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Encuentros entre líneas: Amor, triste querer

El miércoles 27 de mayo fue la premiación del concurso Cartas de Amor / Foto: Raúl Romero

El miércoles 27 de mayo fue la premiación del Concurso Cartas de Amor / Foto: Raúl Romero

El pasado miércoles el Concurso Cartas de Amor llegó a su fin en un emotivo encuentro en el que los diez finalistas leyeron al público. El jurado eligió a Mariana Gamez quien recibió el premio desde la distancia

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Varias veces busqué en el público a esa persona que sollozaba desconsoladamente mientras leían. Varias veces tuve que respirar profundo y contener el aliento pensando que esa línea podría ser la que finalmente me conmovería. Después de todo no pasó, pero casi. No lloré, pero por poquito. Y es que parece que el propósito de este año en el Concurso de las Cartas de Amor fuera el de la muerte y el adiós. Este es el año del triste querer.

El miércoles 27 de mayo, el teatro del Centro Cultural Chacao fue el anfitrión para este concurso que tanto se había hecho esperar. Aunque la convocatoria se hace cada año desde 1998, hace dos años que no habíamos podido leer una nueva carta. Esta edición –algo más sobria que las anteriores– incluyó más de 7000 cartas entre las enviadas en 2014 –pero que el concurso se suspendió– y la convocatoria del 2015. Solo diez llegaron a la tarima del teatro. Solo diez finalistas.


Los diez finalistas del Concurso Cartas de Amor / Foto: Raúl Romero, El Nacional

Moderado por César Miguel Rondón, como si presenciásemos una especie de Miss Venezuela –etapa de entrevistas–, el “show” comenzó como cualquier otro. Un poco por falta de tiempo, y un poco a propósito fui sin haber leído las cartas finalistas. Quería llevarme la sorpresa. Esa del que abre por primera vez las páginas de un libro, lee las primeras líneas y se sumerge en la historia. O, para quedarnos en este tema de las cartas mejor, la sorpresa de la enamorada que recibe la tan esperada correspondencia. And what a surprise in deed…   

Poco después de presentar al jurado, Rosa Virginia Urdaneta, Willy Mckey, Adriana Terán, Alejandro Vivas, María Isabel Piñero, José Gregorio Márquez y Toto Aguerrevere, sentados como parte del público, César Miguel llama a la “primera finalista”, Mónica Gómez Vesga, de Maracaibo. Aunque ella no está: lee Natasha Tovar, su amiga, “A mi pequeño hermano”, que se convierte en un superhéroe en las frías salas de un hospital. Natasha tiene la voz temblorosa y nerviosa. Casi ni se le entiende. Cuando termina entendemos que esta se trató de una despedida: Mónica hoy no está aquí porque Santiago Gómez, su pequeño hermano, falleció. Contuvimos un rato el aliento.

Así vinieron, uno tras otro: “Lo único que la vida nos dio”, de Alexis Pérez, sobre el olvido; “Juego pendiente”, de Marcelo Galiano que rodeaba el tema de la discapacidad;
“Para Boris, el paciente que no salvé”, de Manuel Bernal, sobre el oficio de doctor y también sobre una muerte, claro; “Carta al piso de Maiquetía”, de María José Ovalles Vásquez, sobre despedidas –por supuesto; “Unas medias con alpiste”, de Karen Zambrano, sobre la lucha, la enfermedad, y sobre el amor en las horas más amargas; "Sue", sobre el autismo y la maternidad; “Luis Daniel a un año de tu partida”, por Miguel Gómez, sobre cómo se lleva la carga del duelo.

La mayoría de las cartas conmovieron al público. Atrás se escuchaban sonar algunas narices e incluso algunos llorones declarados abiertamente. Susurros de impresión resoplaron de vez en cuando. Quienes escribieron innegablemente buscaban reflejar una realidad a la que no podemos escapar. Este es el año del triste querer. El de todos menos dos:

“La palabra que vale más” de Pablo Amair es sobre un amor que trató de pasar la frontera del idioma. Por un tiempo lo logró y fueron felices pero las palabras no consiguieron su igual en sentimiento y el amor no perduró. La carta sin embargo no es sobre el desamor ni sobre la tristeza ni es una despedida, es sobre el amor que existió. Una, finalmente una, “carta de amor” –old style.

Y una ruptura llena de humor, “Deberías haberte muerto”, por Mariana Gamez, que fue la gran ganadora de la noche. Es sobre una separación, sobre la dulce venganza del desamor. Lo que los rompimientos siempre nos dejan con ganas de decir, escrito con la gracia y la elegancia en que solo una experta podría hacerlo. Mariana desde Sao Paulo y su madre Zuly García quien leyó en su lugar trajeron al público de vuelta a la vida. Fue el amor al borde del odio, o el odio al borde del amor. Como sea, cautivó a todos y se llevó el primer premio. ¿Qué diría el pobre desdichado que la inspiró?


Ganadores del Concurso Cartas de Amor 2014-2015 / Foto: Raúl Romero, El Nacional

El “show” terminó por fin sobre las 9:30. No hubo brindis, ni celebraciones. El Centro Cultural se fue vaciando poco a poco. Este es el año del triste querer.