• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Fosa Común de Miguel Marcotrigiano Luna

Miguel Marcotrigiano | Foto Manuel Sarda - Archivo El Nacional

Miguel Marcotrigiano | Foto Manuel Sarda - Archivo El Nacional

“He aquí la prueba fehaciente del sacerdocio ejercido por el poeta del fidedigno cultivo de la palabra escrita que nos legaron quienes nos antecedieron en su forja, cultivo, cuido y divulgación, urbe et orbe”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Leer Fosa Común, poemario de Miguel Marcotrigiano (Caracas, 1963) es una jubilosa y grata experiencia para el espíritu del lector de poesía en estos tiempos de desasosiego anímico, en el sentido latino de la palabra: “animus”, del latín, que traduce, mutatis mutandis, alma; estado del espíritu que adopta un ser humano ante un determinado estímulo proveniente del medio exterior.

A propósito de este “extraño” libro de poesía que Marcotrigiano coloca en el panorama literario venezolano despierta mucha curiosidad y convoca la atención minuciosa y el rigor de sus lectores por la naturaleza de su temática formal y el modo de abordaje que adopta el autor en el tratamiento de sus enigmáticos e hipercomplejos textos poéticos. Nada calza mejor a esta poética reunida por Marcotrigiano que la expresión que reza: “somos lo que leemos”.

Que el poeta de Fosa Común es un lector voraz de poesía, ensayo, narrativa venezolana, hispanoamericana y universal, ¿qué duda cabe? He aquí la prueba fehaciente del sacerdocio ejercido por el poeta del fidedigno cultivo de la palabra escrita que nos legaron quienes nos antecedieron en su forja, cultivo, cuido y divulgación, urbe et orbe.

Ejemplo de mi afirmación lo constituye la rendida admiración del poeta hacia quienes rielan las páginas de este maravilloso artefacto poético que en forma de homenaje:

“Escribir el poema es como cincelar en la piedra

Un acto conmovedor” (pàg. 17)

Así, con estos versos cincelados en la ígnea roca de la conciencia es que Marcotrigiano rinde tributo a la inmensa voz lírica de Carlos Drumond De Andrade en el primer poema que abre, a modo de frontispicio, este libro heterodoxo en sus propuestas temático-formales.

O, también:

“El afilado cuchillo de la palabra

Graba esta oscuridad” (pág. 19)

Como diría el poeta Gottfried Benn, pues, nunca como hoy, la palabra poética adquirió una estatuto tan urgente y necesario para comprender la desgarradora e insolente realidad que agobia a toda una nación aguijoneada por el estupor y el estupro de su propia ignominia.

Si es cierto que el poeta es un lector que habla con los muertos –cosa que creo a pie juntillas– Marcotrigiano es esa entidad mediumnica que trae hasta nosotros las voces que claman en illo tempore y nos recuerdan nuestra frágil y evanescente condición de tan sólo seres en tránsito; como dijo Heiddeger, irrepetiblemente, “seres para la muerte”. Esta Fosa Común de la memoria sensible reunida por nuestro contemporáneo e inteligente escritor puede leerse, en sentido rigurosamente gadameriano, como una antología personal e íntima de la poesía universal, pues en ella convergen la atalaya y su fulgor como corporeidad de la lengua metafórica. El poeta dialoga vis a vis con el logos y la logia, con el pensamiento que piensa su propio pensar valiéndose de la imagen y de la música que contienen las palabras, recreándolas para otorgarles un nuevo sentido jamás sospechado por quienes leemos sus texturas. Quien asiste a la gozosa lectura de Fosa Común disfruta de los dones que comporta la festividad de nuestra lengua dicha en palabras de otras lenguas.