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Fedosy Santaella: “La infancia es un constante estado iniciático”

Fedosy Santaella | Papel Literario

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El derecho y el revés de la literatura venezolana hoy (IV): Entrevista

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1.-¿Puede enumerar los momentos iniciáticos más emblemáticos de su vida? Hable de uno de ellos, por favor.

A ver, no sé, la infancia es un constante estado iniciático. También creo que hay estados iniciáticos que uno ignora y solo descubre años después, como, reitero, lo vivido en la infancia. En ella hay momentos iniciáticos. Como aquellas tardes en que salía del colegio luego de unos cursos de religión, pero en lugar de volver a casa, mis amigos y yo nos íbamos a pasear al malecón de Puerto Cabello, a sus plazas, a la casa Guipuzcoana. El mar también es iniciático, creo que en especial para quienes nacimos o vivimos cerca del mar; recuerdo una mañana que llegamos en bicicleta a la playa. Recuerdo también un día en que subimos a las tomas y los pozos del parque nacional San Esteban en bicicleta; un día que recorrí a pie desde el pueblo de San Esteban la ruta de los españoles hasta el puente los españoles. Todos esos momentos son iniciáticos para la escritura, creo yo.

2.-¿A qué edad supo que quería ser escritor? ¿Cuánto tiempo transcurrió entre ese momento y la elaboración  de su primer libro (publicado o inédito)? ¿A quién se lo dijo por primera vez?

Tendría unos 15, 16 años. Si anotamos 16, un año después, posiblemente, estuvo escrito el primer libro. Nunca lo he publicado ni creo que lo publique. Lo tengo guardado, eso sí. Mis padres, desde el principio, supieron de mi amor por la escritura. Pero quizás fue Dios quien lo supo por primera vez. A él se lo dije. A lo mejor Dios ya lo sabía, ¿no? Pero ni modo, se lo dije a él. Aunque quizás no fue a DIOS a quien se lo dije. Digo Dios por hablar de algo superior a mí y a quien me dirigí en ese instante. Yo miraba el cielo nocturno, eso recuerdo, e iba en la parte de atrás del carro de mi papá. Regresábamos de cenar en Valencia, y esa noche decidí que iba a escribir, que iba a entregarme al lenguaje, a contar historias y que, para ser menos ignorante con respecto a la literatura, iba a estudiar Letras. Hoy día sigo siendo muy ignorante, cabe decir.

3.-¿Autores de cabecera? ¿Han cambiado con los años?

Hace poco le dije a un grupo de alumnos de postgrado de la USB con quienes me invitaron a conversar, que soy un adolescente gigante. Me cuesta desprenderme de mis autores iniciáticos. Me siguen pareciendo grandes autores King, Poe, Cortázar, Conan Doyle, Kafka, Borges… Con los años he sumado, claro, y desechado otros. Ya no me siento cercano a Hesse, por ejemplo. García Márquez ya no me gusta tanto, Rulfo me sigue pareciendo enorme. He sumado a Morábito (como cuentista y poeta), a Monzó, a Cormac McCarthy, a Strand, a Watanabe. Y por supuesto, siguen estando allí Liendo, Centeno, Sequera. Massiani, lo siento, nunca me ha terminado de convencer. La lectura, creo yo, no puede ser conservadora. La lectura es un cuerpo vivo, una bestia deliciosa que muta.

4.-¿Se ha descubierto imitando inconscientemente a un autor? ¿Cómo se ha sentido? ¿Cómo detener esa imitación?

Imité a García Márquez. Imité a Joyce. Con los años, quizás uno va procurando darle un giro sutil a la imitación, y la va llamando influencias o eso tan divertido que llamamos palimpsesto. Al final, ya viejos, puede que terminemos llamando homenaje a la imitación, y eso es lindo, ¿no? De todos modos, también te puedo decir que me he ido cansando de la literatura. Cada vez leo menos literatura, supongo entonces que cada vez tengo menos influencias. Claro, ando metido con Platón, quizás ahora mis amores sean platónicos. O más bien, mis influencias sean platónicas.

5.- ¿Gregario o solitario? ¿Ha formado parte de grupos literarios? ¿Cree en las generaciones literarias?

