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Feliz cumpleaños, Anne

Anne Frank / Foto cortesía

Anne Frank / Foto cortesía

“Ante la primigenia experiencia de llevar un diario íntimo Anne Frank escribe: “Para alguien como yo es una sensación muy extraña escribir un diario. No solo porque nunca he escrito, sino porque me da la impresión de que más tarde ni a mí ni a ninguna otra persona le interesarán las confidencias de una colegiala de trece años”

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Seguramente ninguna adolescente inicia un Diario pensando en que lo que escriba a futuro será público; al contrario, la posibilidad de que sus páginas íntimas sean expuestas les puede causar incomodidad y temor.  La jovencita Anne Frank no es inmune a estas sensaciones, aunque cuando comienza a escribir su Diario, en junio de 1942, a la edad de trece años, lo que menos pasaba por su cabeza era la idea de que la tapa dura que lo protegía pudiera ser abierta por otras manos que no fueran las suyas, y mucho menos que ese cuaderno, regalado el día de su cumpleaños y personalizado con el nombre de Kitty  –para hacerlo más cercano, para convertirlo en confidente–, llegaría a ser público, famoso y aun más: un documento personalizado de una testigo de la purga judía.

Ante la primigenia experiencia de llevar un diario íntimo Anne Frank escribe: “Para alguien como yo es una sensación muy extraña escribir un diario. No solo porque nunca he escrito, sino porque me da la impresión de que más tarde ni a mí ni a ninguna otra persona le interesarán las confidencias de una colegiala de trece años. Pero eso en realidad da igual, tengo ganas de escribir y mucho más aún de desahogarme y sacarme de una vez unas cuantas espinas”.  Es así, pocas personas estarían interesadas en leer las confidencias de una adolescente, pero también muy pocas personas serán ajenas a no 
sentir perturbación ante el relato de una joven que ve cómo se va truncando su vida, junto a la de los suyos, en medio de una situación de guerra y odio étnico: “Nuestras vidas transcurrían con cierta agitación, ya que el resto de la familia que se había quedado en Alemania seguía siendo víctima de las medidas antijudías decretadas por Hitler. Tras los pogromos de 1938, mis dos tíos maternos huyeron y llegaron sanos y salvos a Norteamérica; mi pobre abuela que ya tenía setenta y tres años, se vino a vivir con nosotros. Después de mayo de 1940, los buenos tiempos quedaron definitivamente atrás: primero la guerra, luego la capitulación, la invasión alemana, y así comenzaron las desgracias para nosotros los judíos”.

Al mirar la primera entrada del Diario de Anne Frank el lector se topará con el abreboca de las confidencias de una adolescente corriente, sin mayores preocupaciones que las pertinentes a su edad. El diario será pues el sujeto silencioso en quien ella podrá confiar: 

“Espero poder confiártelo todo como aún no lo he podido hacer con nadie, y espero que seas para mí un gran apoyo” (2 de junio de 1942). Como se leerá en las páginas siguientes, la confidencialidad juvenil centrada en las impresiones de la autora sobre sus compañeros de clases, sus confesiones amorosas en relación a Peter, sus anécdotas en torno a sus admiradores, las notas sobre sus lecturas, los bosquejos familiares cederá las líneas para dar cuenta de la situación de una familia judía que decidió vivir en la clandestinidad ante la inminente posibilidad de ser apresados y enviados a un campo de concentración: “Hace unos días, cuando estábamos dando una vuelta alrededor de la plaza, papá empezó a hablar del tema de la clandestinidad. Dijo que sería muy difícil vivir separados del resto del mundo. Le pregunté por qué me estaba hablando de eso ahora. –Mira, Ana –me dijo–. Ya sabes que desde hace un año estamos llevando ropa, alimentos y muebles a casa de otra gente. No queremos que nuestras cosas caigan en manos de los alemanes, pero menos aún que nos pesquen a nosotros mismos. Por eso nos iremos por iniciativa propia y no esperaremos a que vengan por nosotros”.

El Diario de Anne Frank se convertirá en el apoyo anhelado por la pequeña que paulatinamente verá cómo su vida sólo podrá ser posible de puertas adentro, en el silencio de la clandestinidad. En sus páginas reposarán los recuerdos de su querido gato Moortje “Echo de menos a Moortje a cada momento, y nadie sabe cuánto pienso en él”, la confesión de su amor por Peter: “Quiero a Peter como nunca he querido a nadie” y sus más temores más escondidos: “Porque es el silencio lo que por las noches y al caer la tarde me pone tan nerviosa”.

Su diario llega a ser tan importante que una vez que la familia ha decidido emprender el plan de esconderse, Anne en ningún momento piensa en dejarlo: “Margot y yo empezamos a guardar lo indispensable en una cartera del colegio. Lo primero que guardé fue este cuaderno de tapas duras, luego unas plumas, pañuelos, libros del colegio, un peine, cartas viejas… Pensando en el escondite, metí en la cartera las cosas más estúpidas, pero no me arrepiento. Me importan más los recuerdos que los vestidos”.  

Solamente a Kitty podrá confesar su mayor temor: “Me angustia más de lo que pueda expresar el que nunca podamos salir fuera y tengo mucho miedo de que nos descubran y nos fusilen”.

Estamos en junio, en el mes de cumpleaños de Anne. Ella aún podría estar viva, podríatener nietos y tal vez algún gato, pero no es así. La delación llevó a los Frank y a sus compañeros de escondite a los campos de concentración, la historia es sabida. Hoy hace exactamente setenta y tres años Anne Frank escribió: “Nosotros cuatro todavía estamos bien, y así hemos llegado al día de hoy, 20 de junio de 1942, fecha en que estreno mi diario con toda solemnidad”. Al apuntar estas líneas, la pequeña no sabía que estaba escribiendo el diario íntimo más público de la historia del hombre y de sus peligrosos delirios.