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3 Fotolibros 3, Paolo Gasparini

Portada del catálogo de la exposición 3 Fotolibros 3, Paolo Gasparini.

Portada del catálogo de la exposición 3 Fotolibros 3, Paolo Gasparini.

El universo temático de Gasparini está vinculado al género documental con sus múltiples líneas

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Carmen Araujo Arte ha expuesto 3 Fotolibros 3, de Paolo Gasparini (Gorizia, Italia, 1934), Para verte mejor, América Latina; Retromundo y El suplicante. La muestra, además, incluye hojas de contacto, fotos vintages, catálogos, reseñas sobre la obra del fotógrafo y la separata de la revista Cruz del Sur (1959), que contiene el primer reportaje fotográfico de este autor, hecho en el país al llegar en 1954.

Durante cinco décadas Paolo Gasparini ha fotografiado la “realidad” utilizando diferentes recursos mediales para representarla, exponerla y hacerla circular. Elabora relatos visuales: en algunos casos sólo con fotos; en otros, relaciona imágenes y textos asociados con música o voz –por ejemplo, en los audiovisuales– y realiza propuestas narrativas en formato de libros (fotolibros), acompañado de escritores y diseñadores gráficos.

El universo temático de Gasparini está vinculado al género documental con sus múltiples líneas. El eje de audiovisuales, fotomurales o fotolibros está formado por fragmentos que la documentan, por fotografías tomadas de manera “directa”. En un trabajo de postproducción, el fotógrafo las yuxtapone y asocia “transformando las imágenes en imágenes del pensamiento”.

Desde una posición “ética”, este fotógrafo dirige su atención a documentar las condiciones de vida de casi el 80% de los habitantes de América Latina; entre ellos, inmigrantes, mineros, prostitutas, mujeres, devotos, los que padecen, los suplicantes, vendedores ambulantes y lisiados.

Gasparini ha fotografiado a todos los sin voz que la esfera pública paradójicamente excluye: bajo el umbral de las urbes modernas –ya sea en Caracas, en México, D.F., São Paulo o Los Ángeles (California)– o en el cruce de fronteras y en metrópolis europeas (por ejemplo, París, Londres, Roma o Berlín).

En las capitales latinoamericanas, toma a “los asomados o vencidos” de las ciudades amuralladas por cordones de miseria y calles o avenidas coronadas por avisos publicitarios. En estos espacios, la misión civilizadora del progreso, el “elogio de la modernidad” parece una antinomia, como si hubiera sido pensada para recapitalizar el sufrimiento del que nada tiene. En Europa se ha dedicado a fotografiar fotos de fotos: imágenes que se refractan y multiplican en las superficies translúcidas de las vitrinas. En ellas duplica el reflejo de los paseantes, voyeurs y vallas, carteles publicitarios o maniquíes. Registra “la apariencia”, tamizada y filtrada bajo la condición de copia.

En Retromundo (fotos de Gasparini, diseño gráfico de Álvaro Sotillo, texto de Victoria de Stefano, Grupo Editor Alter Ego, Caracas: 1986), Gasparini pone a dialogar a ambos mundos, el representado bajo la perspectiva del duplicado –Europa–, y el no filtrado por el reflejo –Latinoamérica. Sotillo, por su parte, realiza una interpretación gráfica, del uno y del otro, a través del uso de papeles de diferentes gramajes y acabado.

Por un lado, el Primer Mundo está impreso en una superficie opaca: las fotos poseen una trama cuadriculada y romboide visible, cercana al píxel o al grano de plata estallado de la emulsión fotográfica. El Tercer Mundo, en cambio, está impreso en soporte brillante, y aquí son imperceptibles los puntos de las manchas de tinta que deja la impresión offset. Las imágenes presentan “cualidad fotográfica”. El juego de tramas tupidas y abiertas, en las hojas del libro, representa el contraste entre dos realidades que desde hace quinientos años se persiguen y alimentan recíprocamente.

Para verte mejor, América Latina (fotos Gasparini, texto Edmundo Desnoes, diseño gráfico de Umberto Peña, Siglo Veintiuno Editores: México, 1972) es un ensayo visual sobre América Latina que llama a la crítica y la reflexión sobre las condiciones de pobreza de los países de la región. En este fotolibro, la representación fotográfica sirve para otorgar énfasis a las ideas escritas. No hay pies de foto o títulos: los párrafos, frases o palabras están colocados a un lado de las imágenes. A veces el texto ocupa varias páginas, pero en algunos casos, las fotos están impresas en páginas completas, carecen de texto y han sido organizadas gráficamente en dípticos y trípticos.

Algunas reproducen la iconografía militarista del Cono Sur, propia de la época de las dictaduras (a Brasilia ocupada por los militares se la representa con monumentos patrios). También están fotografiados iconos cristianos o retratos de revolucionarios –Emiliano Zapata, por ejemplo–, vallas publicitarias, graffitis y enormes edificios “modernos”, que contrastan con las barracas y la arquitectura popular marginal. Sin embargo, la sintaxis de fotos y oraciones representa la diferencia entre clases sociales: es un libro de protesta y denuncia.

El suplicante (fotos de Gasparini, diseño gráfico del fotógrafo e Ivette García, textos de Juan Villoro y del fotógrafo, Editorial RM: México, 2010) está acompañado por el audiovisual Letanías del polvo: Viaje a México. El hilo conductor que enhebra las páginas de este libro es un recorrido por el territorio mexicano, un largo e intermitente viaje desde Tijuana hasta Chiapas. Relata una historia que se inicia con la revolución zapatista, se extiende al comandante Marcos e incluye a Manuel López Obrador, en 2006. Aquí, los textos de Villoro se encuentran separados de las fotos, no las ilustran. Los del fotógrafo, en cambio, figuran en la introducción del libro y como nota explicativa de su trabajo, al final.

El formato de la mayoría de las imágenes seleccionadas –que incluyen fotos a color y en blanco y negro– es apaisado. Por otra parte, es recurrente la presencia no sólo de cristos crucificados –tal vez un guiño al que sufre, padece y suplica–, sino también de graffitis que hablan de víctimas y muertes, de retratos de enmascarados de lucha libre y “zapatistas”, de puestos de vendedores ambulantes. Cruces, cementerios y ceremonias de devoción cristiana relatan la especial relación de los descendientes mayas y aztecas con el culto a la muerte. En este libro el fotógrafo vertebra la narración con imágenes tomadas en diferentes años, desde 1971 hasta 2008, y nos sugiere que en su archivo las imágenes no son históricas, no documentan ausencias o hechos pasados, quizá la realidad mexicana continúa siendo la misma en estos últimos 40 años, parece ser fija e inmutable. Parafraseando a William Faulkner, “el pasado no ha muerto; de hecho, ni siquiera ha pasado”.

En su discurso Paolo Gasparini se empeña en hacer visibles las condiciones socioeconómicas de una inmensa población cuya precariedad ya es atávica. Desde hace 50 años, busca denunciar la estructura social de los países del continente. Sin embargo, lleva medio siglo fotografiando países de América Latina –en especial, Venezuela, México y Ecuador– bajo dictaduras de derecha o de izquierda, o Estados gobernados por regímenes democráticos, en los que la situación de las clases menos favorecidas, de sus “vencidos” no ha variado, sino que persiste, permanece.