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Entrevista a Juan Carlos Chirinos

Juan Carlos Chirinos / Leonardo Noguera

Juan Carlos Chirinos / Leonardo Noguera

Juan Carlos Chirinos (Valera, 1967) estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas y en la Universidad de Salamanca. Su última novela, Gemelas (Casa de cartón, 2013) es un thriller que se lee con avidez y un placer no exento de risas

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—¿Dónde nace el germen de Gemelas?

—Comencé a escribir pensando en aquella idea de Poe según la cual el mejor tema es la muerte de una mujer hermosa; imaginé que una chica se tiraba por una ventana, y así escribí el primer capítulo, de un tirón, mientras viajaba en tren de Sevilla a Madrid. Cuando llegué a mi casa, releí lo escrito y me di cuenta de que era el germen de una novela, que luego fue tomando forma, y terminó siendo un thriller sobre el mal, sobre Madrid, sobre los animales y algunas otras cosas.

En una entrevista sobre Gemelas leí que la novela se convirtió en policial. ¿Nos puedes hablar un poco al respecto?

—Cuando apareció un policía, fue inevitable que la novela se convirtiera en un thriller de corte policial; pero no voy a decir que fue una verdadera serendipia: cuando lo supe, lo quise.

—¿De dónde surgen tus detectives, Agustín Bermejo, y su compañero, Benjamín Cruz?  Háblanos un poco de esta búsqueda de tu narrativa dentro de la novela negra.

—Aparecen como producto del desarrollo de la trama; hay un policía en la historia, entonces necesita un compañero con quien interactuar: influjo, me imagino del C. Auguste Dupin, de Poe, o del padre Brown, de Chesterton. Es decir, influjo de tantos años leyendo thrillers y novelas policiales.

—Tu detective tiene cuatro libros de cabecera: ¿Quién se llevó mi queso?, de  Spencer Johnson; Por dos balas de Plata, de Phillip M. Ranchigan; Noticias de la Noche, de Petros Márkaris, y Seguro está el Infierno, de Tomás Onaindía y José Manuel Peláez. ¿Por qué estos libros?

—Como ese personaje –Agustín Bermejo– lee libros para distraerse y aprender, me pareció lógico que poseyera la primera novela de la serie del Kostas Járitos, de Márkaris, a quien imito descaradamente. Los otros libros son pequeñas claves para lectores curiosos, pero el último que citas está allí como un homenaje a José Manuel Peláez, amigo y muy querido profesor de cuando estudié en la Universidad Católica Andrés Bello, y a Tomás Onaindía, gran amigo mío aquí en Madrid. Ambos escribieron esa divertidísima novela que es Seguro está el infierno, llevada al cine y que todavía se puede disfrutar con placer.

―¿Qué te parece que califiquen a Gemelas de novela ecológico policial? ¿Te gusta el término?

―Es una manera de verla: hay animales exóticos que invaden Madrid, hay muertes extrañas, hay un clima de suspenso: no es del todo desacertado, pues, que se le califique de thriller ecológico. El término me gusta, pero espero que no agote las posibilidades de interpretación. Para mí la polisemia siempre es más deseable.

―Todo en Gemelas es luz y oscuridad. Son los opuestos. Pero no que se oponen sino que se superponen. Palimpsesto es una palabra que usas mucho en tus entrevistas y en tus novelas. ¿Qué hay en ti de ese sobreponer capas y capas, unas sobre otras, de historia?

―Creo que la curiosidad. La voraz curiosidad hace que me interese por la Regla, de San Benito, y las Meditaciones, de Marco Aurelio; por el Lucifer, de Mike Carey, y las ideas filosóficas de Michel Onfray o Ernesto Mayz Vallenilla; por las reflexiones de Cyril Connolly y Knut Hamsun; por Bach y Brahms, José Luis Perales y Franco Battiato; por todos los juegos de video; por las series de televisión, como Homeland, Utopía o House of cards, y la mirada sobre Hildegarda de Bingen y Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta. Me parece que es culpa de Terencio: nada de lo humano me es ajeno (e incluyo a los gatos). Por otra parte, pienso que todos somos así, palimpsestos, seres hechos de capas y capas, algunas oscuras, otras luminosas; es nuestra naturaleza.

