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Escritura y experiencia

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Miguel Hidalgo Prince parece ser un escritor del linaje de Cervantes. La batalla de Daniel, el personaje que junto al narrador del relato “Antenas” conforma, como en la mayoría de las historias de Todas las batallas perdidas (Caracas: bid & co. editor, 2011), el modelo de projimidad cristiana, como llama W. H. Auden la relación de la pareja Quijote/ Sancho, contra las antenas de la azotea de su edificio, “haciendo movimientos como de artes marciales”, “librando una lucha imaginaria con las antenas”, parodia la lucha de Don Quijote contra los molinos de viento. La proximidad estructural en la construcción de los personajes no es sólo lo que lo vincula con la poética cervantina: en “La isla de Xisca”, Hidalgo Price narra el nacimiento y la construcción (escritura) del relato, convirtiendo el texto en una pieza de ficción:

“Al fin y al cabo el cuento sí podía tratarse de ella. A mí siempre me ha resultado más fácil escribir sobre cosas que he vivido. Es más íntimo, más personal. La escritura se vuelve experiencia. O la experiencia se vuelve escritura (subrayado mío). Uno puede escribir con más sinceridad, por decirlo de algún modo. Lo que me preocupaba es que ella se creyese el personaje del cuento. Como si fuesen lo mismo.

Siempre he dicho que una cosa es la ficción y otra la realidad. El médico argelino que se quedó atrapado en la ciudad plagada por la peste no existió salvo en el libro de Camus. Mandrake no es Rubem Fonseca ni viceversa.

Henri Chinaski no es Charles Bukowski ni viceversa. Y si lo son es lo que menos importa”.

La metaficción quiebra la frontera ficción/realidad tanto arqueológica como genealógicamente: refiere las referencias literarias (autores y textos) como los orígenes de la trama, es decir, expone la memoria personal de Hidalgo Prince, y, al mismo tiempo, su idea sobre el término/concepto “experiencia” como materia de la escritura; relación que Hidalgo Prince concibe dialécticamente al intuir que el artefacto literario posibilita la recuperación (representación) de lo real, mediante una operación narrativa que ordene y de sentido a la experiencia más allá del referente, más allá de del acontecimiento.

Como dice Martí Jay: “Tal vez, la experiencia no sea el lugar de una posible redención cuya supuesta pérdida es causa de lamento, sino una advertencia contra los desastres que no esperan si buscamos hacer realidad ese lugar de manera literal.”

Hidalgo Prince al narrar las inscripciones de la experiencia en el lenguaje, la memoria y el cuerpo de los personajes de sus relatos, remite, en tono menor, lejos de los grandes relatos, a los procedimientos cervantinos (autorreflexión, humor, ironía) que articulan las batallas perdidas de los “personajes inolvidables por amorales e inútiles, sin rumbo y verdaderos, que, según Carlos Sandoval, en el epílogo, “brillan en las páginas” de los diez relatos que conforman Todas las batallas perdidas.

Miguel Hidalgo Prince parece saber, cervantinamente, que las batallas perdidas de la ficción podrían funcionar, en tiempos convulsionados en los que predomina el deslumbramiento de mitos y cultos, como una contraépica del poder: Todas las batallas perdidas sería una de las representaciones posibles de la experiencia de un país culpable de sí mismo, expectante de su mugre y de sus imperfecciones y de sus decepciones e incertidumbres, pero redimido en la potencia y el esplendor de sus personajes e historias menores.