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Encuentros entre líneas: La diosa entre los próceres

La Fura del Baus, desde el Paseo Los Próceres, Caracas | Foto cortesía Víctor Amaya

La Fura del Baus, desde el Paseo Los Próceres, Caracas | Foto cortesía Víctor Amaya

La obra “Afrodita y el juicio de Paris” del grupo catalán La Fura dels Baus tomó las calles del Paseo La Nacionalidad el domingo 12 de abril como invitada especial del Festival de Teatro de Caracas 2015

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A las 6 de la tarde del domingo todavía el Paseo de Los Próceres en Caracas tiene su actividad normal: personas corriendo, familias paseando, perros jugando… Todavía circula el tráfico y es fácil conseguir estacionamiento. Pero algo pasa. La gente no se mueve como de costumbre. Cada vez más, se nota el caminar apurado de algunos que van hacia Los Monolitos. También nosotros caminamos con ellos.

Al final del Paseo, la tarima está dispuesta; la grúa, en su lugar. Los alrededores se llenan poco a poco con espectadores de todo tipo, ansiosos por que comience el espectáculo. Sobre todos y todo, una gran pantalla relata repetidamente la historia que estamos a punto de ver: Zeus pretende elegir a la más hermosa entre las diosas y ha nombrado al mortal Paris para que sea él quien tome la decisión. Así comienza Afrodita y el juicio de Paris.

Dirigido por Pera Tantiñá este “macroespectáculo” –como le llaman– es parte de la gira internacional del reconocido grupo catalán La Fura dels Baus. Invitados por el Festival de Teatro de Caracas, ofrecen un teatro de calle excepcional, lleno de ritmos, efectos especiales, bailes, acrobacias y fuegos artificiales.

Las luces se apagan. Se encienden los enormes focos. Tres bailarinas se balancean sobre el público. Como ángeles flotan sobre nosotros. Son Hera, Atenea y Afrodita que descienden del Olimpo. Bailan con gracia ante Zeus, ante los próceres. Desde arriba aparece Paris que vendrá a elegir entre ellas.

La Fura del Baus | Foto cortesía Sergio Moreno

Pronto las diosas ofrecen regalos al mortal –y al público asombrado–. Grandes estructuras se mueven de un lado a otro. Los fuegos artificiales retruenan, la rueda gigante avanza, los acróbatas vuelan por los cielos. Pero Paris los rechaza, no le interesan ni el Poder y la Inteligencia que aquellos representaban bajo orden de Hera y Atenea. Finalmente es Afrodita quien logra persuadirle. Ella le ofrece lo que “ningún hombre habría podido negar”: el amor de Helena.

Atrás se encienden nuevamente los focos y se levanta la enorme diosa ante nosotros. Una gigante de metal y cuerdas se aproxima a la tarima y se lleva a la bailarina a sus hombros. Ella hará posible el nacimiento de la hermosa Helena. De nuevo la grúa se levanta y vemos desde el cielo caer el agua de un útero blanco. Una mujer se asoma casi desnuda, moviendo sus brazos. Se escucha el llanto. Poco a poco se acerca a Paris, su amado, que la recibe con ropas blancas. Y otra vez con la mirada arriba, la pareja recibe al caballo blanco con el que partirán a la tierra –a Troya– donde continuarán una historia que ya muchos conocemos.

La Fura del Baus | Foto cortesía Lucía Jiménez

Los amantes se despiden a lo lejos y Afrodita gigante se levanta. Celebrará en grande que es ella la más hermosa. La enorme marioneta avanza rodeando al público. Se detiene y baila divertida. Todos reímos con ella.

La Fura tiene como costumbre en sus giras internacionales incorporar a su elenco los profesionales de esos países que visitan. Algunos meses antes abrieron la convocatoria para que bailarines y acróbatas venezolanos hicieran un casting para participar en Afrodira y el juicio de Paris. 100 de ellos estaban este domingo entre las cuerdas, entre las filas, bajo el cielo.

La Fura del Baus | Foto cortesía Víctor Amaya

Termina la diosa de dar la vuelta y una última vez se sienta frente a la tarima, viendo al infinito mientras se apagan las luces tras ella. Otras se encienden en el centro de aquel escenario al aire libre. Se levanta nuevamente la enorme grúa y de ella cuelgan cantidad de hombrecitos de blanco. La música marca sus movimientos. Cada vez bailan más alto. Ya lejos, parecen una enorme red de pececitos, nadando desesperados por un último salto. Es el momento del escape.

Ha llegado el final con un gran despliegue de fuegos artificiales. Por alguna razón seguimos mirando a los lados, esperando. Finalmente lo entendemos: ya no se encenderá otra luz. Pero no quedamos decepcionados; al contrario. Una presentación como esta de enorme calidad nos recuerda lo que verdaderamente es el deber ser de los festivales de teatro en las grandes ciudades del mundo. Es el lujo de la cultura al alcance de cualquiera que se acerque a verlos. Por 1 hora y 15 minutos fuimos testigos del teatro en su estado más puro. ¡Qué regalo el de estos dioses!

La Fura del Baus | Foto cortesía Lucía Jiménez