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Einaudi: La edición es conocimiento de los hombres

La Editorial Einaudi / Tomada de Nuovo

La Editorial Einaudi / Tomada de Nuovo

La Editorial Einaudi, fundada en Italia en noviembre de 1933 por Giulio Einaudi, cumple este año ocho décadas de actividad cultural sólida

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Cuenta Giulio Einaudi que durante los bombardeos a Turín por fuerzas británicas a finales de la década de los años treinta y principio de los cuarenta, Cesare Pavese acudía a trabajar entre escombros, limpiaba su mesa de trabajo y se disponía a leer y a pensar en la programación editorial que tenía por delante. La imagen de ese hombre de cabellos gruesos, de ojos pequeños protegidos por unos lentes redondos y frágiles, de expresión pensativa, profunda, leyendo en medio de la convulsa realidad del ascenso fascista y de la resistencia comunista, planificando junto con un equipo de intelectuales brillantes el catálogo de una editorial que será fundamental para el desarrollo cultural de Europa, es conmovedora.

La Editorial Einaudi, fundada en Italia en noviembre de 1933 por Giulio Einaudi, cumple este año ocho décadas de actividad cultural sólida. Son ochenta años en los que Giulio Einaudi, durante al menos sesenta de ellos, estuvo al mando de un centro cultural que reunió a las mentes más lúcidas de una época alrededor de una mesa ovalada para hacer libros que infl uyeran en la conformación de una sociedad madura, culta, crítica, pensativa, combativa. En esa mesa artúrica se sentaban a pensar Europa, entre muchos otros, Cesare Pavese, Leone Ginzburg, Natalia Ginzburg, Italo Calvino, Elio Vittorini, Massimo Mila, Giaime Pintor, Carlo Levi, Norberto Bobbio, y el propio Giulio. Intelectuales que hicieron de Einaudi su casa y discutían su carácter editorial de cara al contexto en el que vivían, "con las bombas en la cabeza" como decía Giulio.

El ascenso fascista en Italia era una realidad que acechaba a todos, la resistencia era principalmente la del frente comunista y cualquier asomo de pensamiento independiente o crítico hacia las condiciones sociales era visto poco menos que sospechoso por ambos frentes. Giulio Einaudi funda la editorial que lleva su nombre en principio, por el impulso de participar de alguna manera política en los cambios sociales que se desarrollaban en la Italia de la década del treinta, e inspirado por la actividad de su padre, Luigi Einaudi, quien fuera presidente de la República Italiana a finales de los años cuarenta. De obstinada convicción antifascista (mas no comunista), Giulio Einaudi fue perseguido al igual que su equipo editorial por la OVRA (la policía secreta del fascismo) durante una década, e interrogado de una manera brutal sobre la actividad conspirativa de la que era acusado. Leone Ginzburg, el otro pilar fundador de la editorial, también fue arrestado y falleció por los traumatismos causados durante los interrogatorios. Su esposa, Natalia, pudo escapar con sus hijos gracias a la oportuna ayuda de un amigo común, el empresario Adriano Olivetti, una vez que se entera de la captura de Leone por los fascistas. Estas son las circunstancias en las cuales nace la que hoy es vista como una de las editoriales de mayor prestigio de Europa. Entre Stalin, Hitler y Mussolini.

Así que aquella imagen del poeta y narrador Pavese limpiando el polvo de su escritorio para comenzar la jornada de trabajo toma una significación especial, más aun si tomamos en cuenta lo que repetía comúnmente por los pasillos de la editorial cuando de política se trataba: "Me importa un bledo". La lúcida actitud de unos hombres y mujeres hacia la actividad intelectual supera cualquier intento por reducir su trabajo a una instancia meramente laboral. La primera tanda de creación editorial que arranca en 1933 y acaba poco tiempo después de la Segunda Guerra Mundial fue agitada pero fructífera.

