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Expresionismos

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Hoy inaugura en el Centro de Artes Integradas, la exposición colectiva “Expresionismos”, que reúne obras de los artistas Eduardo Azuaje, Eduardo Bárcenas, José Caldas, Rosa Canelón, Roberto Notarfrancesco, Jorge Pizzani, Rosa Salazar, Julián Villafañe y José Vívenes 

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Existen muchas razones para explicar el origen de las diversas tendencias expresionistas que se han dado a lo largo de la historia del arte. Las motivaciones son diversas y pueden tener carácter colectivo –cuando nos referimos a determinadas tendencias o grupos– o individual. Cada artista expresa un cúmulo de emociones y sentimientos que denotan, en medio de su arrojo, su manera particular de enfocar, interpretar o reinventar imágenes tomadas de la realidad o de su imaginación.

Los expresionismos son ‘el otro lado’ de la tradición plástica en Venezuela opuesta a la abstracción geométrica y al cinetismo, movimientos estos últimos que perduran desde los años cincuenta hasta hoy. Los artistas de tendencia expresionista han resistido a los embates del geometrismo e incluso del arte conceptual, defendiendo el oficio de la pintura, el gesto y la emoción. Luego del informalismo y del llamado realismo mágico, varios artistas asumieron en los años sesenta la libertad de acción en sus modos de pintar: gestualidad y espontaneidad en la pincelada, pinturas de superficies muy texturadas por la acumulación de pigmentos y, en el caso de la figuración, la representación de la figura humana deformada como una manera de expresar su inhumanidad en obras de tema político y social marcadamente críticas. La pintura, entonces, no tenía que ser bella pues lo importante era la denuncia o la expresión pura. En los años ochenta, el predominio de la expresión sobre la racionalidad se dio indistintamente en la figuración y en la abstracción. Se saturaba la tela, la imagen se tornaba vertiginosa, o, se exasperaba el color, la materia, e incluso los soportes.

Los expresionismos siguen manifestándose con vigencia. Como en años anteriores, los contenidos que las imágenes suscitan tienen enorme importancia. Es lo que sucede en la presente exposición titulada Expresionismos, en la que nueve artistas venezolanos, pintores y escultores, con sus estilos y opciones temáticas particulares, operan en función de su emotividad y asumen la figuración como un modo de comunicar mediante la expresión aspectos esenciales de su humanidad. Ellos son: Eduardo Azuaje, Eduardo Bárcenas, José Caldas, Rosa Canelón, Roberto Notarfrancesco, Jorge Pizzani, Rosa Salazar, Julián Villafañe y José Vívenes.

Sus obras demarcan dos grandes líneas conceptuales en la exposición. Por un lado, el arrebato armónico del color que la cotidianidad suscita; por el otro, la visión descarnada o ‘movediza’ de la condición humana. Uno y otro polo son maneras de interpretar la vida o, en ocasiones, de encarnar la muerte.

Rosa Canelón y José Caldas representan la primera opción. Tienen en común pintar el entorno cotidiano y familiar, el hogar y los objetos de una manera vital y festiva. Ambos se expresan por medio del color. La primera nos muestra el alma de las cosas, visto a través de objetos y el entorno íntimo del hogar con armónicas combinaciones cromáticas, basadas en colores primarios y complementarios, vibrantes y de fuerte impacto visual. El segundo, por el contrario, desestabiliza el ordenamiento espacial de las escenas trabajando el color mediante fuertes contrastes de colores primarios. El resultado son obras dinámicas, explosivas, en las que Caldas funde figura y fondo en un estallido cromático incontrolable.  

La segunda línea conceptual de la exposición se vuelca en torno a la presencia de la figura humana. Para Jorge Pizzani, esta es la razón de ser de la pintura que él asume con arrojo, desparpajo y pasión. Del paisaje vertiginoso y voraz que pintara años atrás, ha pasado a representar determinados tipos humanos, rodeados de un hálito particular. Los muestra según sus roles performáticos, cuya interioridad se expresa mediante un gestualismo veloz. El proceso de Julián Villafañe, por otra parte, ha ido más bien a la inversa: de los heladeros que ocupaban casi la totalidad del espacio pictórico ahora representa personajes a menor escala integrados a un espacio segmentado en recuadros, diferenciados según colores, tramas y texturas. Villafañe ha hecho de la materia y el color su lenguaje expresivo y con ello inserta a sus personajes en determinados contextos trabajados mediante procedimientos próximos a la abstracción informal. En escultura, Rosa Salazar crea personajes espigados, delgados, que conforman grupos ‘familiares’, razón por la que cada uno varía de altura según la edad. Dos elementos exacerban la fuerte expresividad que tienen estas piezas: la sensación de precariedad debido a la extrema delgadez de los personajes como los materiales utilizados: papeles atados con pabilo y alambre, tratados con resina y pigmentos que acentúan esta sensación de pobreza. El resultado asombra por la desgarrada visión, casi fantasmal, de su condición humana.

Las cabezas tienen interés particular en la iconografía expresionista tanto en las obras de Pizzani y Villafañe como en las de Bárcenas, Notarfrancesco, Vívenes y Azuaje. Si bien sus pinturas expresan fehacientemente aspectos relacionados con la condición humana, Roberto Notarfrancesco ha decido mostrar cabezas de los grises, los llamados Solipsi Rai, seres pertenecientes al grupo de Orión, de apariencia similar a la humana. Son cuatro cabezas guerreras, que sugieren la contextura física de los seres de esta raza extraterrestre. Eduardo Bárcenas, por otro lado, ha invisibilizado la angustia y el grito contenidos a través de un gestualismo de atmósferas blancas para realizar actualmente rostros macizos, sólidos, de cuya piel se delata una acumulación de palabras o ideas. Se trata de contenidos diversos, algunos en diferentes idiomas, que se integran bajo la piel pictóricamente. En todo este proceso, de carácter más psicológico y antropológico, el monocromatismo es uno de sus distintivos así como la fuerte expresividad de estos rostros.

La tensión política predominante en el país agudiza el sentido crítico y cuestionador que caracteriza a la pintura de José Vívenes. La figura humana ha estado siempre en su iconografía solo que ahora su gestualidad, las veladuras, los ocultamientos de rostros o exacerbación de sus rasgos fisionómicos aluden directamente a la representación del drama del venezolano, víctima del populismo y su falta de identidad. El mal social transforma al hombre en un individuo con carencias, aislado, torturado o destruido. Eduardo Azuaje tampoco se sustrae de esta percepción de la realidad. Sus pinturas aluden con furia a personajes responsables de la violencia, la injusticia y el descalabro al que está sumido el país. Las cabezas hechas con huesos de diversos animales sugieren, en medio de este tejido, a rostros humanos. Pero también hablan de muerte. Atrás quedó el arte como objeto de contemplación para ahora centrarse en una obra crítica y cuestionadora. Es la expresión de la rabia, el desgarramiento y las diversas caras del horror.

Expresionismos resume las diversas posturas que este grupo de artistas asume con respecto a la naturaleza de su oficio. El arte es expresión y, en estos casos, es comunicación. La emocionalidad que impulsa a cada uno de estos artistas a crear es una experiencia personal que arropa en su vorágine también a los demás. Es una forma de develar de verdades y, definitivamente, es también un acto de re-conocimiento. 


Bestiario Siglo XXI, Eduardo Azuaje, 2016