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Híbrida, libre y asociada

Rosario Ferré / Foto La República

Rosario Ferré / Foto La República

“La señora Ferré publicó decenas de libros de prosa de ficción en los que narró, desde su experiencia y con un estilo depurado y agudo, la vida y los entresijos de la alta sociedad puertorriqueña a la que pertenecía su familia”

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A los rigores del duelo universal por las muertes de Umberto Eco y de Harper Lee, América Latina ha tenido que asumir también la pérdida de la poeta, ensayista, narradora, periodista y animadora cultural Rosario Ferré, la intelectual más importante de la literatura contemporánea de Puerto Rico.

Había nacido en la ciudad de Ponce, en 1938, y comenzó a publicar poemas y reseñas a los 14 años en el diario El Nuevo Día, fundado por su padre. Estudió en Estados Unidos y, en la década del 70, regresó a San Juan y realizó una maestría en español y en asuntos latinoamericanos. Por esa fecha fundó la revista Zona de Carga y Descarga para dar a conocer a los nuevos autores del país y defender el movimiento independentista. Por lo que dicen sus biógrafos, siguió interesada en publicar a los más jóvenes, pero con relación a la independencia de la isla, cambió de idea.

La señora Ferré publicó decenas de libros de prosa de ficción en los que narró, desde su experiencia y con un estilo depurado y agudo, la vida y los entresijos de la alta sociedad puertorriqueña a la que pertenecía su familia. Entre los libros más destacados de esta zona de su trabajo literario están La casa de la laguna, La batalla de las vírgenes, Papeles de Pandora y El cuento envenenado.

Comenzó su larga incursión en las letras con unos versos aislados en un periódico y llegó a publicar cinco libros de poemas. El último, titulado Fisuras, salió de la imprenta en 2006, cuando ya tenía en las librerías Duelo del lenguaje, Las dos Venecias, Fábulas de la garza desangrada y una antología con una selección de su obra poética.

La escritora, una defensora tenaz del uso del idioma español en Puerto Rico, se destacó también por sus libros dedicados a los niños y los adolescentes y era una especialista en la literatura de algunos de los más importantes autores de su continente.

Esta semana, la mexicana Elena Poniatowska recordaba que “Julieta Campos y yo la considerábamos la mejor escritora latinoamericana. Todavía hoy, su libro Papeles de Pandora, publicado en México por Joaquín Mortiz, lo demuestra, como lo demuestran sus ensayos sobre Liliam Hellman, Lezama Lima, George Sand, Anaïs Nin, Cortázar, Borges, Felisberto Hernández sobre quien preparó su tesis de doctorado”.

Ferré dijo hace años en una conferencia que escribía porque le tenía más miedo al silencio que a la palabra y, además, nunca sabía a ciencia cierta lo que pensaba hasta que no lo veía escrito en una hoja. “He tenido muchas vidas”, añadió, “y en todas mis vidas he tratado de hacer una cosa fundamental: devolverle al puertorriqueño su respeto a sí mismo”.

Con franqueza, coraje y un poco de humor para matizar, la escritora explicó en una polémica columna publicada en The New York Times su visión sobre el complejo asunto de ser ciudadano de un Estado libre asociado a su poderoso vecino del norte: “Como escritora puertorriqueña, constantemente me enfrento al problema de la doble identidad. Cuando viajo a Estados Unidos soy una latina como Chita Rivera. Pero en América Latina me siento más norteamericana que John Wayne. Ser puertorriqueño es ser un híbrido, nuestras dos mitades son inseparables, no podemos prescindir de una sin sentirnos mutilados”.

Madrid, 27 de febrero de 2016