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Entrevista a Leonardo Azpárren Giménez

Leonardo Azparren Giménez / ARCHIVO

Leonardo Azparren Giménez / ARCHIVO

Con motivo de la presentación de la internacional obra de Shakespeare, Hamlet, Catherine Medina Marys realiza una entrevista al renombrado crítico teatral Leonardo Azparren Giménez, quien considera el montaje del famoso escritor inglés como “muy rico en posibilidades interpretativas, en la inmensa libertad que le da a un director para que lo ponga en un escenario, y da unos márgenes de libertad de tal naturaleza que pueden hacer que el director se desoriente”

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Recibí con beneplácito la noticia de que la única función de Hamlet: Globe to Globe, el espectáculo itinerante del Globe Theatre de Inglaterra, agotó las entradas del Centro Cultural Chacao el pasado lunes 8 de diciembre. Esto evidencia que en Venezuela existe un público interesado en el trabajo de William Shakespeare.

Sin embargo, este no es un autor que se caracterice por su popularidad en las tablas venezolanas. De hecho, en este año destacaron sólo dos montajes del famoso dramaturgo isabelino: Hamlet, del grupo CIANE, y el Otelo de Javier Moreno. Recordé entonces mi conversación sobre el tema con Leonardo Azpárren Giménez, reputado crítico teatral y magister en Teatro Latinoamericano, además de ser individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua.


¿Suele representarse a Shakespeare en Venezuela?

Las primeras noticias que yo tengo de Shakespeare en Venezuela se remontan a las dos primeras décadas del siglo pasado. Una compañía trajo un Hamlet que según la crítica estaba montado de una manera moderna y natural. Eso es en cierto sentido una crítica a la forma rebuscada que tenía el teatro romántico de representar las obras. Después pasan casi cincuenta años sin que se haga Shakespeare acá en Venezuela hasta que en 1959, mayo para ser exactos, Nicolás Curiel en el Teatro Universitario hace Noche de Reyes. Después en el año 1962 hace Romeo y Julieta, y en el 76’ hace un espectáculo que él llamó Yo, William Shakespeare. En los años anteriores no hay noticias, o al menos yo no tengo. El teatro venezolano estaba preocupado de otras cosas. De tal manera que Shakespeare tiene mucho que ver con todas las renovaciones del mismo a partir de 1958. En 1977 Humberto Orsini presenta un espectáculo muy interesante que se llamó La Otra historia de Hamlet, que presentó en el Tercer Festival de Teatro Venezolano. Una visión política que no está tan alejada del sentido de Hamlet, esta es una obra de un alto contenido político –que pocas veces se resalta– en el que Hamlet planifica la toma del poder para reivindicar el trono de su padre que ha sido asesinado. De ahí en adelante Shakespeare empieza a hacerse más o menos familiar en Venezuela por el entusiasmo que supuso toda la renovación teatral de los años 60 y 70. Ugo Ulive hizo también un excelente Romeo y Julieta en el viejo Teatro Caracas; a comienzos de 1970 está el Hamlet que monta Horacio Peterson en El Ateneo de Caracas con Esteban Herrera y después de eso se ha seguido representando con altibajos y con mayor o menor presencia.


¿Por qué no es más frecuente en el teatro venezolano?

Shakespeare supone altísimas exigencias artísticas de interpretación, y yo creo que eso hace que mucha gente no se atreva a montarlo, pues en el teatro venezolano son pocos los que tienen capacidad artística para hacer un montaje de Shakespeare. Se trata de un autor con grandes exigencias artísticas, porque es de los pocos autores que inventó un estilo de teatro: Esquilo en la Grecia clásica, Shakespeare en el siglo XVIII; Ibsen en el XIX; Chéjov, Brecht y Beckett en el XX. Por otra parte, Shakespeare es un autor muy rico en posibilidades, con un lenguaje tan abierto y tan flexible que permite de todo. Hay directores que hacen lo que quieran con Shakespeare. Bueno, en cada caso la crítica tiene que analizar el resultado, porque está bien que un director quiera, a partir de Shakespeare, hacer una serie de planteamientos, lo cual es totalmente válido. Los resultados son lo que certifica si lo que hizo el director tiene la calidad artística que le haga honor al autor del que se está sirviendo para hacer lo que ha querido hacer.

