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Entrevista a Ivonne Rivas

La reciente aparición de La cueva de los encantados y otros relatos (Editorial Planeta, 2014), nos permite reencontrarnos con la obra de Ivonne Rivas (1950), que desde la publicación de Cómo surgieron los seres y las cosas, en 1986, ha sido recurrente en su interés por los mitos amerindios. Antes de esta colección de relatos, en 1994 publicó El dueño de la luz. Acompañamos la entrevista de un texto de un texto de Fedosy Santaella, del año 2008, que leyó en la presentación de la novena edición de este último libro

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¿Podría compartir con los lectores del Papel Literario cómo se produjo su conexión con el tema de los mitos amerindios?

La sensibilidad y curiosidad hacia las cosmogonías universales y los mitos amerindios, me las despertó el maestro de la palabra hablada y escrita Adriano González León. Nos inició en las lecturas del Popol Vuh para llegar a Miguel Ángel Asturias, motivó el encuentro con el poema de Gilgamesh para deslumbrarnos con los inicios de la Historia a través del surgimiento de la escritura, y obligó para nuestra dicha la lectura de Homero, Robert Graves y La Rama Dorada. Todo eso ocurrió durante el período de la Renovación de la Escuela de Letras en la UCV.

A su vez, el boom de la literatura latinoamericana en esos mismos tiempos, promovió valiosas obras de algunos escritores que mostraron la realidad de nuestros países desde una visión más parecida a lo que somos, realidad donde todo es posible y válido, puedo destacar que  entre muchos otros, Carlos Fuentes con Aura, Gabriel García Márquez con Cien Años de Soledad y Juan Rulfo con Pedro Páramo, fortalecieron los mitos presentes en la cotidianidad y el imaginario social de toda América e hicieron posible acercarse a expresiones estéticas autóctonas de gran belleza.

Agradezco a Marc de Civrieux que en 1970 nos deslumbró con Watunna, mitología makiritare, ya las muchas motivaciones y experiencias que provocaron en mí el interés por lo autóctono y popular. Considero que el estudio, la lectura y el sentimiento fueron fundamentales en la valoración de los mitos y la literatura popular, y ante todo cuando descubrí las conexiones entre la Odisea y la mitología o entre el rito y el mito en cualquier cultura.

Además, quiero compartir que mi padre Juan Rivas Tovar, un caraqueño muy especial y curioso, tenía agrado y gusto por llevarnos de niñas a todas las fiestas patronales tradicionales de los pueblos de Venezuela que visitábamos, las cuales sorprendían por sus estéticas y la multitudinaria asistencia de una colectividad convencida de participar en una ritualidad con la que se identificaba. Luego supe que esas fiestas populares eran ritos donde se materializan y expresan los mitos, y que de diversas maneras llevan a los participantes a reconocer, en forma consciente o inconsciente, las huellas del pasado común y el ser parte de una totalidad.

A finales de1976 surgió la posibilidad de trabajar en el INIDEF, institución adscrita al CONAC y la OEA, cuyos objetivos eran la investigación y divulgación de las culturas tradicionales desde la perspectiva de la antropología cultural, el folklore y la musicología, lo dirigía la Dra. Isabel Aretz. Me propuso crear una unidad de estudios literarios y lingüísticos en esa institución. Esos momentos  de iniciación contribuyeron al maravilloso viaje de intercambio y estudio con las culturas orales tradicionales en nuestro país y  otras latitudes.

Las culturas orales amerindias a las que me dediqué, yendo y viniendo por cuatro años, registrando mediante grabación, trascribiendo las palabras habladas en escrituras para su archivo y posterior investigación o recreación, fueron: la Piaroa en las comunidades del río Sipapo y Cúao, afluentes del río Orinoco en el territorio Amazonas; la Warao, comunidades del Caño Winikina en el Delta Amacuro; la Yukpa en el pueblo de Tukuko, Sierra de Perijá del territorio zuliano.

Simultáneamente, trabajé a distancia un extenso material oral grabado con música, muy valioso y transcrito en décimas, perteneciente a las comunidades criollas de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, estudio publicado por la OEA en 1978.

Esa experiencia directa del encuentro con los mitos, los cuales cuentan y condensan lo que para nosotros es la protohistoria y la literatura de los pueblos orales, ocurrió a finales de los años setenta, y ofreció la motivación para crear los relatos que comencé a publicar en 1986 y cuyas fuentes primordiales son los mitos y las cosmogonías amerindias.

 

¿Podría señalar algunas de las principales características de los mitos amerindios en el plano latinoamericano? 

Las mitologías de los amerindios de América Latina poseen muchas características comunes con otras culturas universales, en el caso particular de las cosmogonías comulgan todas en pensar que el cosmos surgió del caos. Algunas expresan que un ser superior mediante la palabra ordenó todo. Otras dicen que de las aguas primordiales o de los huevos cósmicos se inició la división de los opuestos y de sus partes surgió la vida tal y como la conocemos.

Todas son interpretaciones válidas que le dan cohesión a los grupos humanos y justifican la existencia desde siempre, y no olvidemos que todos los mitos y las cosmogonías existen desde los inicios de la humanidad para explicar los orígenes, integrar y dar respuestas a los hombres sobre lo inexplicable y reposan en el inconsciente colectivo.

