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Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos.
14/33: Francisco Massiani

Francisco Massiani / Foto Samuel Hurtado. Archivo EN

Francisco Massiani / Foto Samuel Hurtado. Archivo EN

“Se dio a conocer con ‘Piedra de mar’ (1968), una novela breve y fresca, de tema juvenil, emblemática de una generación, que desde un primer momento logró conectar con los sectores de la sociedad urbana y capitalina, convirtiéndose en una especie de best seller criollo que se sigue editando hasta el presente”

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Caracas, 1944. Narrador, dibujante, apasionado por el fútbol, una de las figuras más carismáticas y entrañables de la literatura venezolana contemporánea. Pasó parte de su niñez y su adolescencia en compañía de su familia en Santiago de Chile. A su regreso a Caracas, a los quince años, se aficionó a la lectura y muy pronto comenzó a escribir cuentos. Vivió algún tiempo en Europa, asentándose definitivamente en Venezuela. Por el conjunto de su obra fue reconocido con el Premio Nacional de Literatura en 2012.

Massiani se dio a conocer con Piedra de mar (1968), una novela breve y fresca, de tema juvenil, emblemática de una generación, que desde un primer momento logró conectar con los sectores de la sociedad urbana y capitalina, convirtiéndose en una especie de best seller criollo que se sigue editando hasta el presente. Piedra de mar representa una suerte de talismán para las jóvenes generaciones. En este relato primigenio, auténtico Bildungsroman o novela de aprendizaje, el autor, a través de su alter ego, Corcho, se sumerge como un consumado nadador en el mundo escurridizo y por momentos turbio de la adolescencia, con sus a menudo tragicómicos conflictos existenciales, agudizados por el despertar de la sexualidad y por la búsqueda incesante de su lugar sobre la tierra, todo este panorama desconsolador exacerbado por las manías de la imaginación. No obstante, Corcho, fiel a su condición de objeto que flota en el mar, arriba indemne a la orilla del amanecer, rescatado por el descubrimiento de un primer amor. En 1976 Massiani publica una segunda novela, Los tres mandamientos de Misterdoc Fonegal, de carácter veladamente autobiográfico, que, sin embargo, no logra alcanzar la aceptación de su obra inicial e iniciática.

Francisco Massiani ha publicado cuatro libros de cuentos: Las primeras hojas de la noche (1970), El llanero solitario tiene la cabeza pelada como un cepillo de dientes (1975), Con agua en la piel (1998) y Florencio y los pajaritos de Angelina, su mujer (2005). En Las primeras hojas de la noche, escrito en paralelo con su estupenda novela, están los mejores cuentos de Massiani. Relatos imbuidos por la ternura y la sensibilidad, en los cuales un lenguaje sencillo, coloquial, con un magistral manejo de los diálogos, contribuye a la elaboración de unas piezas literarias dignas de admiración. Sorprende el desparpajo del autor, su discurso directo y convincente como si se estuviera dirigiendo a un compañero de juegos, y su conocimiento de lo que podríamos llamar la psiquis de los personajes ubicados en el ámbito familiar. En fin, se podría postular la hipótesis de que estos relatos funcionan como crónicas de época, y quizá eso explique la sensación de realidad y verosimilitud que experimentamos al leerlos.

Aunque se afirma con frecuencia que Massiani es un caso sin antecedentes en nuestra literatura, se supone que no existe un autor químicamente puro, es decir inmune a las influencias derivadas en la mayoría de los casos de sus lecturas iniciales, y así podemos observar en el caso particular de Massiani que tanto en su novela inaugural como en sus primeros cuentos, leídos cuarenta años después, encontramos la impronta de Hemingway (pienso en la fluidez y eficacia de los diálogos) y la presencia arrolladora de J. D. Salinger (pienso en aquel extraordinario cuento del autor norteamericano, “Un día perfecto para el pez plátano”), lo cual lejos de constituir un reproche es la prueba de una influencia enriquecedora y benéfica.

Como suele suceder con algunos “genios” adolescentes, (pienso en Rimbaud), Massiani publicó su obra prácticamente íntegra y breve en su juventud, antes de los treinta años, siendo sus dos últimos libros una vuelta a sus antiguos temas, una forma de nostalgia, como si el adolescente se hubiera negado a crecer. Quizá un síndrome que tiene que ver con el país inacabado donde le tocó nacer, tal vez un destino de elección. Lo que importa, sin embargo, es el legado de un autor fundamental de nuestras letras, un autor tocado por la gracia, y como ejemplo de esos raros dotes hemos seleccionado “Un regalo para Julia”: el periplo de un audaz y tímido adolescente ante el inédito dilema de escoger un presente para la chica de sus sueños, un agridulce y divertido drama punteado por una serie de ágiles diálogos, auténtico clásico de nuestra cuentística, un regalo para los lectores de esta antología.