• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos
16/33: Humberto Mata

Humberto Mata / Foto Jesús Castillo. Archivo

Humberto Mata / Foto Jesús Castillo. Archivo

“Aunque se ha mostrado como un profundo admirador de Franz Kafka, la prosa de Humberto Mata está marcada por la huella de Cortázar, y a veces de forma manifiesta por la influencia de Jorge Luis Borges”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Tucupita, 1949. Narrador, crítico, ensayista y editor. Antes de dedicarse por entero a la literatura cursó estudios de Matemáticas y Filosofía en la UCV. Aficionado a la música, con importantes conocimientos de la modalidad clásica. Formó parte, junto a su mentor y coterráneo José Balza, de los grupos literarios de vanguardia “En Haa” y “Falso cuaderno”, que irrumpieron contra la literatura tradicional a finales de la década de los sesenta. Como muestra de sus principios que apuntan a la modernidad está su premonitoria antología del relato venezolano 1960-1974, Distracciones (1974), donde apuesta por algunos nombres recientes que llegaron a ocupar lugares preponderantes en nuestra narrativa. Incursionó en la crítica y enseñanza de las artes plásticas. Ha desempeñado cargos de relevancia en instituciones culturales, y desde hace varios años dirige la Editorial Ayacucho.

Mata debutó muy joven como cuentista con Imágenes y conductos (1970), una propuesta fresca y novedosa, en la línea de Francisco Massiani y Laura Antillano, con referencias más literarias y menos “ingenuas”, que llamó la atención por la calidad de los textos, los temas sugerentes que podían oscilar entre lo fantástico y la ciencia ficción hasta tramas tensas con derivaciones de la tradición policial, y muy en especial por el manejo de la tan ponderada economía del lenguaje.

Aunque se ha mostrado como un profundo admirador de Franz Kafka, la prosa de Humberto Mata está marcada por la huella de Cortázar, y a veces de forma manifiesta por la influencia de Jorge Luis Borges. Esta herencia se muestra de manera palpable en su segundo libro de cuentos, Pieles de leopardo (1978). Consideraciones estas que se refieren a lo formal, pues los temas del autor se encaminan hacia los reclamos de su mundo, a través de la nostalgia por su país natal, allá en el mítico, infinito y agobiante delta del Orinoco, enmarcado por un exuberante paisaje, en contraste con la existencia gris y opaca de la metrópolis. Oscilando entre estos extremos, Mata logra construir su propio imaginario, abrevando en lo estrictamente literario y en su experiencia personal, y así se pasea por lo imaginario, lo onírico, la realidad inventada, los recuerdos de infancia, lo chamánico y selvático, con habilidad y soltura, dueño de una prosa breve, funcional, precisa y reposada. Con Luces (1983) continúa su indagación en lo fantástico, retomando además sus aproximaciones a lo policial, y utilizando como telón de fondo el paisaje del delta. En Toro-Toro (1991) alcanza lo que podríamos llamar su madurez como narrador, con textos muy bien elaborados y con el manejo óptimo de sus recursos expresivos. Aquí los relatos se extienden, con espacios para la reflexión, y predominan, cómo no, los temas fluviales, los recuerdos del gran río que todo lo devora, incluyendo al mejor nadador, el río que corroe la memoria y que se interpone como una cortina de fuego líquido a la vuelta del nostálgico narrador a su lugar de origen.

En 1992 Humberto Mata obtiene el Premio de Cuentos del diario El Nacional con “Boquerón”, relato que ha sido considerado por cierta crítica como lo mejor del género policial en nuestro país. Se trata de un relato en clave vernácula que se adapta a las difíciles exigencias de la llamada novela negra, donde predomina la indagación psicológica que intenta ahondar en las motivaciones de los personajes, más allá de la clásica resolución de un enigma o del descubrimiento de un crimen.

Retomando el título de un cuento de Pieles de leopardo, Mata publica en 2007 Revelaciones a una dama que teje, compuesto por una serie de relatos, unidos por un eje argumental común, que pudiera leerse como una novela fragmentaria, novela que aún aguardamos los lectores de este autor de vocación deltaza que aspira a la universalidad.

Desde la primera lectura que hice de “Ekida”, hará ya más de treinta años, las imágenes ferozmente sensuales de su sangriento final se quedaron flotando en mi mente como manchas indelebles, y así han permanecido hasta el presente cuando las comparto con los lectores de esta antología. La trama que va urdiendo la historia se asemeja a esas hermosas cestas tejidas por los aborígenes deltanos, y contiene a la manera de un fractal el mundo de Humberto Mata, ese poderoso río donde fluyen los leopardos.