Las conexiones políticas llevaron a la editorial libros que son bisagras de conocimiento, como lo fueron Los cuadernos de la cárcel de Gramsci y los escritos de Trotsky; publicaciones que señalan el cruce cultural alrededor de una mesa ovalada que se llevaba a cabo en la calle Arcivescovado, para aquel entonces la sede principal de la editorial.

Las conexiones de Leone Ginzburg abrieron el catálogo a la literatura rusa. Él se encargaba directamente de las traducciones de Puhskin, Tolstoi y Dostoyevski, llegó a recomendar a Shólojov quien luego sería premiado con el Nobel.

Ese cruce cultural aseguró en su fundación que en las próximas décadas la editorial mirara al mundo desde su catálogo.

El trabajo de Calvino y Pavese sobre las letras norteamericanas rindieron fruto: captaron a Saul Bellow y a Ernest Hemingway, dos premios Nobel. En la Einaudi trabajan narradores, historiadores, musicólogos, poetas. Pavese alentaba a Calvino a escribir, y se puede decir que Italo desarrolló su obra desde la formación intelectual que obtenía como redactor y editor de Einaudi. Calvino dirigía y redactaba el Notiziario Einaudi , un boletín divulgativo que hoy es una joya editorial.

Desde 1952 hasta 1959, este boletín no sólo fue una manera de inventarse un público sino que llegó a ser una síntesis del momento. En él Calvino daba cuenta de las iniciativas de la editorial, de los "librobuses Einaudi", de los "motolibros Einaudi", de la semana del libro Einaudi en distintas ciudades italianas, y por supuesto fue un boletín de fi rmas: reseñas escritas por Bobbio, Giolitti, Braudel, Adorno, Pasternak, Bábel, Venturi y muchos otros.

Con ese boletín la editorial se acercaba al "lector Einaudi", alguien comprometido con la actualidad pero que no se reducía en ella, atento al pensamiento profundo (que no académico) sobre su contexto y sobre la historia que hizo posible su presente; porque la Einaudi desarrollaba colecciones para explicar y potenciar la realidad, una de ellas era el trabajo sobre la historia reciente y remota de Italia y de Europa: fascismo, comunismo, resistencia, Hungría, Segunda Guerra Mundial, posguerra, estalinismo, gulag, Muro de Berlín, Guerra Fría. Habla Giulio Einaudi de una "colecciología" de espíritu cambiante, unas resisten el paso del tiempo, otras no.

Los autores que llegaron al catálogo Einaudi son muchos, confi rmaron el prestigio de la editorial y, a su vez, expusieron el propio: Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Ernest Hemingway, Dylan Thomas, Bertolt Brecht, Thomas Mann, Raymond Queneau, Robert Musil, George Perec, Marcel Proust (de quien Natalia Ginzburg tradujo los dos primeros libros de su gigante obra), Walter Benjamin, Mijaíl Bajtín, Boris Pasternak, Ana Ajmátova, Mijaíl Bulgakov, y muchos otros; a la Einaudi también llegaron los siguientes nombres: Albert Einstein, Max Born, Max Planck, Werner Heisenberg, Sigmund Freud, Enrico Fermi, Hans Reichenbach, Jean Piaget, a una Biblioteca de cultura científi ca creada por Pavese.

La mirada integral de Einaudi sigue siendo innovadora a la vista de la impronta de otras editoriales que buscan el best seller inmediato y no la conformación de un catálogo que cree un lector fi el. Porque si algo caracterizaba, más allá del catálogo, a Einaudi, era la convicción de participar en la conformación de la sociedad, de crear ciudadanos críticos, audaces intelectualmente, por eso la política "edición o no" fue el timón de quienes abordaron tamaña responsabilidad. Y la instancia fi nal del trabajo siempre fue el placer de la lectura.

Los libros de Einaudi debían dar felicidad a sus lectores.