Cabrujas contaba, en alguna ocasión, que a comienzos de los años 70 hubo un montaje de Otelo del Teatro Nacional Popular, dirigido por Román Chalbaud y protagonizado por Fernando Gómez. José Ignacio comentaba que en los momentos más serios de la tragedia, el público se reía porque le parecía ridículo que un personaje del tamaño de Otelo armara un problema de esa magnitud porque la esposa le había perdido un pañuelo. Una manera de ver a Shakespeare y una reflexión el público que no tiene nada que ver con los propósitos de quien ha montado la obra.

Es más difícil hablar de la influencia de Shakespeare en nuestros dramaturgos. Se pueden hacer rastreos en autores como Cabrujas, como Chocrón, eventualmente en César Rengifo y en Rodolfo Santana, en el sentido del manejo de estructuras abiertas para el planteamiento de la historia que se quiere contar. De resto no es mucho que se puede decir.


¿Considera que Shakespeare es un autor complicado?

Complicado no, complejo porque es muy rico. Es muy rico en posibilidades interpretativas, en la inmensa libertad que le da a un director para que lo ponga en un escenario, y da unos márgenes de libertad de tal naturaleza que pueden hacer que el director se desoriente. Entonces es complejo por la gran riqueza de alternativas interpretativas que él ofrece. Por eso es que uno ve en cine diversidad de películas sobre una misma obra de Shakespeare y cada una completamente distinta. Es complejo por su riqueza y siendo un gran poeta como fue, el lenguaje verbal que utiliza es de una elaboración sumamente exquisita que hay que saber decir. Saberlo decir en el sentido de comprender plenamente lo que Shakespeare quiso decir para transmitírselo al espectador.


A mi parecer, los personajes que más llaman la atención son los más atormentados.

La tragedia como forma teatral siempre es más respetada y adorada que otras formas, pero si uno hace un balance de todas las obras de Shakespeare se da cuenta de que hay más comedias que tragedias. Shakespeare fue un autor joven, sus grandes obras se escriben cuando tiene 20 ó 30 años y sus personajes lo reflejan: Hamlet es un veinteañero, Otelo también anda en sus 30. Lear es un viejo y Macbeth es un muchacho. Eso le da a las obras una gran vitalidad, un gran colorido, que la sobras respondan a una gran imaginación para crear situaciones y personajes, Era un autor que conocía muy bien a su espectador, de tal forma que cuando les decía algo sabía que sería comprendido.


¿Son célebres los personajes de Shakespeare porque ser humanos?

Claro. De hecho Harold Bloom ha llegado a decir que Shakespeare inventó a la humanidad. Es el autor que comprendió profundamente bien todo el drama del hombre moderno, que se desprende de siglos medievales, que va hacia un futuro, que no siente cómo puede hacer y es el primer inventor del teatro moderno. Nadie como él ha llegado a esa comprensión.


¿Cómo cree que llega a esa comprensión?

El genio nace, no se hace. Ese es un secreto, se pueden aprender técnicas de escritura, y se puede conocer muy bien la escritura teatral que venía muy bien de la edad media y los grecolatinos, es obvio que él conocía eso. Pero el genio es otra cosa que se pone al lado de la técnica y que puede no ser explicable.


¿Qué cree que permita que nosotros estemos hablando de Shakespeare en un país tan lejano de Inglaterra como lo es Venezuela 450 años después de su muerte?

Por su universalidad. Cuando Akira Kurosawa quiso hacer alguna de sus grandes películas, acudió a Macbeth, así nace Trono de Sangre. No encontró en la mitología japonesa algo para expresar lo que él quería y recurrió a Shakespeare.


Para finalizar, ¿por qué cree usted los personajes de Shakespeare son tan extremos y al mismo tiempo tan humanos?

Porque Shakespeare escribía sin hacer concesiones salvo al teatro que estaba escribiendo.