―¿Algunas influencias a la hora de escribir novela negra?

―Muchas: pero todas inconscientes. Salvo las que esté leyendo en el momento de escribir. Todos los libros hablan de otros libros.

―A la hora de crear esta novela, ¿investigaste para hacer verídica toda la trama policial?

―Algunas cosas las investigué: cómo hacer una autopsia, por ejemplo. Otras ya las sabía, por afición, como la vida de las hormigas. Mi gato, Siro, que es personaje de la novela, me ha enseñado casi todo lo que sé de esos fabulosos animales. También caminé mucho por Madrid, recorriendo lugares que ya conocía, pues vivo cerca de ellos, o porque quería ver cómo eran en realidad. La iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha por ejemplo, entré muchas veces y detallé su mobiliario y sus techos para escribir una escena que se me resistía. Una sola cosa no hallé para mi novela por más que investigué, leí y pregunté: ¿cómo se llama ese trozo de madera de las puertas con el que nos tropezamos cada vez que entramos en una iglesia?

―Has declarado que esta novela la escribiste antes que Noche bosque ¿Cuál es la relación de Juan Carlos Chirinos con una y otra novela?

―Ahora mismo, un autor que ha aprendido mucho escribiéndolas, y que añora el gozo que le produjo hacerlas. En el fondo, una novela no deja de escribirse hasta que se publica, así que quizás deba considerar Noche bosque anterior a Gemelas, aunque esta haya sido escrita primero.

―Madrid luce tan o más incompetente burocráticamente hablando que cualquier ciudad del tercer mundo. No se enteran de nada y tapan la verdad con un dedo. Háblanos un poco de esto en relación a una emergencia como animales salvajes invadiendo Madrid en la vida real.

―Una cosa es cierta: los políticos tienden a ser igual de mediocres en todos los países. Sólo que son mediocres, cada uno, a su manera. No me quiero imaginar lo que podría pasar en Madrid si ocurre una invasión de animales exóticos: con los gobernantes que padecemos ahora, seguramente tendríamos que acostumbrarnos a ver pasear elefantes por la Gran Vía y corocoros en el Manzanares. Y tendríamos que tener cuidado de noche con los tigres y los leones.

―¿Nos hablas un poco de tus proyectos?

―Tengo un solo proyecto: escribir libros. Y hasta que no termino uno, prefiero no hablar de él. Escribo novelas, escribo cuentos, escribo biografías, escribo estas respuestas.

―Hace poco estuviste en Venezuela en un encuentro literario. ¿Qué te pareció tu reencuentro con el país?

―Cuando regresé a Madrid, un amigo me preguntó cómo me había ido en Venezuela. Me quedé pensando un instante y me di cuenta de cómo me había ido: “un poquito mejor y un poquito peor”, le contesté. Volví a ver a mi familia, y sentí orgullo por el premio en Valencia a Pilar Barbeta, mi sobrina escultora. Además fue un reencuentro hermoso con queridos amigos de toda la vida como Silda Cordoliani, José Balza, Vasco Szinetar, Michelle Roche, Roberto Echeto, Mariana Marczuk, Kira Kariakin y Humberto Valdivieso; volví a ver a mi admirado Jesús Olza y a mi querida Elisa Maggi, la “inventora” de la verdadera Feria Internacional del Libro de Caracas. Conocí a gente extraordinaria, y pude mostrar, orgulloso, la Venezuela que vale a los amigos españoles con los que fui a la Filuc. Pero también tuve que padecer la mediocridad que se ha hecho con el poder en Venezuela y, lo más triste, volví a sentir esa sensación de exilio que me invade cada vez que piso el aeropuerto de Maiquetía. Así que sí, fue así: me fue un poquito mejor, y un poquito peor. Pero lo volvería a repetir.