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Fisgón de bibliotecas: la biblioteca de Edgar Saume

El músico Edgar Saume / Raúl Romero

El músico Edgar Saume / Raúl Romero

“La biblioteca de Saume está relacionada con los instrumentos y no precisamente por la práctica ejecutoria de su oficio, sino por una curiosidad genuina sobre el sentido, sobre el lugar del hombre en el Universo. Ahora entiendo por qué el telescopio está ahí. Saume es un músico que observa los astros mientras toca la batería”

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Al entrar al apartamento de Edgar Saume lo primero que llama mi atención no es el piano al comienzo de la sala, tampoco unas figuras en madera del Quijote y Sancho dispuestas sobre una de las mesas auxiliares, sino un telescopio blanco que descansa apuntando al cielo sobre un trípode junto al comedor. Sobre la mesa principal veo Macanudo Universal, un tomo encuadernado en tapa dura que reúne las tiras del caricaturista Liniers del volumen uno al cinco, más algunos bocetos y notas apócrifas, en Ediciones La Flor. Le pregunto al percusionista, miembro fundador de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y quien colaboró significativamente en la construcción de lo que se conoce como "El Sistema" junto al maestro Abreu, si le han gustado las lúcidas y encantadoras tiras del argentino, me dice que ese libro es de su hija, que él aún no lo ha abierto, le digo que podría hacerlo, que de tanto en tanto los personajes de Liniers se interesan por el Universo.

Toch, Sagan y la batería

Saume tiene una biblioteca en la que se encuentran un par de disciplinas que podrían parecer distantes pero que están vinculadas esencialmente: ciencia y música. En uno de los muebles hay un tocadiscos, un deck, muchos discos en acetato de jazz (Charlie Parker, Miles Davis, Dizzy Gillespie, Tito Rodríguez) y libros sobre música, hay algo de la improvisación del jazz en el orden de mis libros y revistas, de estas tengo muchas, especializadas (Modern Drummer, Guitar Player, Keyboard, Downbeat, Rolling Stone), en el cuarto tengo torres, y es que las consulto con frecuencia aun cuando sé que Internet es de gran utilidad, ahora más, dice, cuando una revista puede costar hasta dos mil bolívares. Uno de los libros que me enseña con fruición es The Shaping Forces in Music de Ernst Toch, el compositor y pianista austríaco que se hizo famoso en el Hollywood de mediados del siglo XX, que me lo bebí en mi temprana juventud comenta, lo compré en Sabana Grande, en este libro di con los componentes fundamentales de la música, la armonía, la melodía, el contrapunto y la forma, este libro recoge el ciclo de conferencias que dictó en la Universidad de Harvard en 1948; le pregunto cómo se lee un libro como este, esto es ciencia responde, porque el autor nunca se separa del dato preciso, de la partitura, para leer este libro tienes que estar junto al piano para poder dar con el propósito del autor. La lectura se hace música.

De sus grandes pasiones una es el misterio del Universo. El libro Cosmos de Carl Sagan, en una edición de Seix Barral de la década del ochenta, en tapa dura, conservado con el cuidado de quien respeta el objeto libro, me lo muestra con la emoción de quien sabe que National Geographic ha estrenado la serie basada en ese longseller divulgativo de la ciencia. Lo primero que percibes del universo es un orden, comenta, pero también un desorden, y ese caos es irremediable en el fluir del universo, y quizás la música refleja y contiene ambas instancias. Mi afición por los libros de cosmología es sencillamente movida por indagar de dónde venimos, aunque quizás nunca logremos saberlo, es el asombro que me produce la inmensidad, lo insignificante que somos ante esa grandiosidad, y aun así creamos, dice. Un capítulo del libro de Sagan lleva como título Una voz en la fuga cósmica, y Saume me explica qué significa una fuga en términos musicales: es una variación del mismo tema en distintas tonalidades que se van presentando hasta construir la obra, entonces tararea una melodía. La imagen que hay ahí del universo en construcción es hermosa.

Varios libros de The Beatles aparecen por los muebles de la biblioteca de Saume, y es que yo llego a la música desde ellos, comenta. Justo debajo de la mesa principal de la sala hay un libro de las partituras del grupo inglés sobre una revista Rolling Stone, The Little Black Songbook (Complete Lyrics & Chords) de Wise Publications, con ese libro se pueden matar muchos tigres dice, con solo tomarlo puedes comenzar a tocar en cualquier local nocturno, y entonces lo toma, lo abre y con una mano lo sostiene y con la otra toca el piano (It Won't Be Long). Y es que la biblioteca de Saume está relacionada con los instrumentos y no precisamente por la práctica ejecutoria de su oficio, sino por una curiosidad genuina sobre el sentido, sobre el lugar del hombre en el Universo. Ahora entiendo por qué el telescopio está ahí. Saume es un músico que observa los astros mientras toca la batería.

