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Escribir en tiempos de crisis

“Yo, Augusto” relata la historia de la vida política de Pinochet a partir del 11 de septiembre de 1973

“Yo, Augusto” relata la historia de la vida política de Pinochet a partir del 11 de septiembre de 1973

“Nuevamente los acontecimientos ocurridos en París marcaron un giro en la charla”

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Viernes 13 de noviembre. Lugar: Sala Bataclan, París

Pasadas las diez y media de la noche la veterana banda de rock californiana Eagles of Death Metal comenzaba a tocar “Kiss the Devil” en la sala Bataclan del distrito 10 de París cuando se escucharon las primeras detonaciones de las kalashnikov. El video de un fan del grupo registra los segundos antes de lo que sería una verdadera carnicería: las balas anunciando la llegada de los verdugos a la fiesta. Una fiesta en la que nadie intuye lo que ya está pasando. Superadas las primeras detonaciones los Eagles retoman con el mismo brío los acordes de su sexto tema.

El grito de “¡Alá es grande!” resuena y lo acompañan las balas que consiguen lo que buscan: gritos, caos, sangre y muerte. El terror.

 

Viernes 20 y sábado 21 de noviembre. Lugar: Círculo de Bellas Artes, Madrid

En un tiempo de crisis e incertidumbre que tiende a corroer y a vaciar el ecosistema cultural, el Festival Eñe es una apuesta por constituirse como un lugar para abrir nuevos pasos.

Así rezan las primeras líneas del manifiesto del Festival Eñe en su séptima edición y que este año dirige el escritor Manuel Rivas. Más de setenta invitados de ramas tan diversas como el cine, la fotografía, organizaciones no gubernamentales, periodistas, críticos, escritores, fotógrafos y, por supuesto, también lectores se encontraron en este centro cultural de la calle Alcalá y que no pudo ser más acertado en su concepción ya que buscó enfrentar a la palabra escrita y sus hacedores con la convulsa realidad de una Europa que no se recuperaba aún de la crisis de la inmigración producto de la guerra y la pobreza de Siria y África pero que los sangrientos hechos ocurridos en la sala Bataclan de París dieron una impronta que marcó todos los encuentros y conversaciones de ese fin de semana.

El pistoletazo de salida lo marcó Juan Goytisolo, quien recibió este año el Cervantes, y su encuentro con el periodista y poeta Antonio Lucas. El autor de Señas de identidad y Paisaje después de la Batalla fue inmediatamente interrogado por su apreciación de los hechos ocurridos en París. No solo en su calidad de intelectual, sino de exilado en esa ciudad durante el franquismo y finalmente por ser el único autor español que vive en Marrakech y conoce perfectamente el mundo árabe. Goytisolo respondió desde su perspectiva como corresponsal de guerra por El País en la guerra de los Balcanes, en Chechenia y Bosnia. Aseguró no estar sorprendido por los ataques, aunque sí por la magnitud del mismo. Y de inmediato aclaró que le parecía un error el que Francia declarara la guerra abiertamente al llamado estado islámico bombardeando Siria. En su opinión aquello era dar a los radicales islamistas lo que buscan. La publicidad suficiente para despertar “el deseo del terror” en jóvenes dentro y fuera del los países árabes. Lamentablemente los hechos ocurridos en Estados Unidos (San Bernardino) hace tan solo una semana nos hacen entender lo acertado de sus palabras.

 

Una novela negra sin crimen (por falta de definición penal)

Otro encuentro interesante fue, sin duda, el del periodista y escritor Ernesto Ekaizer y del abogado Baltazar Garzón. Esta charla tenía previsto hablar sobre el género negro como evidencia de la realidad social pero… nuevamente los acontecimientos ocurridos en París marcaron un giro en la charla. Ernesto Ekaizer, periodista argentino radicado en España, quien cubrió para El País los avatares de lo que se llamó el Caso Pinochet durante la estancia del dictador en Londres. Este caso  se desarrolló en Madrid, Londres, Santiago de Chile, Nueva York y Washington. De esta experiencia Ekaizer publicó el libro Yo, Augusto. Garzón, por su parte, cobró fama mundial no solo por promover una orden de arresto contra el dictador chileno Augusto Pinochet sino también el arresto de militares argentinos involucrados en asesinatos y torturas de ciudadanos españoles durante la dictadura militar. Así que la mesa estaba servida. La intervención arrancó con una pregunta de Ekaizer sobre el malestar de colegas periodistas de países no europeos sobre el hecho de la inmediata cobertura y solidaridad mundial que tuvo lo ocurrido en París y la falta de ella con otros actos de terrorismo que suceden en el mundo; sin ir más lejos, el día de la inauguración del festival ocurrió el atentado en un hotel de Mali con un saldo de 27 muertos que poco conmovió la atención mundial aún digiriendo el asalto a la sala Bataclan. Garzón achacó esto más que a manipulación de los medios al hecho de cercanía geográfica y cultural. Fue una conversación amena e interesante donde ambos hombres debatieron sobre los controles de los estados para detener y perseguir a los radicales. El comercio de armas y los beneficios de la industria cada vez que se declara una guerra. Así como las invasiones a Iraq, Afganistán y Libia han abierto nuevas y sangrientas guerras en el mundo árabe que se vuelven hoy contra los ciudadanos de los países occidentales. Se invade en nuestro nombre y para proteger nuestras libertades, que de inmediato son quitadas y transgredidas no solo por los terroristas sino por aquellos que están encargados de protegernos. La velada fue poco optimista respecto al futuro de paz entre los países islamistas y  los occidentales. No hay una definición a nivel penal de lo que es terrorismo. Lo que dificulta la penalización de estos actos cuando son cometidos por sociedades aparentemente democráticas.

