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Encuentros entre líneas: “Llevo el mensaje de que hay que vivir haciendo lo que uno le gusta”

Ricardo Damián Lorenz se hace llamar Yago / Foto William Dumont. El Nacional

Ricardo Damián Lorenz se hace llamar Yago / Foto William Dumont. El Nacional

Ricardo Damián Lorenz se dedica a recorrer el continente en su moto desde 2011. El viajero argentino se hace llamar “Yago por América” y utiliza en las redes sociales para hacer lazos en los países que visita 

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Yago es un emprendedor. Su manera de concebir la vida, aunque no es del todo extraña, se puede ver como poco convencional. Su empresa no es más que su propia experiencia de vida, que va llevando a cuestas sobre su moto mientras atraviesa las fronteras del continente americano. La misión: Conocer tantos países como pueda.

Ricardo Damián Lorenz, “Yago”, salió de Córdoba (Argentina) en enero de 2011. Con 28 años ha recorrido prácticamente todo el continente latinoamericano y no tiene deseo alguno de parar. Cuando comenzó a enumerar los lugares que ha visitado, recordaba aquella vieja publicidad sobre la cobertura de una compañía telefónica: Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, y Cuba.

A los 18 años compró su primera moto y comenzó a viajar primero por las poblaciones cercanas y luego por las provincias de Argentina. Poco a poco fue haciendo nuevos contactos y alejándose más de casa. No tiene un plan fijo. De hecho, confiesa que sus viajes son algo improvisados, y disfruta de la informalidad que eso trae a su vida.  

“La meta… ninguna en realidad. Nada más que ser feliz viajando. Ver el mundo. Con esfuerzo y determinación”.

Muchas veces le han comparado con el Che y sus Diarios de motocicleta y él admite que sí hubo algunas cosas que le inspiraron aunque ya había empezado a viajar cuando finalmente vio la película y supo del personaje. Su viaje además ha traspasado mucho más fronteras con un objetivo algo romanticista.

“Llevo el mensaje de que hay que vivir haciendo lo que uno le gusta, lo que uno quiere. Lamentablemente pocas personas lo hacen en el mundo de hoy, no porque no quieran sino porque muchos tienen los compromisos que la sociedad les impone. Creo que la idea de todo esto es realmente buscar ser felices”.

Yago ha estado en Venezuela en tres ocasiones. Ha visitado casi todo el país: Los Andes, Zulia, los médanos de Coro y el cabo San Román, Valencia y todas las costas aledañas, Caracas, Cumaná, Margarita, Puerto Ordaz y la Gran Sabana. Creeríamos que le queda poco por ver sin embargo no da como cerrado el capítulo. Le falta el amazonas, y el delta por ejemplo.

“Venezuela tiene un panorama difícil, pero me doy cuenta de que aquí la mayoría de la gente es buena. Siempre me he conseguido con gente dispuesta y no puedo más que decir cosas buenas”.

De seguro ha visto más de lo que la mayoría de los venezolanos han visto de su propio país. Aún así, el jueves pasado se consiguió con muchísimos curiosos. “La gente normalmente quiere saber cómo llegar a esos lugares, o cómo vivir algo similar a lo que yo hago”.

Ese 2 de junio, en la Sala Cabrujas de Los Palos Grandes, Yago presentó una charla sobre este estilo de vida que lleva desde hace 5 años. Las conferencias le dan un espacio para compartir con otros mientras recorre el continente. Además le brindan una oportunidad para reunir fondos para continuar.

“Las conferencias son totalmente gratis pero aprovecho para al final vender camisetas, parches, postales… También he trabajado en minas, paseando perros, vendiendo perfumes, de pela-papas, repartiendo volantes, casi cualquier cosa. Ahora estoy escribiendo mi libro que espero poder vender para cubrir los costos para viajar a Europa.

Las redes sociales son de gran ayuda: “Comparto lo que hago para que la gente pueda ver y entender y de ahí me han empezado a reconocer y me invitan a eventos, motoclubes. Se genera mucha vida social, y ha tenido un impacto que no me esperaba”.

Sin quererlo, Yago podría ser un mediador, un mensajero de la “cultura de paz”, pues, aunque viaja solo, comparte con muchas personas en el trayecto: “Eso es algo que se hace natural al viajero, porque vas viendo la belleza de cada sitio y conversas con mucha gente nueva. De alguna manera puedes disuadir a quienes tienen prejuicios por los conflictos generados por política”.