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Erase una vez Caracas

Julio Cortázar en su llegada a Caracas en 1976, fue recibido por María Teresa Castillo / Archivo

Julio Cortázar en su llegada a Caracas en 1976, fue recibido por María Teresa Castillo / Archivo

En el dossier dominical que hoy publicamos hacemos memoria de una ciudad querida, que resguarda 447 años de historia, de transformaciones, de experiencias a contar. “Memorabilia de Caracas”, a través de la mención de personajes así como la referencia a datos vivenciales, desea proponer la reconstrucción a través del recuerdo de imágenes de Caracas: tejemos historias, rememoramos datos fundacionales para intentar alimentar una necesidad de preservación. Presentamos ensayos de José Luis Ávila, Narcisa García, Grisel Arveláez y Rafael Arráiz Lucca. Además reproducimos un fragmento de la obra “Las esquinas de Caracas” de Carmen Clemente Travieso, así como en nuestra galería mostramos varios momentos hitos en fotografía de artistas que visitaron nuestra ciudad

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I

“Estamos hechos de pasado”, decía Borges y las ciudades no son la excepción. La memoria es uno de los ventrículos de la urbe. Sin ella no hay pálpito ni emoción. Los recuerdos, vividos o heredados, terminan conformando gran parte de nuestra identidad y son responsables del sentido de pertenencia hacia el territorio que ha sido testigo de nuestra emancipación.

En el caso de los caraqueños toca hablar de olvido. También de ignorancia. Aquí hablo por mi generación. La ciudad del gueto, de las despedidas, del miedo, que ahora somos, tiene parte de la culpa, pero el resto se la debemos a nuestra inmadurez. Siempre me he preguntado por qué Caracas carece de un museo que nos hable de lo que fue, es y podría ser.

Intento con estas líneas empezar este trabajo remitiéndome a los visitantes capitales –así los llamo– que vinieron a la ciudad desde mediados del siglo XX con el deseo de que el recuerdo nos invoque al rescate.

El primero al que haré referencia es uno de los escritores más importantes de todos los tiempos. Ernest Hemingway visitó Caracas con su estampa de luchador cuando transitaba sus 60 años. El periodista de El Nacional, Carlos Dorante, se lo topó en una librería el 23 de enero de 1956 y la conversación quedó registrada en las páginas de este periódico: “Admiro a quien escribió la Biblia. Parece que tenía talento, ¿verdad?”, le dijo el autor de El viejo y el mar.

Cinco años después, pisó el aeropuerto de Maiquetía el premio Nóbel  William Faulkner. Transcurría el mes de abril de 1961. Aquí recibió la Orden Andrés Bello, dictó varias conferencias y gozó de su afición por montar a caballo. El historiador venezolano, Edgardo Mondolfi, visitó su casa-museo en Oxford (Estados Unidos) y en una entrevista previa me contó de la influencia que el escritor norteamericano tuvo en la generación del boom latinoamericano. Por cierto, todos sus exponentes estuvieron en Caracas.


El mismo Mario Vargas Llosa contó en su más reciente visita a Caracas que Venezuela fue el primer país que le concedió un premio internacional, el Rómulo Gallegos, y se refirió a la ciudad como uno de los epicentros culturales más resonantes de la época. Otros asiduos visitantes fueron Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes.

Punto y aparte, el 08 de febrero de 1982 llegó Jorge Luis Borges. La reseña de Jessie Caballero en El Nacional cuenta que la ciudad lo recibió con lluvia. Se hospedó en el Caracas Hilton y al día siguiente asistió a una firma de libros en la librería Lectura del Centro Comercial Chacaito. El evento se convirtió en una rueda de prensa. “¿Es otra de sus sorpresas eso de venir a Caracas para ver colear toros? No, quiero ver eso para contárselo a unos amigos uruguayos que creen que no sea posible”, contó sobre la fascinación que le producía el espectáculo taurino. Al día siguiente, asistió a un coloquio en Macondo, la casa de Miguel Otero Silva, en el que participaron Tomás Eloy Martínez, Arturo Úslar Pietri, Juan Liscano, Ernesto Mayz Vallenilla y Ben Amí Fihman. El joven reportero Roberto Giusti resumió sus declaraciones más sorprendentes para El Nacional. “Soy anarquista. El gobierno militar de Argentina es un mal necesario. Muchos españoles han aprendido castellano en Caracas o Buenos Aires. Detesto los sonidos de mi voz. Ser conocido me incomoda. Yo no pienso en los lectores. No me interesa el éxito”.

También del Cono Sur, Julio Cortazar visitó el país por primera vez en mayo de 1976. “Ni místico, ni visionario, ni escéptico. Soy un cronopio”, así se definió ante el reportero de El Nacional, Lorenzo Batallán. El autor de Rayuela era amante del boxeo y aseguró que la lucha era mucho más segura que los automóviles en las calles de Caracas. “Yo he sido un animal muy solitario y no me gustaba, ni me gusta conocer escritores, salvo que las circunstancias lo impongan. Yo dejo que el azar organice las cosas porque lo hace mejor que los carnés sociales. Lo reencontré en París. Sigo creyendo que Borges es uno de los grandes maestros de la literatura latinoamericana y sigo lamentando sus aberraciones políticas que me distancian radicalmente de él en ese plano”, dijo sobre su compatriota.

 

II

Caracas perdió su puesto como sucursal del cielo. Según el informe de la ONG mexicana Seguridad, Justicia y Paz, publicado en enero pasado, la capital de Venezuela se convirtió en la segunda urbe más riesgosa del mundo, con una tasa de 134 por cada 100.000 habitantes.

La cifra, por demás desalentadora, nos habla de una realidad aplastante que nada tiene que ver con la ciudad que otrora visitaron Hemingway, Faulkner, Borges, Cortazar, Benedetti, Ionesco, Rulfo, Bolaño, entre tantos otros.

En este sentido, no puedo dejar de interrogarme si otras ciudades del ignominioso ranking, como San Pedro de Sula de Honduras, Calí de Colombia o Maceió de Brasil, contaron con la presencia de grandes artistas como los antes citados. Asimismo, me pregunto si alguna de estas urbes tiene acaso el urbanismo, patrimonio moderno y legado cultural de Caracas. En un acto de justicia, queda claro que la capital de Venezuela no pertenece a esa lista. Ninguna de sus compañeras la alcanza en virtudes. Por desgracia, fueron nuestros gobernantes quienes permitieron el descenso.

 

To be continued…