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Guardar para siempre el tiempo

Tramas (1948) Cementerio de los Hijos de Dios, Caracas

Tramas (1948) Cementerio de los Hijos de Dios, Caracas

Para el maestro Carlos Cruz-Diez la fotografía ha sido una herramienta con la cual obtenía referencias necesarias que luego vertería en sus investigaciones y propuestas en torno al color

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Nuevamente el lenguaje visual venezolano se enriquece con el arte del maestro Carlos Cruz-Diez. En esta ocasión se puede ver su trabajo fotográfico, inédito, en los espacios de la Fundación BBVA Provincial, en Caracas. La exposición Cruz-Diez. En blanco y negro, curada por Edgar Cherubini Lecuna, reúne parte de lo el artista realizó entre 1946 y 1965. 

Para el maestro Carlos Cruz-Diez la fotografía ha sido una herramienta con la cual obtenía referencias necesarias que luego vertería en sus investigaciones y propuestas en torno al color. De allí que esta faceta del maestro era, hasta hoy, desconocida. Por un tiempo concibió las fotos como referencias. “La fotografía me sirvió como herramienta auxiliar para estructurar mi discurso plástico. Necesitaba recopilar testimonios que respaldaran mi pretendida denuncia sobre la injusticia social en mi país. También la utilicé para registrar la riqueza de nuestro folclore. Sin embargo, no le otorgué importancia de discurso, creía más en la fuerza del mensaje expresado en la pintura”.

Desde pequeño le fascinó la fotografía pues multiplicaba la imagen como acto de magia. De joven fabricó su propia “cámara minutera” y con ella realizó muchas fotos, algunas de las cuales aún conserva. Desde entonces la fotografía ha sido su compañera de viaje y trayectoria. Pero en el espacio público apenas ciertas menciones reflejaban esta faceta del maestro pues sólo era asociada al trabajo gráfico que realizó en sus inicios en la prensa local.

Afirmaba Leonardo Da Vinci que el ojo es la ventana del alma, siendo además la mejor vía a través de la cual el sentido común podía considerar [aprehender] las infinitas obras de la naturaleza. Del renacimiento italiano a la modernidad venezolana, la fotografía de Carlos Cruz-Diez recuerda que Leonardo fue atinado en su afirmación. Las imágenes en blanco y negro de Cruz-Diez demuestran una genuina capacidad que tiene de aprehender sus entornos pero también constituyen ese método secreto con el cual logró guardar para siempre el tiempo.

Estas piezas quedan como representaciones de un tiempo en Venezuela que sus ojos vieron; de una cultura y tradición de mediados del siglo XX que Carlos Cruz-Diez conoció y vivió. Gracias a estas piezas tenemos otras posibilidades visuales de nuestro país de aquella época. Interés por multiplicar la imagen, por estudiar los ángulos, por geometrizar lo expuesto y por alterar las percepciones. Por ejemplo en Tramas (1948) se observa dos murallas del Cementerio de los Hijos de Dios en Caracas. Es casi una fortaleza cercada por estas dos murallas, una contrapuesta a la otra, cada una coronada por grandes árboles, uno más profuso que el otro y, sin embargo, dan equilibro a la composición. La naturaleza se ha equiparado con el lenguaje arquitectónico, eso no lo perdió de vista la lente de Cruz-Diez. A su vez, la  ubicación en serie de los arcos de medio punto que conforman cada muralla geometrizan la serie.

Escarbó en esencias humanas tras brindar retratos invaluables. Personajes como Alejandro Otero, quien aparece jugando con unos niños entre gigantescas rocas; Jesús Soto, de joven, ataviado con traje, sombrero y cigarrillo; o Alfredo Sadel, con su peculiar y vivaz sonrisa, son imágenes subliman la mirada. Extraños encuadres, ángulos inesperados, el blanco y el negro versus el cromatismo, hablan de la particular manera de mirar del maestro venezolano Carlos Cruz-Diez, de su alma, de ese método especial de guardar el tiempo y que encubrió en secreto.

@grisarvelaez