Percusión y Tiempo

La pequeña biblioteca que tiene junto a muchos discos da paso al mueble de la biblioteca general, como un estar entre las habitaciones y la sala principal. Los libros rozan el techo y están en los laterales del mueble, en el centro un gran televisor y en frente un sofá. Dispuestos circunstancial y jazzísticamente, los libros colman el mueble. Las ediciones de los Premio Nobel de Literatura en la antigua edición de Aguilar, la que tiene repujada sobre la tapa azul las siglas BPN, cubren un tramo completo (Faulkner, Lewis, Yeats, Shaw, Russell, entre otros), los libros de García Márquez en la colombiana Oveja Negra, de lomos azul pálido, están casi todos, El General en su laberinto en tapa dura está junto a Memorias de mis putas tristes en la edición de Literatura Mondadori; la autobiografía de Miles Davis en Ediciones B, Ulises de Joyce en dos tomos de Bruguera, hasta llegar a varios títulos que dan cuenta de la vinculación entre su oficio, la ciencia y la filosofía: Caos, de James Gleick, en Seix Barral, Historia del tiempo (Ilustrado) de Stephen Hawking, en Planeta, El hombre y el cosmos de Ritchie Calder (que hace muchos años publicó Monte Ávila editores), y entre otros, El tiempo a través del tiempo, coordinado por Kristen Lippincott, Directora del Real Observatorio de Greenwich, en aquella espléndida edición de Grijalbo Mondadori (y que ya debería contar con una reedición en Lumen) de hace catorce años, y en la que participan Umberto Eco y E.H. Gombrich, así como el profesor de la Universidad de Cambridge Iain Fenlon, de cuyo capítulo La música y el tiempo, me indica Saume las primeras líneas: "Leída en silencio o interpretada, la música existe solo cuando se enmarca en el tiempo", este es otro de los temas que siempre me ha apasionado por mi oficio de percusionista, porque el ritmo es manipulación del tiempo sonoro, en donde hay una ruptura del transcurrir que lo hace posible, comenta con una voz pausada, de profesor.

Yo cuando toco un tambor, toco un tambor, dice Saume con una sonrisa pícara. Y es que le pregunto por cómo experimenta a la hora de poner en práctica su oficio el bagaje de lecturas que refleja su biblioteca, una persona puede acercarse al instrumento sin tener ninguna información, siendo profundamente ignorante, y en la ejecución quizá pueda ser hasta mejor, pero cuidado, un "mejor" entre comillas, solo en la ejecución, comenta, pero no abona o cultiva ese talento en tanto capacidad intelectual, estética, algo tiene que venir de esas lecturas, ¿hasta el punto de modificar la ejecución? le pregunto, y me dice que sí, y es que la música respira y el ritmo de esa respiración viene dictado por la capacidad que tiene cada quien para premeditar lo que va a hacer, digamos que eso te permite no trabajar solo a partir de tus instintos sino que la razón media para que no sea solo una sensación y se pueda lograr una mejor conclusión al hacer música.

Músico análogo

En buena medida la biblioteca de Saume se constituye de partituras. Antes de fisgonear en ellas, aprovecho para intentar acercarme a la lectura de un músico, cómo lees una partitura le pregunto, hay músicos que tienen una capacidad de oído interno excepcional y pueden escucharla pero yo no soy uno de esos, comenta entre risas, orquestal y rítmicamente la entiendo, capto los rangos en los que se mueve la tonada ta-ra-rarí-rarara-ra, (e intenta ejemplificar el relieve de las partituras) porque es que las palabras pueden decir mucho, la música también, pero no está sujeta a un idioma, ahí radica su universalidad y misterio, comenta mientras nos dirigimos a su habitación estudio. Atravesamos la cocina, donde hay un mueble con libros sobre nutrición, recetas, y hasta un pequeño libro sobre Gauguin, debe ser para darle color a las comidas, y es que en cada lugar de este acogedor apartamento la presencia del papel es constante.

En el estudio hay una biblioteca aérea que construyó con ayuda de su mujer Liza, escultora. Una marimba atraviesa el estudio de largo a largo, sobre una de las paredes descansa una bicicleta, y el resto son partituras y libros sobre música, y una cesta con más de cincuenta baquetas, porque es que soy un baterista, es el instrumento del que soy profesional dice. Las partituras y sinfonías de Händel, Mozart, Beethoven, Debussy, Mahler, Chopin, Strauss, Stravinsky (que es su consentido, el compositor que para Saume "se lleva las palmas"), Bach, y partituras de The Beatles, The Rolling Stones, mucho rock, y Real books con partituras de piezas de jazz. Sobre un pequeño escritorio está la computadora desde la que consulta información precisa e inmediata. Pero la relación que tiene Saume con el papel, con la mancha impresa, es fundamental, entre risas comenta ser un músico análogo y no digital, porque la filiación con el papel es especial, la pantalla me parece insustancial, aun cuando la amplitud de información digital es impresionante, si sé que la tengo en mis libros voy a ellos, es que no hay nada más rico que pasar una página.

Me muestra J. S. Bach, el músico poeta, de Albert Schweitzer,en la editorial Riccordi Americana, y me pregunta si conozco al autor, es el famoso médico de la jungla dice, Premio Nobel de la Paz, teólogo y médico que hizo de África el lugar de su filantropía, fue un especialista en la obra del compositor alemán. La ciudad y su música, del maestro Calcaño, una historia de Caracas y su música, Mozart la biografía de Wolfang Hildesheimer, en ediciones Vergara, acá están los libros que utilicé cuando estudié en Estados Unidos, logré traerlos, aunque hoy descansan el sueño de los justos porque ya no voy a ellos, los consulté cuando tenía que hacerlo y es que cada libro es un capítulo de mi vida, mira este libro de Kandinsky por ejemplo, De lo espiritual en el arte, de mis años de estudiante de arquitectura, cuando el cálculo me pegó muy duro, no es la matemática que es la música, una matemática de proporciones, de escalas y no de fórmulas, entonces descubrí que sería músico.

Le pregunto por la potencia del telescopio antes de salir del apartamento, es un Meade Multi-Coated, competente para un aficionado. Saume es un músico que de tanto en tanto, como algunos personajes de Liniers, le echa una mirada al Universo.