería decirme con esto. Rió. Me dijo: los libros de los que han nacido literaturas enteras, como Homero o Rabelais, fueron enciclopedias de su tiempo. Esa buena gente, añadió, lo sabía todo mientras que nosotros, ya ves, no sabemos nada.