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Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos.
5/33: Guillermo Meneses

Guillermo Meneses. Caracas, 13-02-1991 / Foto César Trujillo. Archivo el Nacional

Guillermo Meneses. Caracas, 13-02-1991 / Foto César Trujillo. Archivo el Nacional

"En los inicios de su carrera como escritor publicó tres novelas de corte tradicional centradas en temas nacionales"

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Caracas, 1911 – Isla de Margarita, 1979.

Narrador, ensayista, crítico, periodista y diplomático. Graduado en Ciencias Políticas por la UCV. Ejerció algunos cargos judiciales entre 1936 y 1941. Luego se desempeñó como diplomático en Francia y Bélgica (1948-1959). Entre sus labores en el periodismo cultural iniciadas en la revista Élite como Jefe de Redacción (1938-43), destaca la fundación y dirección de la prestigiosa e innovadora revista CAL (1960-64). En 1965 es nombrado Cronista de la ciudad de Caracas. Obtuvo importantes galardones literarios como el de la revista Élite por su novela Campeones (1938), el premio de Cuentos de El Nacional (1951) y el Premio Nacional de Literatura (1967).

En los inicios de su carrera como escritor Meneses publicó tres novelas de corte tradicional centradas en temas nacionales. En Canción de negros (1934) explora las raíces africanas de nuestra población destacando la sensualidad de sus gentes y la omnipresencia del mar, y de paso hace una denuncia soterrada del racismo que aún perdura en nuestra sociedad. Campeones continúa en la misma tónica narrando el fenómeno de la emigración campesina a la ciudad tras el espejismo del oro negro e introduciendo un tema novedoso, prácticamente ignorado por nuestra narrativa: el béisbol, deporte nacional, como medio de ascenso social. El mestizo José Vargas (1946) insiste en la mezcla de sangre, en esta oportunidad tomando en cuenta el componente indígena. Este trío de novelas ha sido postergado por el gran salto que diera Meneses en sus narraciones posteriores.

Con la publicación del cuento “La balandra Isabel llegó esta tarde” (1934), llevada al cine por Margot Benacerraf en 1950, Meneses apunta a lo que sería años después la eclosión de su prosa, que podemos calificar como modernista y vanguardista. En 1952 aparece su cuarta novela, El falso cuaderno de Narciso Espejo, propuesta audaz y única en el ámbito de una literatura que vegetaba a la larga sombra de la novelística de Rómulo Gallegos. En esta novela innovadora el autor incorpora a la literatura los aportes de Freud y el psicoanálisis, amén de otros recursos tales como la subjetividad, la narración que se va construyendo y negándose a sí misma, técnicas de yuxtaposición y paralelismo, la fragmentación del yo, el poder sugestivo del erotismo, la incertidumbre como valor. En resumen: una novela reflexiva, analítica, dialéctica, que habría de significar un antes y un después en la narrativa venezolana. En su última novela, La misa de Arlequín, Meneses lleva a extremos insospechados sus propuestas novedosas, no obstante, en su afán de originalidad se enreda en los hilos de la débil anécdota y su ambicioso proyecto deriva hacia el hermetismo.

Como cuentista, Meneses publicó apenas una decena de textos. “La mano junto al muro” (1951) es considerado por unanimidad como su cuento más logrado, e incluso se le ha llegado a calificar como el “mejor” relato venezolano del siglo XX. Más allá de tales apreciaciones, este relato memorable, además de su carácter experimental, sus evidentes logros formales, su prosa cargada de resonancias sensuales, su ritmo atropellado e incluso sofocante y sus frecuentes reiteraciones como “una serpiente que se muerde la cola”, puede ser leído, sesenta años después de su publicación inicial, como una metáfora de la fragilidad y el deterioro de la existencia. Deterioro físico y mineral de un espacio que fuera castillo para defenderse de los ataques de los piratas, luego almacén comercial y finalmente burdel. Deterioro y ruina de una mujer, un bello ser humano, una “virgen flamenca” que ha encontrado en la prostitución una forma de sobrevivir, quizá su redención. Prácticamente en todas las lecturas y apreciaciones críticas de este relato se ha insistido en un enigma planteado como un acertijo policial: “¿…eran tres los marineros?”, asunto que a mi parecer resulta irrelevante. Lo que cuenta es el drama existencial de la bella mujer que se enfrenta entre aquellos muros carcomidos por el salitre y la humedad a su cruel destino. Lo demás es silencio y… literatura.