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Encuentros entre líneas: ¡Yo sí fui miembro de mesa el 6D!

Las acreditaciones son otorgadas por el CNE y por la Junta municipal electoral / foto Lucía Jiménez

Las acreditaciones son otorgadas por el CNE y por la Junta municipal electoral / foto Lucía Jiménez

Las elecciones parlamentarias 2015 quedarán grabadas en la memoria de los venezolanos. Muchos lo celebrarán a grandes voces; otros tendrán que aceptar la derrota. Algunos, solo algunos, recordaremos también ese día por poder contar por primera vez la experiencia de trabajar detrás de las mesas electorales

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A las 5 am del 6 de diciembre había ya bastante movimiento en la calle. Desde el principio se notaba que no sería un domingo normal. A las puertas de la Unidad Educativa Colegio El Ángel un soldado del Plan República comprueba tus credenciales y te abre paso.  Adentro el coordinador del CNE y el teniente están dando la bienvenida. Se nota que no están todos. 5:25 am.

Ser miembro de mesa es una obligación, un deber de ciudadano. Y así lo vemos todos. Son pocos los que alguna vez me han dicho que esperan salir sorteados. Aunque es cierto que entre los jóvenes entusiasmados crece el deseo de participar como observadores en un proceso del que hasta hace unos años desconfiaban, la sola idea de estar ahí por obligación retuerce sus caras.

Cuando –hace ya varios meses– recibí una llamada de Primero Justicia para avisarme que había sido seleccionada como cuarto miembro suplente, también se me frunció el gesto. Ciertamente no me entusiasmaba la idea. Muchas veces pensé en maneras de escaparme de mi obligación. Pero la moral se interpuso. El 26 de noviembre, conforme finalmente, asistí a la capacitación impartida por la Junta municipal electoral. Ahí se hizo algo más evidente lo necesario de nuestra asistencia –la mía y la de los otros pocos que me acompañaban. Casi al terminar, la representante de la junta avisó que estaba preocupada por la falta de gente: “apenas han venido miembros principales y sobre todo faltan muchos presidentes de mesa”.

El viernes 3 de diciembre, “la cosa se pone seria”. A las 8 de la mañana se debían constituir y comenzar a instalar las mesas de votación. En la que me correspondía solo estaba la presidenta y el OCI. Otras dos suplentes y yo debíamos tomar los cargos principales. ¡Y era la que tenía mayor asistencia! Asustada, comprobé que me tocaría el delicado trabajo de llenar las actas: sería la secretaria de mesa. El presidente, el OCI (el técnico encargado del funcionamiento de la máquina de votación) y el secretario son los cargos más importantes. Sin ellos simplemente no se puede funcionar.

El viernes las mesas quedaron constituidas cerca de las 10 de la mañana. Pocos saben esto pero realmente es muy pobre la información con la que contamos incluso después de la capacitación, y mucho del trabajo que se hace es logrando concesiones entre lo que te dice el coordinador, lo que le enseñaron al OCI y lo que recuerdas de tu “curso”. El manual queda corto ante las posibles preguntas que obviamente surgen en el momento.

6 de diciembre. 7:25 am. La mesa 2 de la Unidad Educativa Colegio el Ángel está oficialmente abierta para votar. Hay pocos en la cola, por ahora. Los miembros somos los primeros. Conteo mental: la máquina funciona, el cuaderno está vacío, el acta se imprimió en cero, tengo el código del centro de votación escrito en mi mano, hay suficientes guates para la tinta, ahí están los testigos, la presidenta presiona el botón… OK, a votar.

La mañana comenzó lenta. Pocos votantes pero siempre en movimiento. Cerca de las 11 comenzaron los problemas. La máquina se puso más lenta y las personas comenzaron a quejarse de que no funcionaba: que su opción no aparecía en pantalla. Y así apareció el voto nulo. “Yo no voté así”, aseguraba el hombre y se negaba a depositar el comprobante. Nerviosos pedimos asistencia a los representantes del CNE. Explicaciones necias sin concesión. Paramos.

Sobre llevar un problema así es lo más pesado que puede tocarle a un miembro de mesa. Lamentablemente no hay manera de comprobar lo que dice el elector y tampoco puedes darle la razón. Por más que quieras, tienes que quedarte imparcial al proceso y obedecer las órdenes del CNE. De la manera más amable posible tienes que lograr conseguir que la mesa continúe funcionando. Y en el menor tiempo posible.

No sabría decir cuánto tiempo pasó –20 minutos quizá–, pero fue suficiente para que la cola se triplicara. Sin darnos cuenta la mesa 2 estaba abarrotada y la gente comenzaba a perder los estribos. Mientras tanto, Lilian Titori aparece en el colegio y todo se paraliza. Casi media hora significaron 2 horas de retraso para nosotros.

“Señor, cálmese. Estamos haciendo lo posible por avanzar”, repetí una y otra vez durante esas horas de medio día. Parar a almorzar ni siquiera se volvió una opción. Seguiremos “como sea”. Pocos entendieron lo que significaba para nosotros el retraso, todos pensaban en el tiempo que perdían en la cola. 2 o 3 horas de espera, decían, es “inaudito”. La gente como que olvida la cantidad de horas que se hicieron en elecciones pasadas. Yo una vez hice 6 horas solo para entrar al colegio. Y qué me dicen de las colas que hacemos todos los días por comprar algo, cualquier cosa… ¿acaso olvidaron esas horas también?

Sobre las 3 de la tarde finalmente bajó el flujo de gente. Y la impaciencia también. 280 votaron. En el cuaderno hay 487. Ojalá volviera a alargarse la fila.

A las 6 de la tarde habían votado 293 personas. La presidenta junto a los de las otras mesas acompañan al teniente y al coordinador a las puertas del colegio, comprueban que no hay nadie más afuera y regresan: “queda oficialmente cerrado el centro”. Comienza mi trabajo.

Una a una se imprimen las actas de escrutinio, se firman, se coloca la huella, se sellan. Son 7 en total. “No te puedes equivocar. No te puedes equivocar”, repetía en mi cabeza cada vez que escribía el código del colegio, o el número de votantes. “Será importante el acento de Ángel”, pensé luego de colocarlo en el acta de constitución. Moría de nervios: un error y toda la mesa quedaba anulada. Toda. 293 votos perdidos. Es mucha responsabilidad.

8:20 de la noche. El último sello se coloca para cerrar la caja de materiales. Todo ha salido bien. Todo es entregado al teniente. Se hace el sorteo por la auditoría ciudadana. Algunos testigos más esperan afuera. Nuestra mesa no fue elegida. Podemos irnos.

A las 9, de vuelta en casa, enciendo la televisión y me conecto al Twitter. A esperar resultados. Cansada pero satisfecha.

El 6 de diciembre quedará grabado en la memoria de los venezolanos. Algo increíble sucedió ese domingo. Algo enormemente emocionante. Y vivirlo paso a paso tras las bambalinas de un centro de votación me convenció: hay que atender el llamado al deber. Como sea.