 

El peso de la palabra

El escritor Juan José Millás fue quizás uno de los más entretenidos. Su encuentro con Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, fue una rara mezcla de humor e ingenio. Desde el inicio el escritor acotó que el encuentro se realizaba dentro de una actividad que el festival denominaba “Diálogos intrépidos” aclarando que él era más bien pusilánime y que el único intrépido era Esteban Beltrán. Quien es, además de activista por los derechos humanos, autor de un interesante libro publicado por Editorial Destino, Derechos Torcidos. Beltrán es un hombre culto, inteligente y evidentemente corrido en siete plazas, que termina siendo el objeto de estudio al entrevistador de un Millás que se asemeja a un personaje de Woody Allen, por no decir a Allen mismo en sus mejores comedias. La Palabra del poder y el Poder de la palabra se denomina este encuentro. Y aquí empieza Esteban Beltrán señalando los eufemismos o la manera de llamar, o no hacerlo, a los crímenes contra la humanidad para no ser penados por los tribunales internacionales.

Empieza haciendo mención, nuevamente, de que no hay una definición legal de lo que es terrorismo. Y así es muy difícil perseguir o enjuiciar cuando las naciones democráticas cometen actos que podían ser calificados como tales.

En 2006, el gobierno de Bush pasó a llamar a los desaparecidos “Presos de Alto Valor Estratégico”; a la tortura, “Presión Física Moderada”; a los presos de guerra (cuya tenencia implica una responsabilidad legal), “Enemigos No Combatientes”, eufemismos que ocultan toda una política que bien podría calibrase de terrorista, si existiese una definición penal de la palabra.

Algunos eufemismos tratan de ocultar y otros de atemorizar. Tal es el caso de los discursos usados por Kim Jong Um, el máximo líder de Corea del Norte. Un texto a la población coreana que asegura “La política de nuestro partido de respeto y amor al pueblo” pero aclara la naturaleza de ese amor: “Nuestro partido adoptó la medida de extirpar una inmundicia que persistía en el seno del partido… al descubrir a este grupo de ratas sectarias opuestas a nuestro amado pueblo”. Señala Beltrán que está claro que aquí lo que se trata es de atemorizar. O te atienes a lo que dice el partido o eres una rata inmunda que hay que extirpar.

También se refiere a la pobreza y cómo esta secuestra por términos económicos. No se habla de pobres sino de “pobres coyunturales” o “pobres estructurales”. Una forma eufemística de definir a quienes no tienen nada. Ni educación, ni salud, ni vivienda. O se mide la pobreza a razón de quienes  no pueden gastar más de 1,25% al mes en necesidades no alimentarias. ¿Por qué estos eufemismos? Porque la pobreza no está dentro de los derechos humanos sino en el ámbito de la economía. ¿Por qué? Porque la pobreza es insoportable –se responde–: Si la cobijas con necesidades básicas insatisfechas buscas separar la pobreza del ámbito de los derechos humanos.

Aquí Juan José Millás toma lo dicho en La Lengua Madre, donde el autor y el actor Juan Botto enfocan la fuerza de las palabras según el uso que les des. Porque, según el escritor, hay palabras que salvan y hay palabras que matan.

–La palabra es el único tesoro que es patrimonio de todos porque lo hemos construido entre todos. Eso significa que todos somos coautores, por ejemplo, de El Quijote. Aunque también de los discursos de Nochebuena del Rey. Vaya una cosa por otra.

Para terminar, el autor recuerda el cuento de Hans Christian Andersen, El Traje Nuevo del Emperador: ¿Cómo es posible que un pueblo entero vea vestido a un señor que va desnudo? El éxito de este relato, que siga siendo tan atrayente en la actualidad –explica–, es que eso es lo que nos pasa a todos cada día. En el cuento, el Ministro del Interior o Ministro de la Verdad dice: “Mañana el rey saldrá con un traje extraordinario”. Y así sucede. La gente ve lo que espera ver. Excepto el niño, que es el escritor del pueblo, que dice que está desnudo. Para eso están la escritura y los escritores: para ver lo que está pasando, para pensar en lo que está pasando y, si es posible, para cambiar la realidad en la que vivimos.