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Fragmentos de Una introducción a la cultura visual

Captura de pantalla collage cultura visual

Captura de pantalla collage cultura visual

La cultura visual promueve una práctica de ver que involucra desde las Bellas Artes hasta el Internet, en atención a la participación del espectador vinculándolo con lo global y la vida cotidiana. Papel Literario dedica este dossier al tema con la reproducción de fragmentos de uno de los textos fundamentales, Una introducción a la cultura visual de Nicholas Mirzoeff. Complementamos con ensayos que ejemplifican diversos enfoques para analizar los fenómenos visuales de Grisel Arveláez sobre la contravisualidad y los movimientos indignados, Lisa Blackmore sobre el filme La Jetée y Carmen Alicia Di Pasquale sobre las Nenias de Gerd Leufert

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La distancia entre la riqueza de la experiencia visual en la cultura posmoderna y la habilidad para analizar esta observación crea la oportunidad y la necesidad de convertir la cultura visual en un campo de estudio. Aunque, normalmente, los diferentes medios visuales de comunicación se han estudiado de forma independiente, ahora surge la necesidad de interpretar la globalización posmoderna de lo visual como parte de la vida cotidiana. Los críticos en disciplinas tan diferentes como la historia del arte, el cine, el periodismo y la sociología han comenzado a describir este campo emergente como cultura visual. La cultura visual se interesa por los acontecimientos visuales en los que el consumidor busca la información, el significado o el placer conectados con la tecnología visual. Entiendo por tecnología visual cualquier forma de aparato diseñado ya sea para ser observado o para aumentar la visión natural, desde la pintura al óleo hasta la televisión e Internet. (19)

Visualizando

Uno de los rasgos más chocantes de la nueva cultura visual es el aumento de la tendencia a visualizar las cosas que no son visuales en sí mismas. Este movimiento intelectual cuenta con la inestimable ayuda del desarrollo de la capacidad tecnológica, que hace visibles cosas que nuestros ojos no podrían ver sin su ayuda: desde el descubrimiento accidental de los rayos X, en 1895, por parte de Roentgen, hasta las “imágenes” telescópicas de las distantes galaxias, que debemos a Hubble y que son transposiciones de frecuencias que nuestros ojos no pueden detectar. Una de las primeras personas que destacó estos descubrimientos fue el filósofo alemán Martin Heidegger, quien los denominó el crecimiento de la imagen del mundo. Declaró que “una imagen […] no consiste en una fotografía del mundo, sino en el mundo concebido y captado como una imagen […] La imagen del mundo no cambia por haber dejado de ser medieval y haberse convertido en moderna, sino porque el mundo se ha convertido por completo en una imagen y eso es lo que hace que la esencia de la edad moderna sea diferente” (Heidegger, 1977, pág. 130) ( 22)

La cultura visual es nueva precisamente por centrarse en lo visual como un lugar en el que se crean y discuten significados. La cultura occidental ha privilegiado al mundo hablado de forma sistemática, considerándolo la más alta forma de práctica intelectual y calificando de ilustraciones de ideas de segundo orden a las representaciones visuales. La aparición de la cultura visual da lugar a lo que W. J. Mitchell denominó “teoría de la imagen”, según la cual algunos aspectos de la ciencia y la filosofía occidental han adoptado una visión del mundo más gráfica y menos textual. Si esto es así, supone un importante desafío la noción del mundo como un texto escrito que dominaba con gran fuerza el debate intelectual tras los movimientos lingüísticos como el estructuralismo y el post-estructuralismo. En opinión de Mitchell, la teoría de la imagen es producto de “la comprensión de que los elementos que forman parte de la condición de espectador (la mirada, la mirada fija, el vistazo, las prácticas de observación, la vigilancia, y el placer visual) pueden ser un problema tan profundo como las diversas formas de lectura (el acto de descifrar, la decodificación, la interpretación, etc.) y esta ‘experiencia visual’ o ‘alfabetismo visual’ no se puede explicar por completo mediante el modelo textual” (Mitchell, 1994, pág. 16). (24)

La cultura visual aleja nuestra atención de los escenarios de observación estructurados y formales, como el cine y los museos, y la centra en la experiencia visual de la vida cotidiana. (25)

Vida cotidiana

El consumidor es el agente clave de la sociedad capitalista posmoderna. El capital comenzó como el dinero, siendo el medio de intercambio de artículos, y fue acumulándose con el comercio. Alcanzó la independencia en las primeras etapas de la cultura capitalista como capital de financiación, generando intereses en las inversiones y préstamos. Según el análisis marxista, el capitalismo crea beneficios explotando la diferencia entre los ingresos brutos del trabajo contratado y la cantidad que cuesta contratar dicho trabajo. Esta “plusvalía” fue la base de los economistas y políticos marxistas durante el siglo posterior a la publicación de El capital en 1867. Todavía sigue estando claro que el capital sigue generando beneficios muy superiores a cualquier plusvalía que pueda sacarse de los trabajadores individuales. El capital ha comercializado todos los aspectos de la vida cotidiana, incluyendo el cuerpo humano e incluso el mismo proceso de observar. En 1967, el crítico situacionista Guy Debord identificó lo que él llamaba la “sociedad del espectáculo”, es decir, una cultura completamente dominada por la espectacular cultura de consumo “cuya función consiste en que la historia se olvide dentro de la cultura” (Debord, 1977, pág. 191). En la sociedad del espectáculo, los individuos deslumbrados por el espectáculo se sumergen en una existencia pasiva dentro de la cultura del consumo de masas, aspirando sólo a adquirir la mayor cantidad de productos. El aumento de la cultura dominada por la imagen se debe al hecho de que “el espectáculo es capital hasta tal punto de acumulación que se convierte en imagen” (Debord, 1977, pág. 32). Uno de los ejemplos más impactantes de este proceso es la vida todo menos autónoma de determinados logotipos empresariales, como el logotipo de swoosh de Nike, que representa el ala de la diosa griega Nike, o los arcos amarillos de McDonald´s que son inevitablemente legibles en cualquier contexto en el que los encontremos. La conexión entre el trabajo y el capital se pierde en el resplandor del espectáculo. En la sociedad espectacular, se nos convence con la imagen más que con el objeto. (52-53)


UNA INTRODUCCIÓN A LA CULTURA VISUAL

Nicholas Mirzoeff

Editorial Paidos

Barcelona, 2003