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Encuentros entre líneas: los cantores de Alberto Grau

Concierto“Soy Scholista” | Lucía Jiménez

Concierto“Soy Scholista” | Lucía Jiménez

A tres años de su cincuenta aniversario, la Fundación ScholaCantorum de Venezuela presentó un concierto para despedir a Alberto Grau. “Un valor eterno: Poesía y música del gentilicio venezolano” combina las voces claras y oscuras con el legado artístico de la Escuela Nacionalista venezolana fundada por los tres maestros, Vicente Emilio Sojo, José Antonio Calcaño y Juan Bautista Plaza

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Se apagan las luces, se cierran las puertas, las voces calientan. El concierto está por comenzar. Las mujeres, vestidas en túnicas de colores se forman frente al público en una clásica media luna; atrás se enciende la presentación y María agradece al público. Alberto sale a escena. Un poema, una canción.

 

“Silencio; los lirios están dando su fragancia

y la noche, su canción de hierba y de rocío.

Silencio; corazón y escucha la luna lenta,

el río y las miradas hondas y este sueño mío”

(Nocturno, Eduardo Plaza)

 

En 1967 Alberto Grau fundó la coral ScholaCantorum de Caracas, hoy conocida como ScholaCantorum de Venezuela como parte de un sistema que buscaba fomentarla educación y el desarrollo social a través del arte y la música coral dentro y fuera del país. Apoyados permanentemente por el Sistema Nacional de Orquestas, su misión complementa la educación musical con la búsqueda de espacios al diálogo social y al desarrollo personal de los niños y jóvenes artistas.

Este fin de semana Caracas se esconde tras los truenos. El cielo se parte en dos con cada relámpago y la lluvia cae sin remordimientos. Excepto el domingo, que ha quedado seco, con las nubes reagrupándose ennegrecidas. Parecen furiosas y amenazan. En Chacaíto hay movimiento: la carrera nocturna de Samsungestá preparándose y el Teatro de Chacao abre sus puertas. Hoy se presentan los cantores de la Schola rindiendo homenaje a los madrigales de la Primera Escuela Nacionalista y aprovechan para despedir a Alberto Abreu, su director. Un poema, otra canción.

 

“Qué mejor oración, qué mayor ansia

que sonreír a las rosas de la mañana

ponernos su alma bella en nuestra alma,

desearlo todo con su fragancia”

(Rosas Frescas, Juan Ramón Jiménez y Juan Bautista Plaza)

 

María Ginand escribió en Aproximación a la cultura, explicando la poesía de los maestros nacionalistas: “Algunos madrigales son bucólicos y pastoriles, otros evocan los paisajes del llano y del mar, otros se caracterizan por el refinado humor y la jocosidad venezolana”, sus poemas influenciaron al Movimiento Coral del país y se transcriben en el repertorio de este concierto, “Un valor eterno: Poesía y música del gentilicio venezolano”.

ScholaCantorum hoy celebra su institución con el grito “Soy Scholista” bajo la batuta de su directora artística María Ginand. Una selección de imágenes por Javier Silva y Daniel Gonzálezcomplementa el repertorio. Ginand hoy nos lee, nos toma de la mano y nos transporta entre los versos. Las voces mixtas se alzan, los solistas estremecen, Alberto parece divertirse en la conducción. Una Endecha, otra canción.

 

“De puro mirar el llano

tus claros ojos verdean

porque tienen las ternuras

del color de los que sueñan.

Cañaveral en la arena

–pulpa ardida y sin retoño–

cómo sentirá de dulce

tu mirar color de pozo.

Del color de lo que sueñan.

Cómo no se te ennegrecen

de tanto mirar mi pena!”

(Endecha, Alberto Arvelo Torrealba y Moisés Moleiro)

 

A un lado del escenario, cada poema es acompañado por la imagen de sus madrigales, de sus compositores provenientes de una era de oro, cuya herencia a la literatura, a la poesía y a la música es incuestionable. Juan Bautista Plaza, José Antonio Calcaño y Moisés Moleiro, por ejemplo, fueron los que impulsaron la música coral en Venezuela. Ni hablar de la poesía de Andrés Eloy Blanco y de Rubén Darío, o de las composiciones de Modesta Bor. Su legado es el verdadero homenajeado esta tarde.

Los aplausos no se apagan, las voces tampoco. El repertorio casi ha llegado a su fin. Era el sueño de Grau dedicar una vez más su trabajo a esos maestros venezolanos que le cantan al mar, a las rosas, al amor triste y al moscón. Se divierten y nos divierten. Pero se agotan los versos. Una última canción. Un último poema. La “gran Utopía” de Alberto Grau. Su despedida.

 

“¡Alegría, Alegría! Un soplo yerra

que las almas levanta con su ardor;

se enciende la vida de la tierra

con la llama invisible del amor”

(Laetitia, Rubén Dario y Vicente Emilio Sojo)