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Four Lions, una sátira del terrorismo

“Fourlions” (2011), dirigida por Christopher Morris

“Four Lions” (2011), dirigida por Christopher Morris

“Four Lions” es una comedia negra británica dirigida por Chris Morris. Narcisa García se adentra en la trama de este filme en el que cuatro musulmanes, residentes en Gran Bretaña, toman la decisión de convertirse en terroristas. Para la escritora, es “una aproximación que a través del humor subvierte” el tema del terrorismo

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Uno de los primeros hechizos que le enseñan al joven Harry Potter en la clase de Defensa contra las artes oscuras es riddikulus, un conjuro que depende de la habilidad del mago para ver más allá de aquello que le causa terror y tirar de eso hacia abajo, ridiculizarlo, disminuirlo, convertirlo en algo gracioso, algo que ya no resulte atemorizante.

Tal vez el humor sea una herramienta para enfrentarse al miedo. En el sentido de que desde la butaca vemos,a distancia y protegidos, a los personajes y las situaciones. El poner en ridículo al que desde otra mirada no es sino terrorífico puede ser una manera de rebajarlo, darle en la madre, de restarle seriedad a lo que se toma tan profundamente en serio.

Sin duda el terrorismo es asunto serio. Sin duda, al igual que la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo allí está Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942), una gran sátira a partir de un asunto escalofriante como lo es el totalitarismo nazi. Four Lions (Christopher Morris, 2011) procura seguir el tono de estas películas en las que se enfrenta un tema tan delicado. Con un humor inglés a lo Monty Python, esta película podría resultar, como La vida de Brian (Terry Jones, 1979) bastante ofensiva o bastante graciosa. O ambas.

Érase un hombre a una bomba pegado

El título del filme responde al grupete de británicos musulmanes muy fanáticos –o muysulmanes, como dirían los Luthiers– que quieren inmolarse de manera espectacular en Londres, pero no tienen claro el cómo y el dónde (el por qué tampoco, ese es otro asunto que los dramas prefieren). Más adelante se les unirá un quinto que pareciese querer ser más rapero que yihadista. El asunto con estos muchachos es que son de una estupidez brutal. Todo intento de llevar a cabo la más mínima y sencilla tarea se ve entorpecida por la incapacidad y la ineficacia de todos. Omar, al parecer el cabecilla del grupo, es quien tiene contactos en Pakistán para que los llamen al entrenamiento; su amigo Waj, manipulable, inocentón; Faisal, una suerte de Chico Marx que entrena cuervos para que lleven las bombas; Barry, el más fanático y radical, por ende el más violento; y Hassan, quien se incorpora al grupo luego de que Barry en una conferencia sobre el Islam lo ve aterrorizar a los asistentes porque trae bombas pegadas al abdomen que resultan ser de juguete. Cada situación que plantean para decidir cómo harán el atentado es más incoherente que la anterior. Llegan a plantearse explotar Internet. De una a otra escena sus comportamientos son ridiculizados sin piedad alguna, como cuando Faisal explica que no deben preocuparse: ha comprado decenas de litros de cloro por meses a la misma tienda, pero no sospecharán de él porque ha usado “una voz diferente cada vez”. O cuando al salir a la calle sacuden la cabeza de un lado a otro “porque de esa manera si les toman fotos saldrán borrosos”. Y así muchos gags fantásticos que recuerdan a un Buster Keaton o a un Woody Allen temprano.

No hay otro desenlace sino el fracaso, producto de semejante ineficacia e idiotez no consiguen su espectáculo. Sin embargo,Waj duda. Una vez acuerdan que el gran golpe será en la maratón de Londres —esta película es anterior al atentado en Boston—y ya han llegado armados al sitio, Waj duda. Está confundido. Omar entonces lo convence momentáneamente de que lo que harán está bien, pero la duda ya se ha instalado en ambos por el resto de la película. Cuando Omar decide que es su turno de inmolarse, dice que quiere que se sepa que se fue con una sonrisa. Pero no es así. La angustia y seriedad en su rostro en ese momento no son cuestión de broma. Pareciese que en algún momento el esbozo de sonrisa lo pudiese despojar del terror que es, del deseo de ser mártir en el espectáculo del atentado.

Comedia = tragedia + tiempo

Four Lions, o cuatro leones, es el primer filme del británico Christopher Morris. Director de televisión, donde se dice está el futuro del guionista de cine, ha dirigido mordaces y ácidos programas ingleses, y en Estados Unidos algunos episodios de la serie Veep, protagonizada por Julia Louis-Dreyfus, la gran Elaine de Seinfeld. Es decir, que Morris no es ajeno a la comedia negra, y en ese sentido sale airoso, a pesar de que esta mofa sobre el terrorismo no sea para todo el mundo. Y es que Morris no le resta importancia o seriedad al acto terrorista en sí, sino a los personajes preparándose para llevarlo a cabo, como si se tratase de los trascámaras del video de la amenaza, en los que los fanáticos (y aquí se lee cualquier tipo de fanatismo, no solo religioso) no saben exactamente cómo proceder ni cómo ponerse de acuerdo en nada. De hecho, no se escapa nadie: incluso los policías son estúpidos. Es como si la burla a la seriedad con la que se toman la preparación de los atentados los hiciese menos peligrosos. ¿Los hace, acaso?

Se trata de una aproximación que a través del humor subvierte. Hay un intento de que el otro se ría, de que tal vez, si lo hace de sí mismo y no se toma tan en serio podría dejar de ser, podría perder esa condición amenazante, esa de ser terrorista. El hecho de no saberse incapaces, de no saberse ridiculizables los hace tales.  Es una provocación, un intento de herir el honor de los fanáticos, porque cómo enfrentar a un hombre que no tiene exigencias, con quien no hay negociación posible, para quien la vida vale más si termina. El humor que hay en mofarse de uno mismo es señal de cierta madurez. El humor como disolución del miedo. Como desarme del terror. Riddikulus.