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2do Festival de Cantautores de Ladosis

2do Festival de Cantautores de Ladosis

 El sábado 1 y el domingo 2 de noviembre el anfiteatro del Centro de Arte El Hatillo sirvió de casa para el Segundo Festival de Cantautores organizado por la Revista Ladosis dedicada al talento musical venezolano. Fauadz Kassen “Mundano”, Carlos Angola, La Clem de la Clem y Laura Guevara protagonizaron la primera parte de esta fiesta por la música de la Generación del siglo XXI

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Las puertas del anfiteatro se abrieron bien pasadas las 6:00. Unos minutos antes esperábamos ya casi desesperados, pero poco antes de poder entrar, los padres de Laura nos entretuvieron con unas alegres palabras llenas de orgullo mientras agradecían nuestra presencia y promocionaban el nuevo disco de su hija. Antes de darnos cuenta, todos los demás ya habían entrado. En la puerta nos esperaba una chica recibiendo las entradas y dando direcciones hacia los asientos. No hizo falta apagar las luces, la noche ya se había encargado de dar el tono.

El anfiteatro del Centro de Arte El Hatillo tiene capacidad de unas 600 personas. Hoy apenas llegamos a los 200 –aún menos, diría–. El concierto se ha convertido en algo íntimo, como de ambiente familiar. Juan Carlos, de la Revista Ladosis, agradece nuestra presencia, agradece a los patrocinadores y agradece a los músicos. Boston Rex tiene dengue, pero el show debe continuar.

La música es una de esas únicas cosas que Caracas no guarda en secreto. Cada esquina, cada rincón, cada casa descubre cada día, cada año, un nuevo talento que a gritos busca su lugar en los escenarios de la ciudad. Es imposible callarles; tampoco queremos callarles. Los instrumentos cotidianos, las voces atrevidas y los ritmos experimentales revolucionan la tradición musical venezolana. Por todos lados, cada vez más –y más, gracias a las redes sociales–, una nueva generación de artistas se monta sobre las emblemáticas tablas caraqueñas, y venezolanas.

El Festival de Cantautores es uno de esos espacios que se enorgullece en presentar a la Generación del siglo XXI de músicos venezolanos. Organizado por la Revista Ladosis, este concierto dividido en dos días (1 y 2 de noviembre) defiende la originalidad de las nuevas propuestas de sonidos, únicas de nuestro país, resultado de fusiones atrevidas que juegan con nuestro pasado y con nuestro futuro. Influenciada no sólo por los diferentes estilos de la escena internacional, la música de esta generación se caracteriza por demostrar nuestra identidad multicultural.

En las gradas del teatro, como sentados en la sala de la casa, en el cumpleaños de un primo lejano, con una cervecita en mano, uno con guitarra empieza a cantar. Excepto que no es uno cualquiera: Fauadz Kassen, de La Abuela Disco, nos presenta su nuevo proyecto como solista, “Mundano”. El trío se sienta frente a nosotros, el cuatro de Fauadz y las dos guitarras que le acompañan. Canciones de amor. Es un romántico, un criollo, un artista. Al final una canción dedicada a Boston Rex, porque se mejore.

Clementina está algo retrasada así que sigue en escena Carlos Angola, solo con su guitarra. Carlos recuerda a uno de esos hombres-banda que vemos en las películas: tiene un aparatito –admito que no sé nada sobre los equipos que sirven a los músicos– que maneja con el pie para grabar las introducciones con su guitarra y que luego pisa para que estas se repitan y sirvan de acompañante al instrumento y a su voz. Todo suena como una gran banda con voces en coro pero ahí en frente solo está Carlos, cantando con cada poro. Emociona. Otro romántico.

Ahora sí, Clementina Francisco sale a escena con Clem de la Clem, su banda. Fue casualidad pero este nuevo orden dio un sentido al concierto, un cambio de género, como evolucionando. El Hard Rock influenciado por la electrónica sacude al público. Las cabezas se mueven al ritmo. Fue algo difícil entender sus letras pero sin duda el sentimiento estaba allí, en la estridente guitarra de Clementina, en el bajo emocionado de Carlos Varela y la sensacional batería de Valentina Armas. Todo el teatro cambia de tono. Las luces frenéticas y la voz de Clem que recuerda a Chrissie Hynde de The Pretenders de pronto nos transportan, como montados en una máquina del tiempo, a la época del cuero y las cadenas, a la era del Rock. Pronto todo se acaba, como apurados y nuevamente cambiamos de tonos.

Entra a escena Laura Guevara y su banda. Como organizado a la perfección, su primera canción es una vuelta a nuestros antepasados, a la naturaleza y los sonidos afro-venezolanos. Hemos abandonado completamente la década de los ’80 y viajamos todavía más atrás, a nuestras raíces. La voz profunda y suave de Laura eriza la piel; sus letras introspectivas sacuden el alma. Esta es la música que despeja, que inspira, que cura.

Ver a Laura fue una grata sorpresa planificada. Ella y yo nos conocimos hace muchos años, cuando todavía intentábamos descubrir nuestros caminos. Acabábamos de volver de una aventura de esas que te cambian la vida y todavía luchábamos por sentirnos cómodas en una Caracas multifacética. Compartíamos eso y una necesidad de reencontrarnos con Venezuela. Eso fue hace muchos años, aunque me parezca tan raro contarlos. Hoy somos tan diferentes –ella con su música, yo con mis palabras–, y de alguna manera aún nos encontramos en un mismo lugar de la ciudad, nuestra ciudad.

El concierto termina, la familia se reúne en el escenario. Dan las gracias. El Festival tiene un día más pero para mí, el final con las hermosas letras de Laura acompañadas de los ritmos caribeños de “Late”, su último single, despide perfectamente: es un mosaico de melodías, de estilos y de voces. Así también podemos describir este homenaje de Ladosis a nuestros cantautores venezolanos. Aplausos también a ellos.