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Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos
25/33: Oscar Marcano

Oscar Marcano / Foto Alfredo Cedeño, Archivo El Nacional

Oscar Marcano / Foto Alfredo Cedeño, Archivo El Nacional

“Es inevitable pensar en Oscar Marcano como un Bukowski tropical campaneando un whisky a orillas del mar Caribe”

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La Guaira, 1958. Poeta, crítico musical, narrador. Graduado en Letras y Comunicación Social. Debutó con el libro de poemas Inecuaciones (1984), y en 1988 publicó Sonata para un avestruz, conversaciones con el músico Juan Carlos Núñez, que obtuvo un premio de la crítica. La música ha constituido un elemento muy importante en la obra de Marcano, y así encontramos que su novela Puntos de sutura (2007) está protagonizada por un joven músico.

Cuartel de invierno (1994) es el primer libro de cuentos de Marcano. Se trata de un conjunto de relatos de temática variada, caracterizados por la búsqueda de un lenguaje propio, entre las múltiples influencias de un autor que se adivina como un voraz lector. Los temas van desde una amante asesina hasta un Pitágoras peripatético en una playa del mediterráneo, pasando por episodios de desdoblamiento y necrofilia. Crudas descripciones, con imágenes impactantes que bordean lo grotesco hasta la desmesura, y que parecieran ilustrar una especie de corte de los milagros en un ambiente urbano y marginal. Entre líneas, en aquel aquelarre intenta deslizarse un cierto lirismo contenido.

En su segundo libro, también de cuentos, Solo quiero que amanezca (2002), que obtuviera en 1999 el Premio Internacional “Jorge Luis Borges”, conmemorando el centenario del genial escritor, Marcano alcanza un punto de inflexión y da un giro hacia la madurez. Ajeno a la dispersión temática y estilística y a cierta fallida experimentación en su libro inicial, se centra en la descripción de las tragedias cotidianas de unos seres desarraigados, perdedores, outsiders, aquellos que, utilizando una expresión criolla, han perdido el autobús. El lenguaje se hace directo, desnudo, amargo, nada complaciente y da cuenta de una realidad que rebasa las miserias de lo social, eso que cierto cine expone como lacras de la sociedad, para inscribirse en lo que podríamos llamar una épica mínima que deriva hacia lo meramente existencial: la angustia del ser. El manejo de los diálogos resulta de una eficiencia y fluidez que Hemingway hubiera aprobado sin objeción. Es inevitable pensar en la presencia de Sastre y Camus al leer estos relatos duros y muy bien logrados, es inevitable pensar en Oscar Marcano como un Bukowski tropical campaneando un whisky a orillas del mar Caribe, mare nostrum, azul. Y si en este párrafo he nombrado a cuatro magníficos narradores, es solo para hacer notar la prestigiosa familia a la cual Oscar Marcano, por méritos propios, aspira a pertenecer.

Abro un paréntesis para referirme a la única, por ahora, novela de Marcano, Puntos de sutura. Los eternos problemas entre padre e hijo son planteados mediante una narración en dos tiempos: en el presente, ambos se encuentran a orillas del mar para entablar un diálogo, aunque en realidad se trata de un monólogo del patriarca, y el conflicto al parecer irreconciliable, centrado en el abandono del padre y el resentimiento del hijo adolescente, se va deslizando paulatinamente, mediante las incursiones en el pasado (flash back) que arman la existencia aventurera y fracasada del padre, hacia un territorio donde se abren las puertas de la comprensión, tal vez del perdón. En segundo lugar, partiendo de un escrito que se pudiera leer como una carta del padre, la trama de la novela se relaciona con los mitos griegos, pero no son el pícaro Ulises y el paciente Telémaco los que regresan a escena sino el soberbio Ayax y su desconcertado hijo, Eurisaces. Paralelismo este que enriquece la narración, ubicándola en un plano simbólico, y nos recuerda que los mitos no son más que representaciones mentales de nuestros propios conflictos, reflejos de nuestra psiquis.

“Goldfish”, el relato memorable que he seleccionado en esta oportunidad es por demás representativo del universo opaco y desolado, con tintes de existencialismo, que ha ido construyendo en sus dos volúmenes de cuentos y en su excelente novela, nuestro autor. Economía de lenguaje, exposición del asunto con meridiana claridad, diálogos ágiles y certeros como cuchilladas, y el talante de unos personajes que se entregan a su destino con resignación. Estos y otros atributos encontrará el lector en esta breve y estupenda narración.