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Gego, afín a la poesía

Gego y sus Reticuláreas (1969) / Cortesía Fundación Gego.

Gego y sus Reticuláreas (1969) / Cortesía Fundación Gego.

Line as object. Este es el título y punto de partida de la primera exhibición individual en Alemania e Inglaterra

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Conciliador, además de sempiterno, es el adentrarse en el universo de sus Reticuláreas y, mucho más, dejarse seducir por sus transparencias. Constatar que entre las estructuras modulares y sus sistemas de enlace existe un espacio indestructible. Afín a la poesía. Esto es la obra artística de Gego (Hamburgo 1912-Caracas 1994). Arquitecto egresada en 1938 de la célebre –y en su tiempo la más rigurosa– Escuela Técnica de Stuttgart. Gertrud Goldschmidt (Gego) emigra a Venezuela en 1939, huyendo del régimen nazi. En nuestro país cristaliza su anhelo de juntar miradas transeúntes, pedazos de aire respirable, cercanías y lejanías, mediante su trabajo constructivo, ligero y transparente.

En 1953, en Tarma, pueblo de montaña del litoral central, comienza a experimentar con la línea como medio artístico, aprovechando su cualidad sensual. Descubre la claridad entre las sombras. Su pasión por la investigación y la experimentación, adecuando estas a la realidad humana, a lo artesanal y emocional, desemboca, paulatinamente, en una prodigiosa obra creativa. Gego desarrolla un lenguaje artístico que supera el aspecto constructivista del arte moderno para plantear la posibilidad de la expansión orgánica, diáfana e ingrávida, a través de la línea. Aunque asume la idea del arte contemporáneo, concibiendo la obra de arte a partir de un ángulo irreverente y transgresor, su inquietud tiene un tono más íntimo. Sus estructuras lineales evidencian la transparencia de nuestros vínculos, la atractiva levedad de existir. Su obra congenia con el infinito transparente, pero sin perder de vista las conexiones entre las cosas y, mucho menos, ¡el humor! Aquí radica, en mi opinión, lo innovador de esta artista. De allí que Gego se sirve de la “línea como objeto para jugar con el”.

Line as object. Este es el título y punto de partida de la primera exhibición individual de Gego en Alemania e Inglaterra. Dicha muestra –síntesis de cinco décadas de su trayectoria artística– fue organizada conjuntamente por tres prestigiosos museos: Hamburger Kunsthalle, Kunstmuseum Stuttgart y el Instituto Henry Moore, en Leeds, Inglaterra. La Fundación Gego de Caracas, imprescindible en la realización de este magno proyecto expositivo, conmemora, así, el centenario de la artista. El itinerario de la impecable y bien fundada selección de más de cien piezas, entre grabados, tintas, acuarelas, tejeduras, dibujos sin papel, así como, piezas tridimensionales, de pequeños y monumentales formatos, inicia en Hamburgo, continúa en marzo en Stuttgart y finaliza en octubre de 2014 en Leeds. Ulrike Groos, la directora del Museo de Stuttgart, presentará en dos muestras paralelas, además de la obra de Gego, la de Luise Richter, otra artista alemana-venezolana. Del 29 de marzo al 29 de junio de 2014 Venezuela será, entonces, centro de interés en Stuttgart.

Línea: enfant terrible

Ir de paseo con Gego significa dejarse llevar y envolver por el movimiento de líneas en el espacio. Sutilmente. Recorrer líneas onduladas de libre albedrío, seguir sus movimientos en sentido de libertad. Recordando, aquí, a Paul Klee (1879-1940), su postulado, de crear “formas en formación” –y no formas finales–, es central en el desarrollo de la idea arquitectónica y artística de Gego. La enseñanza de Klee en la Escuela de la Bauhaus basada en la incorporación de métodos artesanales en la contrucción, talleres de tejido y la composición a partir de formas elementares, influyó enormemente en su apasionado ejercitar e investigar. Remarcando la pasión.

De pronto, nos encontramos deambulando alrededor de la Vibración en negro (1957) suspendida al extremo derecho de la primera de las doce salas dedicadas a Gego, en la Galería de Arte Contemporáneo del Hamburger Kunsthalle. Inspirada por el cinetismo venezolano, representado por Alejandro Otero (1921-1990) y Jesús Rafael Soto (1923-2005), la artista diseña estructuras tridimensionales a partir de un sistema de líneas paralelas. De allí, nace esta suerte de hoja de palmera, suavemente plegada, aérea y leve, cuyo efecto de vibración expansiva, y sí, también amena, la distancia de las experiencias retinianas propuestas por el cinetismo. Su ingenioso plegado interviene la rigidez del paralelismo provocando simultáneamente, una grata variación de intersecciones y de espacios entre éstas. Gego convierte a la línea de luz en una tejedora de sombras.

Los entretejidos y laberintos de líneas sinuosas, en las litografías, dibujos y tintas expuestos –extracto de más de dos décadas de su obra gráfica (1966-1988)–, airean la mirada alegrando al mismo tiempo el espíritu. Reafirman la idea de la línea curva o serpentina como símbolo de la belleza, de acuerdo al pintor y caricaturista inglés William Hogarth (1697-1764), en su Análisis de la Belleza (Analysis of  Beauty,1754). Estos flujos líneales evidencian, además, las cavilaciones experimentales de Gego, su conciencia constructiva siempre abierta a viajes imprevistos, aventuras intuitivas, favoreciendo el elemento lúdico y emocional. De allí, resultan líneas de reducido colorido (rojo, azul), dispuestas en serie, pero también, dispuestas al juego vital, de junturas y de transparencias entre sí. De igual manera, sus Bocetos de alambre, hierro y plástico, pequeños objetos de líneas “casi’ paralelas, irreverentes y bizarras, dan cuenta del enfant terrible que las habita. Tal refinada simplificación de formas y colores, sumada al trazo gestual o caligráfico, desarma toda estructura racional dando paso al vacío, a sus enlaces íntimos e inconclusos, a eso “que no cesa de hablar: lo humano” (Hanni Ossott: Gego, 1977).