Giulio Einaudi pensaba que un editor que no viaja nunca se formaría culturalmente y que un editor libre sería feliz. Sana recomendación. De sus viajes, Einaudi impulsa la creación de un premio que concederían los editores de todo el mundo a los autores más importantes. Era una forma de "corregir" a la academia del Nobel. En la isla de Mallorca, junto con Carlos Barral, Rowohlt, Gallimard, y trece editores más, entre ingleses, norteamericanos, japoneses y soviéticos, crea el Prix International des Editeurs, el Formentor de las Letras. Y en una sabia decisión crearon un Prix Formentor para una primera novela, que sería publicada por todas las casas editoriales que participaban en el evento. La distinción fue por casi una década un referente serio de la industria editorial. Los nombres de Borges, Beckett, Sarraute, Bellow, Hortelano, Semprún, le dieron al galardón el prestigio y la sólida confi anza de crítica y público. El premio se suspendió a partir de 1968, sin embargo, desde 2011 se ha reanudado la iniciativa de Einaudi y Barral, y se ha entregado el galardón a Carlos Fuentes, Juan Goytisolo y este año a Javier Marías. Un gesto de compromiso fi rme con la cultura.

El alcance de Giulio Einaudi se prolonga hasta la actualidad. Luego de un par de crisis fi nancieras entre la década de los ochenta y principios de los noventa, que el mismo Giulio dijo que quizás ha podido manejar mejor, se llevó a cabo una operación que en 1994 hizo que Mondadori Italia adquiriese Einaudi. Giulio fue su presidente hasta 1997. Falleció en Roma en 1999, dejando la imagen del avestruz en las portadas de los libros más hermosos que se editan en Italia desde hace ya ochenta años. La trayectoria de la Einaudi es un correlato de la historia reciente de Italia, de Europa.

La atención total sobre el libro como objeto, rodearse de los mejores para crear libros cuya materialidad fuese cuidada al detalle: tipografía, disposición gráfi ca, diseño de portadas pioneras al construir un vínculo entre imagen y contenido, elegancia, durabilidad, maleabilidad, y respeto a todos los implicados en el proceso. No es un proyecto, es una forma de vida. El mismo Giulio puede resumir la esencia del trabajo en estas líneas: "Cuando has conseguido reunir a personas como Moravia, Vittorini, Calvino, Cases, Piovene, Contini y Ripellino, que discuten con Henry Miller o Raymond Queneau y Saul Bellow, con Stephen Spender o Gregor von Rezzori y Hans Magnus Enzensberger, comprendes que la cultura se te presente como un corazón vivo y al descubierto. Los libros, en cierto sentido, son sólo una consecuencia: es el encuentro, el diálogo de las mentes y las personas lo que traza líneas de trabajo destinadas a durar mucho tiempo. De eso brotan fermentos de increíble calidad y sólo debes limitarte a recogerlos".

Hoy, la Einaudi sigue su camino, y el catálogo sigue creciendo. Las colecciones acontecen, el cruce cultural sigue mostrándose en las distintas disciplinas que desarrolla el nuevo equipo. Las literaturas desembocan en la Narrativa straniera; la música, el cine, el teatro en Attualità, spettacolo e tempo libero; y así laciencia, la economía, la lingüística y la crítica, los grandes clásicos, la psicología, la poesía, encuentran que el sello del avestruz sigue siendo prueba de lo que en aquel noviembre de 1933 en Turín motivó a su fundador:conocimiento de los hombres. Los autores que han llegado a Einaudi desde queMondadori hace honor al trabajo editorial de un grupo de hombres decididos, son firmas ineludibles: Philip Roth, Paul Auster, David Foster Wallace, HarukiMurakami, Javier Marías, Orham Pamuk, Mo Yan, J.M. Coetzee, Mario Vargas Llosa, Álvaro Mutis, Juan Goytisolo, y otros tantos que son sólidas muestras de un trabajo que no se detiene sino que se alimenta para hacerle frente al espíritu de los tiempos. Habrá que esperar a ver si un equipo editorial irá a su oficina, limpiará los escombros de otro tipo de bombardeos y pensará en editar reconociendo que la cultura no es algo aséptico, técnico, neutral como decía Giulio Einaudi, y leerá para formar y formarse, y no sólo para ganar. Me conmueve creer que luego de los escombros, será así.