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Encuentros entre líneas: Kelly Gordon, una visión global

Kelly Gordon / Foto Manuel Sardá

Kelly Gordon / Foto Manuel Sardá

La curadora estadounidense visitó el país como parte del programa de Backroom Caracas que planea una serie de exposiciones en 2016. Su recorrido incluyó varios espacios culturales de Caracas y el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, en Maracaibo

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La imagen en movimiento es el arte más popular

y de más rápido crecimiento

de todo el arte contemporáneo actual

Kelly Gordon

“Una de las cosas más importantes era que ella viniera”, comenzó diciendo Rody Douzouglou, de Backroom Caracas, en el restaurante del hotel Marriot en el Rosal. Esperábamos a Kelly Gordon para entrevistarla. La agenda estaba apretada. En los próximos días, la curadora norteamericana estaría recorriendo Caracas y Maracaibo en búsqueda de una noción sobre los espacios que se destinarán al programa de Global Visions: Arte e imagen en movimiento en la escena internacional.

­­Gordon salió a la terraza algo ansiosa pero con una gran sonrisa dibujada en el rostro. “¡Esta es una ciudad muy vibrante!”, asomó. Se notaba el agite del horario y apenas alcanzábamos el mediodía. Así que tomó asiento y con la mirada en el reloj comencé a entrevistarla. No fue muy difícil que respondiera a mis preguntas: la mujer parecía tener –y luego lo comprobé enormemente– una maravillosa disposición a la conversación.

–Eres una experta en el Moving image y has escrito sobre posibles estrategias para “evaluar” este tipo de arte. ¿Cuáles son?

–Supongo que un curador es también un crítico de alguna manera porque decides: “Esta sí, aquella no” (risas). Además cuando escribes como un curador es crucial un punto de vista crítico porque si es muy complaciente, entonces la gente creerá que no es auténtico.

Ciertamente gran parte de lo que hago naturalmente es desde esa perspectiva crítica pero se diferencia en que este último hace un trabajo más local, casi como reporteril, mientras que en mi área, el contexto se arma de una manera más extensa. Bueno, al menos la mayoría de las veces es así.


Ricardo Teruel comenzó su recital en Los Galpones dando un extenso discurso explicativo de su obra. La sala se encontraba a medio llenar y el ambiente era tranquilo. Una sensación de calma cubría el espacio. Atrás nos sentamos Kelly Gordon, Rody Douzouglou y yo. El recorrido empezaría esta mañana por el concierto, seguido por un paseo por varios espacios expositivos. “Queremos que ella se familiarice con el contexto y que vea los festivales, lo que hace la gente…”, recordaba Douzouglou.

Teruel es un compositor venezolano con una interesante propuesta que combina el instrumento con el video. Un estilo de moving image, supongo. Sus canciones son hipnotizadoras. La muestra se trata de Exploraciones visuales y sonoras.

­–¿Habías visto algo de arte venezolano antes?

–No todavía. Acabo de llegar realmente. Pero vamos a hacer varias visitas a estudios y a conocer gente que haga moving image

El domingo, dos días después de que Gordon contestara a mi entrevista, la norteamericana había ya viajado a Maracaibo y tuvo la oportunidad del conocer el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (Maczul).

–¿Qué tal la Maracaibo? –le preguntó Elena Broszkowski, encargada de asuntos culturales de la Embajada de Estados Unidos en Venezuela, a quien por casualidad nos encontramos en el centro de Arte Los Galpones.

OH, MY GOD! –solo supo decir la curadora entre risas y asombro.

En Maracaibo se había encontrado además de con un espacio estupendo, con un enorme entusiasmo por revivir y recuperar el arte y, más allá, la movida artística cultural de la ciudad. La gente a la que conoció Gordon le impactó, nos cuenta. “Su energía, su entrega, su ganas de hacer…”.


La sala G2, D’Museo, inauguraba ese domingo la muestra Pop Contemporáneo, una colectiva de artistas jóvenes que se armaban de las herramientas del Pop Art para hacer una obra reflejo de la crisis venezolana. La propuesta, curada por Nicomedes Febres, hace un recorrido con video, instalación, pintura y fotografía a través del arte popular venezolano y lo enfrenta con las técnicas de la posmodernidad. Reúne a los artistas Carlos Zerpa, Rigoberto Astupuma, José Rivas, Enrique Enríquez, Marcos Temoche, Escuadrón Sucada, Efraín Ugueto, Juan Toro, Gabriel Pérez, José Bonilla y Meollo Criollo.