Vacío pleno

“Uno debe divertirse en el arte, entre otras cosas”, dice Gego, mientras medita y re-construye su Reticulárea, desarrollada en 1969 para el Museo de Bellas Artes de Caracas (ver video Gego 2012-100 años, Fundación Gego y BetaStudio). La artista desafía, así, el concepto clásico de la escultura tridimensional, de material sólido para revelar el sistema de vínculos que existe, realmente, entre los espacios transparentes. Roberto Guevara denomina esta estructura tejida en forma de red o retículo creada por Gego Reticulárea, es decir, área de redes.

En su Reticulárea de 1975 Gego juega con líneas suspendidas del techo, a modo de cortina tridimensional. Se trata de un tejido de varillas de acero inoxidable, de cuyas aristas se derivan cuadrados y triángulos. Estas formas elementales generan espacios virtuales, sugiriendo un efecto de cascada cristalina. No hay un centro o punto fijo. Tanto los espacios, como el sistema de las uniones, varían entre sí. Nada permanece. Todo fluye y, se hace leve. La obra es abierta, inconclusa como el drama humano, mitiga la luz, nos proyecta sus tonalidades, lo traslúcido de las sombras y, lo más importante, deja entrever la coherencia entre las formas, la cohesión del uno con el todo. Así, a través del arte, Gego nos permite reconquistar nuestras afinidades con lo transparente. Nos conecta con otros parámetros sensoriales, con la posibilidad de un pensamiento lúdico.

Permanezco en el deleite. Flaneo por la sala de sus Esferas, conformadas por un sistema reticular, aéreo, en base al triángulo. Luego paso por un ambiente de Troncos o esculturas tubulares. Acontece, entonces, la idea del vacío pleno, respiro en medio de sombras dibujadas en el espacio. El paseo por la “línea Gego” se torna un periplo imaginario de luces y sombras, en un espacio indivisible y certero. Estructura vital donde habita la flor del caos, es decir, el comienzo de toda poesía, según Friedrich Schlegel en sus Conversaciones sobre la poesía (Gespräche über die Poesie, 1800).

Hablemos en blanco

En las acuarelas realizadas por Gego, entre 1980-1982, se transluce algo que podríamos asociar con las redes triangulares de las Reticuláreas, Esferas y Troncos. Sin embargo, lo que aparece sobre el papel no es nada más que el producto del ejercicio de la artista, su pasión por lo elemental, el espacio, el vacío y la línea. Pero ahora, las líneas “aparecen” en blanco. Gego pinta el área entre éstas con rojos, lilas, azules y amarillos, en tonos suaves, simulando prismas cristalinos. Luego superpone capas de prismas, también silueteados con lápiz, arribando, de esta manera, a un efecto de correspondencias, de movimientos giratorios, de idas y regresos.

Su alegría de investigar y experimentar se transforma, así, en poemas transparentes. Sus “Dibujos sin papel” y sin marco elaborados entre 1979 y 1989, con materiales reciclados, como metales, plásticos, hilos y perlas, sugieren libros abiertos. Colocados a una cierta distancia de la pared estos “Dibujos sin papel” proyectan líneas certeras e inmateriales, versos de un poema íntimo, y al mismo tiempo, absolutamente, universal. Gego pareciera visualizar, aquí, los versos imperativos de su amiga y poeta Hanni Ossott (1946-2002): “hablemos en blanco”/ hablemos perdiendo los signos”. De tal depuración estética emerge, paulatinamente, la esencia del proceso artístico, lo que permanece, la conexión del ser humano consigo mismo y con su entorno. En este contexto, Gego se hace cómplice de su obra, prescinde de títulos y connotaciones, opta por lo indeterminado. Son, entonces, obras “Sin títulos” o simplemente “Bocetos” las cuales actúan relajando las relaciones entre la artista, la producción y la recepción, promoviendo, de esta forma, la libertad frente a todo plan o concepto a priori. A lo que Gego le suma un toque de “humor venezolano”, llamando a sus graciosos objetos de material reciclado Bichos o Bichitos.

En la última década de su vida, Gego retoma el tejido, continúa tejiendo y destejiendo ese breve espacio donde –como diría Paul Klee– lo formal y la visión del cosmos (Weltanschauung) se conectan entre sí. Sus Tejeduras con tiras de papel son líneas, vestigios, señales esenciales que se prolongan en la imaginación del espectador como la memoria misma. Son ese recuerdo, emoción o deseo persistente, imborrable e indetenible.

Ignorando lo que sería el final de la muestra, regreso, intuitivamente, a la primera sala, la de la Vibración en negro. Allí, me instalo a leer en uno de los libros de Gego, la Autobiografía de una línea (1965). Es un libro plegado, en forma de acordeón, habitado por una y mil líneas de tinta que se explayan, se bifurcan o convergen en un espacio de libertad, donde quiero seguir leyendo poemas de vínculos transparentes.