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Evocación fúnebre y modernidad visual

“Nenia 88” / Imagen digitalizada y cedida por Laboratorio de Tipografía de Caracas. Fuente: “La Emblemática de Gerd Leufert”, Galería de Arte Nacional, Caracas, 1984

“Nenia 88” / Imagen digitalizada y cedida por Laboratorio de Tipografía de Caracas. Fuente: “La Emblemática de Gerd Leufert”, Galería de Arte Nacional, Caracas, 1984

Este ensayo tiene un móvil principal: realizar un homenaje al aniversario de Gerd Leufert. Y, por otro lado, es un abordaje de las geniales "Nenias" como evocadoras “del canto fúnebre de la modernidad”

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En una acumulada y demoledora transitoriedad debemos recibir y brindarle un espacio al aniversario del nacimiento de Gerd Leufert (1914-2014), precursor de la profesionalización del diseño gráfico y exponente de la modernidad visual y el abstraccionismo en Venezuela.

Su trabajo, como bien se sabe –y aunque haga mucha falta repensarlo–, fue prolijo (esto es, largo y esmerado) y cómplice con los fundamentos estéticos de la institucionalidad que lo recibió en su condición de doble expatriado, coincidiendo su llegada, al comienzo de la década de 1950, con la plena marcha de la modernización de Caracas. Con estas coordenadas podemos imaginar sus fragilidades y sus fortalezas, que bien podrían describirse como añoranzas convertidas en propósitos y como la construcción de un refugio ante la devastación vivida por el hombre europeo en la década de 1940. Edificar para no perecer. O como bien dijo Heidegger en 1951, (Construir, habitar, pensar), ante el levantamiento masivo de viviendas en la Alemania arrasada por los bombardeos: construir para habitar. Alemania construía desde la desilusión y Venezuela lo hacía, en ese mismo tiempo, desde la esperanza por mejorar la calidad vida de sus habitantes. Y esas dos situaciones, por momentos parecidas y por momentos contrapuestas, constituyeron el lugar de tránsito y vida de Gerd Leufert.

Construir, dice Heidegger, –y quizás también lo afirme Leufert desde el pensamiento visual–, puede conducir al habitar si en el construir se busca la permanencia, el residir: “yo habito tú habitas. El modo como tú eres, yo soy, la manera según la cual los hombres somos en la tierra es el Buanel habitar”. (1)

Heidegger expresa una modernidad desilusionada, el construir y el habitar como empeño para no sucumbir ante la ficción naturalista de volver al inicio huyendo así de la razón malévola, del nacionalismo imperial. La construcción para el habitar implica ir más allá de la modernidad, pero elevándose sobre sus cimientos sin sepultar sus formas y sus gestos. Significa cultivar otras ideas antes que dejar de cultivar: “el hombre es en la medida en que habita”, insiste Heidegger en 1951 y es, quizás, lo que nos trae Leufert como propuesta visual a partir de 1952, cuando a su llegada aprecia el talento visual alojado en Caracas, en la huella que vienen dejando la gráfica y las artes plásticas nacionales, y contribuye a construir –para habitar– las imágenes de una identidad compleja: republicana.

Leufert es parte importante del desarrollo de la sensibilidad visual en Venezuela, de una modernidad cumplida en la renovación de los gestos que vemos hoy en una buena parte del diseño contemporáneo. Su trayecto muestra un amplio campo de acción que va desde los trabajos encargados a la libre exploración plástica. Y en medio de estos dos temas desarrolla un extraordinario trabajo intermedio, híbrido, articulador.