Todos los mitos son singulares y especiales, corresponden a la cosmovisión y el conocimiento del medio ambiente del pueblo que desarrolla una particular cultura, por eso los mitos dan respuestas a las necesidades de los hombres en su contexto y en relación a lo que se entiende por realidad.

Puedo decir que entre las principales características a resaltar en los mitos amerindios que conozco, está la relación y comunión con la naturaleza, el panteísmo presente en los pueblos amerindios se muestra en las mitologías al establecer una relación indisoluble entre el universo, los dioses y naturaleza, en la cual los hombres son prolongación de la naturaleza en su totalidad cósmica, visión holística muy valorada en la actualidad.

Asunto muy diferente ocurre en los mitos que son asiento de creencias monoteístas, donde el dios está por encima de todo y la humanidad surge de la voluntad suprema de un ser superior que la crea partiendo de la palabra y utilizando elementos naturales: tierra, maíz, madera, cera, frutos de moriche, animales, los cuales en cada cultura corresponden a los del entorno que afecta y condiciona a la sociedad.

Resulta curioso que el inconsciente colectivo registrado en los mitos, habla en muchas oportunidades sobre el comienzo de la vida en nuestro planeta desde una realidad caótica, coincidiendo con las teorías de Albert Einstein a principios del s XX, cuando interpreta y expone como el Big Bang fue el acontecimiento cósmico que dio inicio al universo que conocemos y se convierte en nuestra cosmogonía contemporánea.

Es importante resaltar que las mitologías son orales en sus inicios y en el tránsito a la escritura son susceptibles a muchas interpretaciones y originales aproximaciones sobre las historias y los contenidos esenciales que transmiten. Las fuentes que he utilizado en mis relatos son los mitos que registre en sus diversas variantes y versiones, de las cuales me apropio para crear mis relatos.

 

En el contexto de la literatura venezolana, ¿están, de algún modo, presentes estos mitos en su narrativa o en su poesía?

Hace mucho tiempo que no me dedico a los estudios literarios en sí, sin embargo recuerdo en la obra de autores como Rómulo Gallegos, la presencia de algunos mitos autóctonos en su narrativa sin mencionar la procedencia ni subrayar que fueran parte de determinada mitología. También Arturo Uslar Pietri introdujo en algunos de sus relatos la dimensión mitológica y maravillosa de nuestra realidad. No son pocas las creaciones literarias venezolanas que tienen el sustrato en los mitos y las leyendas populares. En la poesía de Vicente Gerbasi, Luis García Morales o Juan Liscano, hay referencias a la sabiduría milenaria de las culturas autóctonas y los mitos están de alguna manera expresándose. En la plástica, Cesar Rengifo nos legó un estupendo mural sobre Amalivaca.

 

La poca información que se tiene de la vida actual de las etnias en Venezuela, anuncia un panorama desolador, de precariedad en muchos sentidos. ¿Cree Usted que estos mitos tienen hoy presencia en la vida cotidiana de estos pueblos?

Creo que cuando hablamos de las etnias autóctonas, lo hacemos desconociendo que sus culturas siguen vivas. Aun cuando muchas etnias se hayan convertido en población criolla, sus sabidurías ancestrales están presentes en sus comportamientos, creencias y ejercicios humanos. Las culturas heredadas se ejercen en sus desenvolvimientos colectivos e individuales. El ejemplo de las culturas ejerciéndose y transformándose se observa en diferentes planos. En Caracas poco conocemos de las realidades regionales y sólo muy parcialmente a través de algunas personas con las que nos relacionamos en nuestra cotidianidad citadina, sin embargo logramos sentir en sus creencias, palabras, actitudes y costumbres la presencia de las sabidurías ancestrales. Fuera de la capital, en ciudades de regiones como la zuliana, la amazónica y la guayanesa, están presentes prácticas culturales que son herencias indígenas. Los mitos tienen presencia en las costumbres cotidianas de las comunidades indígenas y criollas, ya sea en forma consciente o inconsciente en la mayoría del país. Los mitos, las leyendas, los dichos y las fábulas se siguen repitiendo de boca en boca, siempre cambiando y sin desaparecer. Los hechos culturales son como la vida, cambian, se modifican, parecen otros y están relacionados: son como el uroboros mordiéndose siempre la cola y diciendo del ciclo eterno de las cosas. Las culturas son la humanidad.

 

Cuéntenos, por favor, una historia que a Usted le guste especialmente.

No es una historia sino un acontecimiento que me emociona y es el hecho de la procedencia de las lenguas que hablamos: una gran parte de la población mundial, en la actualidad 45%, se comunica mediante lenguas Indoeuropeas, o sea que todos nosotros en América Latina y en gran parte del mundo conocido, hablamos lenguas y utilizamos lenguajes provenientes de la cultura indoeuropea o indoaria. Aunque es difícil de comprender, el castellano, al igual que las otras lenguas romances provenientes del latín, así como el sanscrito, son lenguas indoeuropeas.