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Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos
22/33: Nuni Sarmiento

Nuni Sarmiento / Foto nunisar.blogspot.com

Nuni Sarmiento / Foto nunisar.blogspot.com

“Sin aspavientos, solitaria, aferrada a su tenaz vocación por la escritura, quizá como tabla de salvación de una existencia intensa llevada hasta el límite, ha logrado construir una obra singular, breve y ciertamente excéntrica”

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Buenos Aires, 1956. Narradora. A los diez años llegó a Venezuela, fijando su residencia en Mérida donde ha permanecido hasta el presente. Cursó estudios de Letras y Arte en la UCV y de Filosofía en Mérida. Aunque se ha mantenido al margen de los grupos literarios, en Mérida se desempeñó como editora de la revista Solar.

Sarmiento es un caso único y admirable dentro de la literatura venezolana contemporánea. Sin aspavientos, solitaria, aferrada a su tenaz vocación por la escritura, quizá como tabla de salvación de una existencia intensa llevada hasta el límite, ha logrado construir una obra singular, breve y ciertamente excéntrica, emparentada, para hallar un símil capaz de orientar a los lectores, con las búsquedas existenciales de Franz Kafka, y apoyada en el poder de las palabras para desenmascarar la realidad.

Nuni Sarmiento, a quien podríamos definir como una narradora en estado puro, ha publicado cuatro volúmenes de cuentos: La maldad del azar (1991), ¡Señoras! (1991), que por su unidad temática podrían ser considerados como uno solo, Revés (2003) y Novela rosa (2010). Desde los textos de su primer libro, la autora se ha mostrado como la poseedora de una voz propia, única y enronquecida por sus hábitos de fumadora pertinaz, llamémosla sinuosa e inquisidora, que además de cuestionar el universo circundante y los seres que lo pueblan, se cuestiona a sí misma e indaga, y aquí el verbo indagar no es un adorno retórico, con ironía, fino humor y una inteligencia aguda y feroz, en los temas esenciales de la existencia.

Los temas de estos textos, que por comodidad descriptiva llamamos cuentos o relatos, giran en torno a la familia, la sociedad, las imposibles relaciones de pareja, y otros avatares, entrecruzados por hipótesis absurdas enmarcadas en una dialéctica propia de niños o dementes. La riqueza conceptual que encierran estos relatos es tal que se hace muy difícil caracterizarlos en una breve nota. Solo daremos algunas pistas, como las piezas aisladas de un gigantesco puzzle para armar: los lenguajes (más valdría decir las jergas) de la ciencia y el psicoanálisis cuestionados hasta la saciedad mediante hábiles parodias; la fuerza discursiva del yo, pues los textos parten de una convincente primera persona, y en ciertos pasajes detecto un guiño a Giorgio Manganelli, el autor de Perorata del apestado, caro a la autora: el discurso como perorata, es decir la asociación libre de una serie de elementos conectados entre sí por la voracidad del decir; en fin: la omnipresente neurosis como marca de la casa Sarmiento, la sombra larga, áspera a veces y al final acogedora, de la madre, el caminar sobre hielo delgado, el sinsentido de la existencia y el placer de pensar hasta el agotamiento final.

Luego de leer Novela rosa anoté en la primera página del libro lo siguiente: “Kafka con faldas y con conocimientos de geometría euclidiana y biología molecular”. Tal vez este sea un retrato de Nuni Sarmiento al estilo de un fractal. A propósito del autor checo de lengua alemana, quizá el escritor paradigmático del convulsionado, violento y gris siglo XX, Nuni le dedica un texto brevísimo que cito in extenso. Se titula “Señor Kafka” y dice así: “Yo también he sentido el deseo de quemar sus obras”. En este juego intertextual se puede resumir el ars poetica de una autora que hace de la literatura en su forma más cruda y pura (la escritura, y todas las turas posibles, para darle un espacio a su otro paisano) algo más que una razón de ser, creando un espacio inédito para la representación de un mapa de los sentimientos, en el cual la descripción y la reflexión ocupan su justo lugar.

Tuve la fortuna de trabajar con Nuni Sarmiento en la revista Solar y en el proyecto editorial del mismo nombre, y la convencí para editar en la sección de narrativa su segundo libro, ¡Señoras! Desde entonces nos une una amistad intermitente y sin fisuras y el gusto común por el baile acrobático, a la manera de una pareja de arañas deslizándose por las paredes. De aquel pequeño volumen recuerdo el inolvidable relato “La niñidad”: la inteligencia de una niña atenta a los eventos de su entorno, su voz aguda como un cuchillo abriéndose paso en el turbio e incomprensible universo de los adultos… negándose a crecer. Ofrecemos a los lectores de esta antología el autorretrato de la ñiña Nuni.