Nenia 89 / Imagen digitalizada y cedida por Laboratorio de Tipografía de Caracas. Fuente: La Emblemática de Gerd Leufert, Galería de Arte Nacional, Caracas,1984 

El maestro inmigrante, en aquel afán constructivo y modernista, pero ya no instrumental y calculador pues se encuentra inscrito en la manifiesta fragilidad del hombre de la posguerra, desarrolló un trabajo visual que reaparece ante nuestra mirada –ante el apartamiento de la modernidad venezolana, ya sea por la acción de una autoconsciencia crítica y culposa o por su marginación del espacio institucional revolucionario–, más de manera temática que antológica, resaltando con especial interés, en estos momentos, las Nenias: una exploración formal que no es totalmente abstracta ni mucho menos figurativa, aunque en ocasiones sí sugerente de formas reconocibles o de tímidos gestos tipográficos. Es un trabajo de carácter orgánico con trazos geométricos y que en un momento tuvo asignado, por el mismo Leufert en complicidad con Victoria De Stefano, una referencia a antiguos ritos funerarios, a una suerte de evocación cuyo lenguaje visual sintético (aunque sinuoso y poco previsible), lo hace moderno y, por tanto, conmemorador de esa misma modernidad que ha sido hoy marginada de la sensibilidad compartida.

Son las Nenias, en este momento de insuficiencia vanguardista, de regodeo autorepresentativo y de compilaciones ideológicas reivindicativas, el canto fúnebre de la modernidad, pero surgiendo en la celebración del aniversario del nacimiento de un persistente constructor del habitar. Como dice De Stefano, las Nenias son fúnebres pero celebran la vida, la de un pasado que por remoto sólo es imaginable (esto es, traducible a imágenes) y la de un presente que quiere celebrar –agradecido–, a su autor: “Con este nombre [Nenias] se designaba a las antiguas composiciones poéticas del ritual pagano de difuntos; eran, pues, cantos funerarios, como la elegía contenían el dolor por un bien perdido. Sin embargo, en las Nenias de Leufert el poder de las formas revierte en vida. Ellas insurgen exultantes, prodigiosas, recuerdan la fuerza primitiva y voluptuosa del fetiche, de aquello que posee el ánima, la simiente del ciclo de la naturaleza. Son plenas, tan plenas como si la visión naciera de ellas…” (2)

No son pocas las preguntas a las que nos conduce toda esa tensión, esa admirable forma de apartarse de las comprensiones ubicadas entre diseño/arte, geométrico/orgánico, abstracto/figurativo, e incluso primitivo/moderno. Al revisar estas imágenes y pensar en algunas de las relaciones que sugieren nos preguntamos: ¿será cierto que el abstraccionismo es una visualidad impuesta y ajena a la sensibilidad local? ¿Tendrá algún sentido esclarecedor la sugerencia de que lo figurativo es más cercano a la sensibilidad visual de un territorio marcado de manera tan arbitraria (es decir, republicana) como “Venezuela”?


Nenia 90 / Imagen digitalizada y cedida por Laboratorio de Tipografía de Caracas. Fuente: La Emblemática de Gerd Leufert, Galería de Arte Nacional, Caracas, 1984 

Las Nenias, como nombre/formas de rituales paganos antiguos, es decir, imágenes sin país, sin patria, nos conducen a reconocer (comparar, asimilar, traducir) el abstraccionismo infinitamente sofisticado de las pintas corporales amerindias o la expresión geométrica del arte de cestería ancestral. Nos mueven a pensar en un tiempo contemporáneo más marcado por la simultaneidad que por la nostalgia retrógrada o el progresismo depredador. Las Nenias son modernistas en tanto emblemáticas, pero son contemporáneas en tanto orgánicas y gestuales y antiguas por las referencias culturales a las que fueron vinculadas. Son discursivas en su conjunto y sugerentes de una suerte de permutación matemático-formal, solo que no de un cálculo maquinal sino de la mano y el pensamiento de su gestor.

Las Nenias, como bien apunta Gloria Carnevali (en un texto inédito titulado Incursión en el mundo Nenia, maqueta del libro no editado sobre las Nenias de 1990, archivo de Álvaro Sotillo, revisado en marzo de 2014), se desarrollaron en un período de unos treinta años de ejercicio visual. Ella lo dice ante un archivo de más de 100 imágenes, que si bien no han sido todavía publicadas ni siquiera en un número amplio, salieron a la luz en varias y pequeñas selecciones en cuatro ocasiones: 1. En 1985 con la exposición Nenias del Museo de Bellas Artes, en la cual tuvieron la ocasión de ser mucho más que figuras por el carácter instalativo de dimensiones gigantes (ideado por Miguel Arroyo) con las cuales se exhibió el conjunto; 2. Como parte de la selección de los emblemas que realizara Álvaro Sotillo para el libro La Emblemática de Gerd Leufert publicado en 1984 por la Galería de Arte Nacional; 3. En el libro, Gerd Leufert Diseñador del año 1976;  4. En una edición limitada impresa en cartón gris por Refolit en 1969.   