La exhibición parece sorprender a Kelly Gordon, quien se detiene en cada pieza con la experiencia que corresponde a su profesión. Entre una y otra, saluda a varios personajes que Rody Douzouglou asoma a presentarle.

–En Venezuela planeas un programa de exhibiciones en museos y galerías, pero ¿hay posibilidades también de usar espacios abiertos para proyectar alguna obra?

Estamos pensándolo. Una de las innovaciones tecnológicas más importantes el año pasado es que se abrió la posibilidad de proyectar en espacios abiertos y con luz natural. Hasta ahora solo se podía hacer visible durante la noche.

Ahora estamos explorando los lugares con la esperanza de que nos sea posible tener una proyección al aire libre.

–¿Y piensas incluir arte de nuestro país en el programa de Global Visions?

–No lo sé aún. Estamos viendo. Soy como un tiburón: siempre estoy buscando.


Un café de Kalathos y varias conversaciones después, tomamos rumbo a la Sala Mendoza donde se inauguraba también Piel de Selva. Aunque nunca faltó una seña amable, ahora la conversación se llevaba con mucha más soltura.

Gordon no deja de hacer mención a lo asombrada que está con la cantidad de emprendimientos que nota en el país, al menos en el ámbito del arte. Le parece sobre todo impresionante el poder que tienen las mujeres en el área. También admira de los venezolanos esas ganas de seguir adelante: “Estoy impresionada de lo que la gente hace en contra de toda probabilidad y que no se tome nada por sentado”.  


Piel de Selva es también una colectiva. Reúne gran cantidad de piezas artesanales  realizadas por mujeres de la etnia Ye`Kwana. Este arte es para ellas algo simbólico, que explica de alguna manera el universo y su cultura. En las paredes de la sala se exponen también, como enfrentadas una a la otra, una selección de fotografías de Bárbara Brändli y Mariapia Bevilacqua. Son retratos del grupo indígena tomados en dos tiempos.

–¿Cómo se evalúa el moving image? De la misma manera en que evaluarías pinturas o esculturas o se acerca más a la revisión cinematográfica?

–Probablemente he traumatizado a algunos estudiantes cuando les dije en una charla: “Deben entender que cuando se es artista, no se está en competencia solo con eso que sucede a tu alrededor en ese momento en específico; sino que tu obra compite con cada una de las obras que fueron hechas en toda la historia del arte, ¡incluyendo a Miguel Ángel!” –ríe–. Pero es realmente como me siento: yo he sido entrenada en historia del arte clásico, así que mi análisis es en realidad muy parecido al que haría alguien que evalúa una escultura. Sin embargo, habrá quienes fueron entrenados en cine que lo harán de otra manera.

Yo no tengo un antecedente académico en cine, pero sé de cine porque he visto mucho. Y ha resultado una buena base para mí. Algunas obras del moving image tienen referencias cinematográficas, otras más escultóricas… Hay muchas formas de acceder a este arte.


A medida que se acerca el final del recorrido, vemos a Gordon más y más entusiasmada con la gente que conoce en las salas, además por supuesto del arte y, sobre todo de los espacios. Antes ya le había preguntado “qué esperaba llevarse de Venezuela”, a lo que respondió:

– Estoy muy ansiosa de ver lo que hay aquí, lo que hace la gente y en lo que están pensando. También espero llevarme algunas ideas de la gente que venga a los talleres.

Entonces, antes de despedirnos, le pregunto:

–¿Hay algo que te haya impresionado de las exposiciones que vimos?

–La sensibilidad en el montaje. El trabajo de los curadores es impresionante y parece ser algo normal entre ellos. Casi como si cayera naturalmente.

–¿Qué te llevas de Venezuela?

–Creo que lo más impresionante ha sido ver a la gente alrededor del arte y el apoyo que brindan a los artistas. Realmente se siente que están ahí unos por otros. La pasión que se respira es muy inspiradora.


Moving image ha tenido un crecimiento rápido y es cada vez más popular, escribe Kelly Gordon en uno de sus ensayos. También nos contaba en aquella terraza del hotel que “es un tipo de arte muy accesible en maneras en que el arte abstracto no puede llegar a serlo porque los medios hacen que todos puedan hacer su propia obra, tanto que se ha vuelto un lenguaje internacional al que la gente se ha acostumbrado cómodamente”.

Backroom Caracas ha hecho del 2016 el año del moving image para nuestro país. Esperan, con la ayuda de la curadora norteamericana, completar un programa excitante. El público quedará a la expectativa de lo que está por venir como parte de Global Visions: Arte e imagen en movimiento en la escena internacional.