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Fragmentos del Diario de Anaïs Nin

“Henry y June” (1990) es una película estadounidense dirigida Phillip Kaufman inspirada en la relación entre Anaïs Nin con el escritor Henry Miller y su esposa June, una de las etapas más conocidas de la escritora francesa por lo controversial

“Henry y June” (1990) es una película estadounidense dirigida Phillip Kaufman inspirada en la relación entre Anaïs Nin con el escritor Henry Miller y su esposa June, una de las etapas más conocidas de la escritora francesa

Las siguientes entradas seleccionadas de los “Diarios” de Anaïs Nin corresponden al volumen III, que abarca desde 1939, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando se ve obligada a refugiarse en los Estados Unidos, hasta el año 1944. También se presenta un texto incluido en su libro “Henry Miller, su mujer y yo” ("Diario" de 1.931 a 1932), que diera lugar a la película “Henry & June”

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Julio 1.932

Henry [Miller] se ha planteado si debe o no dejar a June. Conmigo se siente entero, y sabe que lo he amado mejor. De noche permanecemos despiertos en la cama hablando de esto, pero yo sé que no puede y no debe pensar en abandonar a June, su pasión. Yo, en su lugar, no la dejaría. June y yo no nos anulamos la una a la otra; nos complementamos. Henry nos necesita a las dos. June es el estimulante y yo el refugio. Con June conoce el desespero y conmigo la armonía. Todo esto se lo digo mientras lo abrazo firmemente.

Invierno de 1.939

Dejé París bajo una iluminación mortecina, como el interior de una catedral, llena de sombríos nichos, negras esquinas y parpadeantes lámparas de aceite. En la neblina que colgaba por encima, las luces violetas, azules y verdes parecían vitrales a los que diera humedad y luz la llama de unas velas. No hubiera podido reconocer los rostros de las personas que dejaba. Mis maletas las llevaba un soldado que tenía unos zapatos demasiado grandes para él. El dolor de la separación me provocaba un profundo sufrimiento. Todas las células y todas las cuerdas que me ataban a Francia me abofeteaban por dentro porque dejaba una forma de vida que me gustaba y una atmósfera rica, creativa y humana; porque me separaba de un pueblo y de una ciudad. Dejaba atrás un ritmo que se había arraigado profundamente en mí, noches misteriosas y envolventes, una obsesión por la guerra que daba un sabor vivo y amargo a nuestro vivir, y el sonido de los cañones antiaéreos, del paso de los aeroplanos, de sirenas que se lamentaban como las que se oyen en el mar en las noches de tormenta.

No podía creer que hubiera en ningún lugar del mundo espacio y aire en los que no existiera la pesadilla de la guerra.

Febrero de 1.940

Henry parece frágil y triste. Está ansioso por reencontrarse con sus padres, a los que no ha visto desde hace once años. Iba a verles al día siguiente. Tenía pánico a la reunión. Su padre está enfermo. Me ofrecí a darle todo lo que ellos pudieran necesitar. Henry dijo que esa situación sería diferente, ajena a él, y que no tenía por qué engañarles.

–Algunas ilusiones –le dije– dan vida.

Pero Henry no cree que sea así.

Cuando fue a visitar a sus padres los encontró tal como se temía: pobres. Su padre, enfermo de cáncer en la próstata. Pero sin dolor. Henry regresó y estuvo toda la noche sollozando de pena y culpa. Cuando volvimos a vernos al día siguiente se puso otra vez a sollozar. Había cambiado por completo; era humano y tierno, y estaba roto. Dijo que comprende al fin todo lo que hasta ahora encontraba risible en mí, mis cuidados por mi madre y Joaquín; dijo que es imposible escapar del propio karma, y que todo lo que ha hecho con sus evasiones no es más que acumular culpas.

Julio de 1.940

(…) Antes incluso de que nos diéramos cuenta, toda la casa estaba funcionando para el bienestar de Dalí. Como él trabajaba en la biblioteca, no nos dejaban entrar. Luego le pidieron a Dudley que fuera en coche a Richmond, si no le importaba, para buscar unas baratijas que necesitaba Dalí para su pintura. A mí me pidieron, si o me importaba, que tradujera para él un artículo. A Caresse le pidieron, si no le importaba, que llamara a los de la revista Life para que fueran a verle.

De esta manera, cada uno de nosotros cumplimos con la tarea que se nos había encomendado.

La señora Dalí no levantaba nunca la voz ni trataba tampoco de seducir ni conquistar. Aceptaba silenciosamente que todos los que nos encontrábamos allí estábamos para servir a Dalí, el gran genio indiscutible.

Yo me fui a la cocina y preparé un plato español, con la esperanza de crear un ambiente español que le permitiera ser más expansivo. Pero a la señora Dalí no le interesa la cocina española.

Octubre de 1.941

Vino André Breton. Hablamos de la hipnosis y de todos los escritores que nos parecen clarividentes o proféticos. Todavía pienso a veces que es un científico más que un poeta del inconsciente, que es mas capaz de analizar que de sentir; pero es cierto que es penetrante, lúcido y creativo en cada palabra que pronuncia. Desde luego, cuando escribe es un poeta, y además un poeta de gran fuerza. Es posible que al verse obligado a teorizar, a enseñar y a definir un grupo y unas obras, se haya hecho más dogmático. Para mí, el surrealismo tiene un significado más amplio, abarca más cosas que para él.

No podría encontrar nada más surrealista que el propio André Breton, con toda esa dignidad y ese ingenuo porte regio que tiene, con su largo cabello cepillado para mostrar su rostro de león, sus ojos grandes y sus rasgos osados, inclinándose a besar mi mano en la imperial de un autobús de la Quinta Avenida.

Abril de 1.944

Después de haber reunido todas las fiebres, conquistas, pasiones, tras  haber bajado las velas de los buques de mis sueños, permanentemente inquietos, permanentemente errantes (….), después de haber recogido, recolectado, llamado para que vuelva del desierto tibetano mi eternamente andariega alma, después de haber rescatado mi espíritu de las telas de araña del pasado, de la preocupación por las vidas de los demás que se agarraba a mi garganta como para ahogarme, después de haberme curado de las drogas del romanticismo, de haber abandonado los sueños imposibles y llamado al agotado Don Quijote para que regrese, cierro la ventana, y la puerta, y vuelvo a abrir el diario.