Todas estas publicaciones de las Nenias constituyen referencias ineludibles de las prácticas del diseño y también de las artes visuales de Venezuela, es decir, de la cultura visual, pero la exposición del Museo de Bellas Artes es de especial importancia por ese carácter muy cercano a lo que Rancière (en Políticas estéticas), llama la práctica del arte in situ: “(…) la práctica del arte como forma de ocupar un lugar en el que se redistribuyen las relaciones entre los cuerpos, las imágenes, los espacios y los tiempos.” (3)

La atención a aquella exposición de 1985, justo por su carácter simultáneo y multiforme (en tanto relacionado con el cuerpo y la escala), por la convergencia museográfica que se dio con la complicidad entre Gerd Leufert y Miguel Arroyo, nos permite –quizás– repensar la modernidad sin el peso de las culpas impuestas o incluso más allá de las críticas reflexivas y posibilita un encuentro interpretativo, que advierte un sentido de lo político vinculado al manejo de “lo común” y la sensibilidad, tal y como lo sugiere Rancière: “Efectivamente, la política no es en principio el ejercicio del poder y la lucha por el poder. Es ante todo la configuración de un espacio específico, la circunscripción de una esfera particular de experiencia, de objetos planteados como comunes y que responden a una decisión común, de sujetos considerados capaces de designar a esos objetos y de argumentar sobre ellos.” (3)


Nenia 94 / Imagen digitalizada y cedida por Laboratorio de Tipografía de Caracas. Fuente: La Emblemática de Gerd Leufert, Galería de Arte Nacional, Caracas, 1984 

Las Nenias nos propondrían repensar la modernidad, el abstraccionismo, lo primitivo, el rito funerario… y la indispensable necesidad de aumentar la complejidad de nuestras formas de organización comunitaria. Nos permitirían cuestionar la obliteración o el apartamiento de la modernidad para proponer su vigencia como evento indispensable que contribuiría a complejizar al máximo nuestro presente, reconociendo que en su afán universal y abierto al mundo también incluyó la presencia de Venezuela en unas cuantas historias más allá de nuestras fronteras.

El comienzo vanguardista de la revolución socialista soviética, en el cual se cifran alguna de las estructuras del diseño gráfico como disciplina de amplia aceptación local y mundial, nos sugiere que no siempre la sustitución produce potencia creadora. En ello nos hacemos acompañar otro tanto por Rancière, dejando en este corto ensayo sobre el aniversario de Gerd Leufret, las Nenias y la evocación de la modernidad, un final abierto que invoque la reflexión en torno a una comunidad construida con el ensanchamiento del espacio y de la sensibilidad compartida (heterogénea, densa, compleja), y no por el desplazamiento de unos o de otros: “Si los creadores de formas puras de la llamada pintura abstracta han podido transformarse en artesanos de la nueva vida soviética, no es por una sumisión catastrófica a una utopía exterior, sino porque la pureza no figurativa del cuadro –su superficie plana impuesta sobre la ilusión tridimensional– no significaba la concentración del arte pictórico en un único material. Indicaba, por el contrario, la dependencia del gesto pictórico nuevo de una superficie/interfaz en la que arte puro y arte aplicado, arte funcional y arte simbólico se fundían, en la que la geometría del ornamento aparecía como símbolo de la necesidad interior y en la que la pureza de la línea se convertía en el instrumento de formación de un decorado nuevo de la vida, susceptible de transformarse en decorado de la nueva vida. (3)

NOTAS

1.http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/heidegger/heidegger_construirhabitarpensar.htm

2. Victoria De Stéfano. La Emblemática de Gerd Leufert, Galería de Arte Nacional, Caracas, 1984

3.http://www.lugaradudas.org/publicaciones/fotocopioteca/13_rodrigo_alonso.pdf