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Hernán Toro. Una dama blanca cuyo nombre es Luz

Fotografía tomada de Internet

Fotografía tomada de Internet

"Mariza Bafile entrevista al director de fotografía Hernán Toro en su Serie Artistas Venezolanos en Nueva York. Nos devela a un artista que "viaja por el mundo con su luz adentro, esa que lo encandiló de niño"

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Es una pasión profunda la que siente por ella Hernán Toro, exitoso director de fotografía venezolano que vive en Nueva York. La conoció de niño y le juró amor eterno. Merecedora de tan inquebrantable dedición es una dama blanca cuyo nombre es Luz.

Tenía entre cinco y seis años cuando la descubrió midiendo su esplendor a través de un fotómetro que, por primera vez, puso en sus manos el padre, ingeniero civil con afán de cineasta. “Papá tenía una cámara de 16mm con la cual hacía pequeñas películas familiares, las hacía con esmero, les ponía títulos, efectos y yo seguía cada uno de sus gestos y lo ayudaba como podía”. A testimonio, la imagen de un niño estudiando un fotómetro en una foto cuyos colores se han ido endulzando con el tiempo y que Hernán nos muestra con la nostalgia de los recuerdos gratos. A esa edad descubre también la magia del cine a través de las películas de media noche en blanco y negro que comparte en secreto con su abuela.

Al terminar su bachillerato no hay dudas, quiere ser cineasta. Estudia en la Escuela de Publicidad y Cine que recién había inaugurado el Instituto Universitario y aplica para un master en Inglaterra que puede cursar gracias al Plan Gran Mariscal de Ayacucho. Será en Londres donde consolida sus estudios y conocimientos y, al regresar a Venezuela, da rienda suelta a su imaginación.

Rendido al amor por la luz, empieza a jugar con ella y a producir fotos y videos. En ese tiempo de fervor creativo en Venezuela, sus sueños se entrecruzan con los de otros cineastas y Hernán Toro cura la fotografía de documentales, cortometrajes y largometrajes. Trabaja con los más destacados directores de cine venezolano. Oscar Lucién, Carlos Oteyza, Anzola, Marilda Vera, Fernando Venturini, Alejandro Saderman, José Ramón Novoa, Olegario Barrera y muchos otros confían en la profesionalidad de Toro para iluminar sus historias.

Paralelamente trabaja en publicidad, industria que en Venezuela era muy próspera y activa, y que Hernán ama al igual que el cine. “Los comerciales son un gran reto y un tremendo ejercicio porque tienes que contar una historia en no más de 30 segundos. Es un trabajo que exige mucha profesionalidad y es un gran ejercicio de lenguaje. Aprendes la síntesis y acumulas experiencia porque tienes que filmar a toda hora, en cualquier circunstancia y bajo todas las condiciones meteorológicas.”

Hernán Toro cruza la frontera de Venezuela gracias a la publicidad. Muchas productoras latinoamericanas y norteamericanas lo llaman para realizar sus comerciales y una de las norteamericanas le ofrece trabajo y visa con tal de poder contar con su profesionalidad.

Años de experiencia se acumulan sin nunca transformar en cansancio un oficio que Hernán sigue ejerciendo con un entusiasmo que no conoce el deterioro del tiempo. Sus ojos se iluminan de una luz amada cuando nos habla de suprofesión. Y así vamos descubriendo que detrás de un comercial de champú hay uno de los más sutiles trabajos de fotografía “porque de nada sirve tener a una linda modelo si no sabes iluminarla”. Nos devela los secretos que encierran algunas tomas para las cuales, con travesuras de enamorado, ha ido jugando con la luz, rompiendo reglas y creando efectos de particular belleza.

Hernán viaja por el mundo con su luz adentro, esa que lo encandiló de niño. Gracias a ella ha logrado efectos sorprendentes aún en ciudades como Londres donde la luz es una caricia suave que desconoce el atrevimientodel trópico.

Sus días, así como sus sueños nocturnos están condicionados por esa dama blanca que se llama Luz. Luz que habla, acaricia, regaña, encandila y se esconde para que el deseo nunca se apague. A ella ofrece horas y horas de fiel dedicación. “Lo primero que veo en un lugar es la luz, paso días enteros estudiando pinturas de 1500, 1600, años en los cuales la única luz que existía era la natural y con esa los grandes maestros nos contaban historias y sentimientos. Observo todos los matices y pienso en la alegría que deben haber sentido los artistas cuando descubrieron pigmentos que podían salir de sus talleres sin que se secaran. Antes solamente podían pintar en sus estudios y ese cambio debe haber sido para ellos lo que fueron para nosotros, las primeras cámaras que en los años 40, 50 se volvieron más pequeñas y permitieron filmar en locaciones.”

Durante muchos años ha vuelto a Venezuela para realizar trabajos tanto de cine como de publicidad. “En los últimos tiempos, el trabajo de publicidad ha disminuido muchísimo y es muy doloroso ver el deterioro del país que es mayor cada vez que vuelvo. Eso sin hablar del vacío que dejan los amigos que se van. Regreso con la ilusión de saludarlos y descubro que están esparcidos por el mundo. Yo tengo a un hermano en España que no veo desde hace muchos años. Son heridas personales y una gran pérdida para Venezuela porque salen personas preparadas, valiosos profesionales, jóvenes con gran talento y creatividad. Ojalá logremos un día tener otra vez un país al que regresar-.

La luz de unos de esos atardeceres infinitos que caracterizan la primavera inunda el café de la librería en la que estamos sentados.

—Hernán ilumíname una escena que hable de Venezuela

Baila en sus ojos la travesura de los sueños de luz. “Es la luz de tarde, luz de mis momentos favoritos. Entra por las ventanas con fuerza, rabiosa se cola debajo de la puerta, es una luz brillante que deja todo bien contrastado y delineado. Es una luz hermosa que llega tras haberse perdido entre el verde del Ávila que la restituye, pero solo en parte y matizada.” “En fín –sonríe –es la luz de mis recuerdos.”