No me gusta mucho la gente. El ser humano está cada día peor. Ni se diga el venezolano, es lamentable en la cosa en que nos han convertido. Alguna vez me sentí parte de los hermanos Chang, ese grupo de amigos que giraron en torno a esta revista en línea que duró unos diez años y con la que nos divertimos bastante. Ahora ya no me siento parte de ello.  Aunque de allí permanecen personas muy queridas como José Urriola, José Javier Rojas, Joaquín Ortega, Enrique Enriquez, Carlos Zerpa o Sergio Márquez.

No sé si crea en las generaciones literarias. De los que a principios del año 2000 andábamos por allí escribiendo, de mi edad o cercanos hacia arriba o hacia abajo, en verdad no quedan muchos. Tampoco eran un montón. Si esos que quedan, que todavía siguen escribiendo cosas buenas, son una generación, pues bien, allí están los críticos para decirlo.

6.- ¿Usted quiere ser un artista muy famoso o de culto?

Quiero escribir y punto. Ahora, me parece que, con los años, he ido logrando un lector muy específico, no masivo. Eso no me hace escritor de culto, pero sí digamos que mi escritura ha ido llamando a ciertos lectores. Mi búsqueda es cada vez más personal, no comercial. No obstante, eso no quiere decir que mis lectores sean lo que ya son y hasta allí hemos llegado. Creo que puedo seguir dándome a conocer para alcanzar a nuevos lectores que gusten de mi trabajo. Eso tampoco implica que me quiera hacer famoso, pero promocionarse en la justa medida para encontrar lectores que se queden contigo, no es malo. En ocasiones, el boca a boca no basta, no sé si me explico.

7.-¿Publica todo lo que escribe? ¿Lleva diarios personales? ¿Escribiría su autobiografía?

No publico todo lo que escribo, hay unas cuantas cosas guardadas en mis archivos de la computadora. También llevo libretas, desde hace años. Las he ido acumulando. Son desordenadas, sin fecha. En ellas hay apuntes académicos, de trabajo, de charlas, de ideas para retomarlas luego, hay cuentas por pagar, cuentas por cobrar (no tantas como las primeras) y algunos dibujos. Son libretas de verdad, con su caos feo y jorobado, no están pensaditas para la posteridad ni mucho menos. Apuntes, no más.

En cuanto a mi autobiografía, pues en cada libro voy dando cuenta de mí. En todo caso, mi autobiografía no sería sobre mí, sino sobre mi nombre y lo que mi nombre ha ido significando para mí a lo largo de los años. Al final, no somos sino nuestros nombres.

8.-¿Qué opina de la crítica? ¿Hay un crítico solapado en cada autor artista?

La crítica debe existir, y cada crítico tiene su visión de mundo, y es válido que ciertas cosas le fascinen y otras no tanto. Por supuesto, el crítico también debe señalar lo que es literario. Es decir, la literatura se dice de muchas maneras, pero no es infinita. No cualquier cosa es literatura.

En ocasiones, eso sí, siento que algunos críticos o académicos pretenden cuotas de poder, o se pretenden formadores de gustos, o señaladores del canon. Cuando eso pasa, cuando veo que se está tratando de imponer lo que ES la literatura desde una facción, siento asco. Durante cierto tiempo, por ejemplo, me pareció ver una cierta insistencia en hablar de la escritura del exilio, se intentó crear un corpus de autores que supuestamente escribían sobre el exilio… No funcionó, aunque los intentos persisten. Eso me pareció forzado. Ahora, quizás, comience un ciclo de literatura social, que hable de los últimos años del país. Creo que de alguna manera el premio de Barrera obligará un poco a eso. No sé. Cada quien escribe sobre lo que mejor le parece. Lo que no me gusta es cuando intentan imponer un estilo de hacer narrativa o poesía, como si solo eso fuese literatura y nada más. Y no es así, la academia y los concursos no pueden obligarnos o indicarnos lo que debemos o queremos escribir. No todo es literatura, pero tampoco una sola cosa no es literatura. No existe la literatura en sí, como si fuese algo del mundo de las Formas. Existe la literatura de este hombre, de aquel hombre y de este otro hombre. Pero vuelvo a recordarlo, la literatura se dice de muchas maneras, pero no de infinitas maneras.

9.-¿Cómo soporta el peso del mundo?

Me gusta mi estudio, me gusta escribir, me gusta salir de vez en cuando y tomarme un café. Me gusta meterme en mi cama y ver series como Vikingos o Hannibal. También me escapo leyendo a Mankell, viviendo en Suecia (más o menos cercana a Islandia) con el amigo Wallander, o siendo el mismo Wallander. Esos libros de ficción todavía me atrapan.