• Caracas (Venezuela)

Papel literario

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Habla Albor Rodríguez

"Pero siempre, en algún momento, nos encontramos con la desalentadora pregunta: ¿Y dónde podemos publicar crónicas como estas? A lo cual nosotros respondemos: 'Hazlo e insiste, hazlo bien, y conseguirás el espacio'. Y como sabemos que pueden no conseguir ese espacio, les proponemos que piensen en otros espacios: las revistas digitales y los libros"

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—En su percepción, las escuelas de comunicación social del país, ¿están formando periodistas con buenas capacidades narrativas?

—Es difícil saber si el desempeño o los intereses de un periodista son moldeados en la universidad, el medio para el cual trabaja, su entorno familiar o son producto de su propia personalidad. En todos estos años me he encontrado con periodistas muy jóvenes con un interés especial por el periodismo narrativo, ávidos lectores de crónicas, y resulta que vienen de familias de padres humanistas, un profesor en particular durante la carrera los guió en ese sentido o tuvieron la suerte de encontrarse, ya en el campo de trabajo, con un buen editor que les sirviera de mentor o inspirador. Y aun así, conozco periodistas que han tenido todo eso y sencillamente no les interesa; no hacen otra cosa que ejercer a pie juntillas el periodismo informativo. Cuando estudié comunicación social, en los años 90, no recibí formación específica en periodismo narrativo. Desconozco si esto ha cambiado y no me atrevo a decir que no solo por los periodistas jóvenes que voy encontrándome en el camino. Como digo, son varios los factores que influyen. La universidad es apenas el comienzo de todo. Luego están los talleres y seminarios, el trabajo en los medios, las lecturas, la familia. Estoy convencida de que el instinto de narrar está en todos; lo que falta es que alguien te anime a hacerlo, te ayude a descubrir la maravilla de las buenas historias, y ese alguien puede estar en cualquier parte.

—Comparado con otros países de América Latina o con España, ¿dónde está situado el periodismo con fundamento narrativo en Venezuela? ¿Le interesa a los medios de comunicación venezolanos?

—Respondo esta pregunta con temor a herir a quienes denodadamente han cultivado el periodismo narrativo o han tratado de darles formas más amigables al periodismo informativo, pero creo que en una comparación como esa no quedamos muy bien parados. Hay, claro que sí, periodistas destacables, que no me animo a nombrar porque sé que me faltarán unos cuantos, pero su densidad poblacional aún sigue siendo baja. Yo se lo atribuyo a la carencia de un mercado de revistas y periódicos con músculo financiero. No es casual que Argentina, Colombia o México, hayan sido por siempre en América Latina cunas de cronistas, porque allí editan revistas, venden revistas y leen revistas. Por otra parte, y no es que me guste abonar el terreno de la prédica anti-medios, en las últimas tres décadas han sido aisladas y poco duraderas las apuestas de nuestros periódicos por brindarle espacio al periodismo narrativo, empeñados, en su mayoría, en competir con la política del “decirlo primero” y dejarse llevar por el estigma del periodismo narrativo como costoso en uso de papel y de tiempo. Muchos periodistas entran en esa dinámica y entonces la falta de atrevimiento se perpetúa.

—¿En qué consiste la vigencia del periodismo narrativo en nuestros tiempos? ¿Es acaso un periodismo destinado a los libros?

—Es curioso, pero el periodismo de investigación, que también demanda tiempo y espacio, sí ha recibido impulso en nuestros periódicos. Se han formado con relativo éxito unidades de investigación y, al menos los domingos, se les asegura un espacio sobre todo a reportajes informativos, algunos de ellos escritos con cierta soltura. Esto para mí revela que en nuestra cultura periodística se valoran más los datos, las revelaciones, la información dura. Y claro que esto es necesario, pero ¿cuánto no ganaríamos como sociedad si ofreciéramos además textos con afán narrativo, con la voz y la mirada del periodista sobre la realidad? En realidades tan complejas como las que vivimos en Venezuela, el periodismo narrativo tiene toda la vigencia del mundo. Más aun en una sociedad en la que está adquiriendo tanto peso todo lo que circula en la red y, al día siguiente, ya todo se sabe. Los periódicos, sin embargo, parecen más interesados en solo informar y, si a esto le sumamos la terrible crisis del papel y el cerco informativo que ejerce el gobierno, todo es más angustioso todavía. En el seminario que organiza Cigarrera Bigott todos los años, les insistimos mucho a los periodistas que el periodismo narrativo no está reñido con la tarea de informar o de revelar realidades. Pero siempre, en algún momento, nos encontramos con la desalentadora pregunta: ¿Y dónde podemos publicar crónicas como estas? A lo cual nosotros respondemos: “Hazlo e insiste, hazlo bien, y conseguirás el espacio”. Y como sabemos que pueden no conseguir ese espacio, les proponemos que piensen en otros espacios: las revistas digitales y los libros.  Pareciera, entonces, que sí, que el narrativo es un periodismo destinado a los libros o a las revistas digitales. Por fortuna cada vez hay más periodistas animándose a escribir libros.

 —¿Podría explicar de qué manera investigación y periodismo narrativo se alimentan? ¿Hay alguna relación entre ambos?

—Definitivamente. La base de una buena historia es el reporterismo. Justamente para demostrar que el periodismo narrativo no está reñido con la tarea de informar o de revelar realidades, en el seminario exigimos que la crónica que van a trabajar los participantes sea producto de un reporterismo lo más sólido posible y que trate de un tema socialmente relevante, de utilidad pública. Eso que podríamos llamar crónica de autor, crónicas literarias (donde tiene cabida la ficción) o crónicas que deriven solo de la contemplación, están fuera del radar del seminario. Y es por eso: porque creemos que, aún dentro de los linderos del periodismo informativo, es posible narrar, interpretar, mostrar. Luego vendrá la lucha para convencer al editor de que nos permita hacerlo, pero claro que es posible. En general, los participantes trabajan en temas que han cubierto para sus medios o que habían deseado desarrollar y no habían podido hacerlo, pero siempre dentro de esos parámetros. Esto nos permite demostrarles que sí pueden escribir una crónica con cierto vuelo en apenas tres o cuatro días y que la realidad, esa misma realidad que cubren todos los días, se puede contar de otra forma. 

 —¿Cómo se ubica el periodismo narrativo en relación a fenómenos como la polarización?

—No lo había pensado, pero los fundamentos del periodismo narrativo se oponen al discurso maniqueo que sostiene la diabólica estructura de la polarización. La realidad está llena de matices y el periodista narrativo pretende contar la realidad con cierta profundidad, atendiendo sus matices y complejidades. Además, las personas son personajes, no son solo representantes de una tendencia. Por último, el reporterismo no busca las opiniones de las personas (objetivo central del periodismo informativo), sino sus recuerdos, su manera de entender el mundo, sus experiencias, su talante. Todo conduce a lo mismo: hay que hacer periodismo narrativo. Hay que contar, interpretar, mostrar.