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Encuentros entre líneas: Caracas bonita en diciembre

La cruz del Ávila, 1.12.2014 / Foto: Minerva Vitti

La cruz del Ávila, 1.12.2014 / Foto: Minerva Vitti

Bautizos de libros, ferias navideñas, conciertos de corales, gaitazos, parrandas… una movida agenda decembrina que conmociona a la ciudad y trata de recordarnos que todavía tenemos una tradición que defender

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Lo admito: soy una empedernida fanática de Caracas durante las fiestas. La Navidad trae a la ciudad una sensación de aire fresco –no precisamente por la visita de Pacheco– y una tranquilidad que solo se puede comparar con el éxodo masivo de la Semana Santa. Es una época especial para los que nos quedamos en la capital. Las calles se quedan vacías, se ven más familias paseando y los espacios públicos aprovechan para colmar sus agendas navideñas. De repente me encuentro en una autopista casi vacía imaginando el infinito.

O al menos así la recordaba. Hoy, a mediados de diciembre, las clases han terminado, las empresas poco a poco salen de vacaciones, pero aquí siguen todos. Las calles se han vaciado poco, los centros comerciales están a tope y la Caracas bonita que recuerdo en estas fechas aún no aparece. Las cosas no son como antes. Este ES un diciembre difícil. Así que luchemos por los recuerdos y por defender las tradiciones.

Desde noviembre esperábamos unas fiestas apagadas y tristes; pero cuando el primero de diciembre se encendió como de costumbre la Cruz del Ávila, volví a sentirme llena del espíritu navideño. Y –tanto como el presupuesto lo permitió, me han dicho algunos– emprendí la búsqueda.

Para saborear el inicio del mes, algunos bautizos de libros. Como el de cuentos de Víctor Alarcón, la novela corta de Jacques Mercier, el conversatorio en torno al oficio del escritor por Eduardo Liendo y Violeta Rojo, el tan esperado de Luis Chataing… varios que se arriesgaron y cerraron las vitrinas literarias del año para dejarnos una lectura interesante durante las vacaciones. Las presentaciones de libros siempre son eventos algo extraños. Un tanto exclusivos, un tanto solitarios. Sin embargo dan un sentido a la celebración que alimenta el alma –y la Literatura siempre hay que celebrarla. Te emocionan los autores que orgullosos arrojan flores o vino sobre un hijo que tanto les ha costado sacar adelante. Brillan entusiasmados. Ellos y los padrinos.

Cuando se acerca la quincena, una mis tradiciones favoritas caraqueñas es la de visitar la Feria de Navidad del Ateneo. Allí se reúnen diseñadores y artesanos, nuevos y ya algo más conocidos, que proponen una alternativa al ruidoso y abarrotado centro comercial para cumplir con las compras navideñas. Sin embargo, este año no fue tan placentero como otros. El sitio se convirtió en un laberinto casi intransitable y las propuestas aunque atrevidas, hermosas, divertidas, en general resultaban costosas. Y lo entiendo, no hay salida posible a los altos precios porque los costos también están por los cielos. Pero de seguir así, esta Feria pronto se convertirá en un simple centro comercial más. Uno temporal y ambulante. Finalmente, solo pude comprar un rico jabón artesanal olor a mandarina y postales viejas que rememoran lugares que alguna vez visité. Un duro golpe de la realidad, confieso.

Hay una tradición que sí parece tomar fuerza. Los conciertos son este año más frecuentes y más variados. La música se apoderó de la capital por varios frentes, con muchos estilos, desde las tradicionales corales cantando aguinaldos y los gaitazos colegiales hasta el nuevo festival Suena Caracas. Desde la plaza Diego Ibarra hasta el centro histórico de Petare, pasando por el Ateneo de Caracas, la Universidad Central de Venezuela, el anfiteatro del Sambil, el Centro Cultural BOD, los Galpones de los Dos Caminos y el Centro Cultural Chacao –y más–, la oferta de conciertos es infinita. La mayoría de ellos son pagos y a un precio, digamos algo alto, pero siempre hay el que se atreve y apuesta por un disfrute low cost. Con ellos, por cierto, también aprovechamos esta época para recordar a los que no nos acompañan pero que marcaron lo que somos hoy. Como Cayayo Troconis y Gustavo Cerati, por ejemplo, hermosamente homenajeados por Ladosis: Octavio Suñé, Laura Guevara, Leonardo Jaramillo “El Kmarón” y Alejandro Bautista. Su música pone los pelos de punta, por ellos y por el recuerdo.

Diciembre continúa pero esta vez falta algo, sobra el tráfico. Las calles sufren todavía de oscuridad y los adornos son pequeños y simplones. Feos, incluso. No es el primer año que es así, cierto, pero se siente aún más. Es el reflejo de nuestra crisis: no pretendamos ignorarla. Lo que debemos es luchar contra ella y contra los que se empeñan en ennegrecer nuestra celebración por pequeñita que sea. Busquemos esos espacios, los recovecos de la ciudad donde todavía hay quienes celebran nuestras tradiciones. Recordemos que desde hace más de 40 años se enciende la cruz allá arriba, resistente ante todo, nuestro más querido símbolo navideño. Ella es la que me hace pensar en una Caracas bonita en diciembre.

Y con eso, como dice Cesar Miguel, “que tengan la mejor Navidad posible”.