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Encuentros entre líneas: Y se armó la Guataca

Pancho Montañez, Noel Mijares, Freddy Adrian y Joel Martínez (Noches de Guataca) / Foto: Lucía Jiménez

Pancho Montañez, Noel Mijares, Freddy Adrian y Joel Martínez (Noches de Guataca) / Foto: Lucía Jiménez

Los miércoles son “Noches de Guataca” en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural. El pasado 4 de marzo, el percusionista Pancho Montañez se presentó junto a Noel Mijares, Freddy Adrian y Joel Martínez para celebrar el lanzamiento de su nuevo disco “Improvisto” que mezcla el Jazz con ritmos y voces de la música venezolana

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Llegamos a buen tiempo a pesar del tráfico y del difícil estacionamiento del Centro Comercial Paseo Las Mercedes. La sala aún está por llenarse. Poco a poco se sientan los últimos frente al escenario dispuesto con sus instrumentos. El ruido del aire acondicionado toma un respiro. Las luces se bajan. Comienza una nueva Guataca.

El maestro Aquiles Báez acompaña a Willy McKey en la presentación de los músicos. Guataca Producciones organiza desde hace cinco años estos conciertos a pequeña escala que buscan impulsar las nuevas propuestas del talento nacional. Tanto en Valencia como en Caracas, las “Noches de Guataca” son espacios creados para la improvisación, para la inventiva y la creatividad de los artistas emergentes que hoy transforman los ritmos venezolanos. Desde el pop hasta el jazz, el rock y el joropo, las voces e instrumentos se fusionan en estas íntimas sesiones.

Pancho Montañez es el gran protagonista de la noche: está aquí para presentarnos parte de su nueva producción Improvisto. Con algo de timidez es el primero en entrar al escenario. Mientras le acompañan Noel Mijares –trompeta–, Freddy Adrian –contrabajo– y Joel Martínez –trombón–, Pancho saluda con un gesto y se sienta a la batería. Comienzan inmediatamente. Esta es una improvisación planificada. El público queda en silencio. Los instrumentos se sincronizan. Los músicos sonríen: el jazz estalla, pone los pelos de punta.

“Improvisto N° 2” –anuncia Rafael Pino cuando entra a la sala, como titulando la próxima sesión. Luego de las primeras piezas de su repertorio, Montañez presenta al primer invitado: “Él –dice– es una voz joven que intenta llevar los ritmos tradicionales de la música venezolana y fusionarlos con propuestas como estas tan diferentes”. Pino tiene poca apariencia de cantar los gritos del joropo pero su voz, aguda y melosa, cuenta otra historia, una de las sabanas de Apure. En un intento por sacar al público de su trance rígido, Rafa nos invita a apoyarlo en los coros, mientras improvisa los versos como el mejor de los llaneros. Cada canto encaja con el contrabajo, el trombón, la batería; cada canto encaja con este jazz, cómplice de su joropo.

Rafa se esconde y los cuatro instrumentos retoman el mando. Noel, Joel, Freddy y Pancho se lanzan como en trance, cada uno con sus solos, cada uno con un tema perfecto para el momento. Hay que cerrar los ojos, escuchar la marca de los compases, mover inevitablemente los dedos tratando de seguir la percusión. Hay que soltar todo y concentrarse solo en ellos. Nosotros estamos también en trance.

“Desorden experimental” –explica Horacio Blanco cuando intenta presentar las canciones que interpretará esta vez. Pancho Montañez anuncia a este nuevo invitado como una de las voces más importantes de Venezuela. Este año Horacio –y también Noel Mijares– celebra con Desorden Público 30 años de trayectoria musical. Desde sus inicios ellos se caracterizaron por sus letras de protesta y por la introducción de los ritmos latinos a los golpes del Ska. Pero hoy Montañez y Blanco intentan volver a la experimentación de los sonidos. Hoy se trata de recordar a un Desorden más primitivo.

Son dos canciones de su segundo álbum, uno que pocos recuerdan excepto por otros músicos de trayectoria que admiraron la aventura experimental de la banda. Horacio canta con una escoba en la mano, sentado en un banquillo, parado sobre él. Se mueve, se retuerce con la música. Ya estamos acostumbrados a verle, a escucharle. Su voz es ya un símbolo. Suena “Mosca”, suena “Cursi”. Volvemos a los 90. Tiemblan las paredes. Horacio juega con la escoba y desaparece.

“Pancho Montañez N° Cuarteto” –es el nombre de este proyecto que dio como resultado Improvisto. Los músicos se han vuelto a quedar solos en el escenario.

Las Noches de Guataca no son uno de esos secretos que guarda la ciudad, pero lo parecen. Por su espacio pequeño, lo íntimo de sus sesiones, la exclusividad de su público… son eventos casi privados que nos permiten disfrutar de los músicos y de sus propuestas en la mejor de las condiciones. Está casi garantizado que son encuentros inolvidables.