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Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos
19/33: Federico Vegas

Federico Vegas / Foto Manuel Sardá. Archivo

Federico Vegas / Foto Manuel Sardá. Archivo

“Vegas apoya su narrativa en lo exhaustivo, minucioso, proustiano, a veces torrencial: indaga en la naturaleza de sus personajes, extraídos de la realidad, como el carnicero que hunde la daga buscando el hueso, como el cazador que sigue las huellas de la presa”

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Caracas, 1950. Graduado de Arquitecto en la UCV, ha realizado una brillante carrera en su especialidad, publicando una serie de ensayos de acercamiento y comprensión de la ciudad y de los fenómenos urbanos en general, desde El continente de Papel (1984) hasta La ciudad y el deseo (2007).

Vegas debuta como narrador con el conjunto de cuentos de El borrador (1996), donde demuestra un hábil dominio del oficio como si este primer libro fuera el producto de una larga destilación. A partir de ese momento nos ha venido entregando, con persistencia y pasión, una obra variada y por demás interesante formada por otros cuatro volúmenes de cuentos y siete novelas. Con estas propuestas se ha instalado sólidamente en el panorama de la literatura venezolana.

Antes de referirme al Vegas cuentista, intentaré una breve aproximación a sus novelas, deteniéndome en tres de ellas: Falke (2005), Sumario (2010) y Los incurables (2012), tres apuestas vitales enmarcadas aparentemente en la llamada novela histórica o más bien en la biografía novelada. Protagonizadas respectivamente por tres venezolanos ilustres: Rafael Vegas, uno de los integrantes del fallido intento de invasión del “Falke” en 1929 contra la dictadura de Juan Vicente Gómez; Román Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar de Gobierno, asesinado en 1950; y Armando Reverón, el artista plástico venezolano más relevante del siglo XX. En esta involuntaria trilogía, el autor emprende una muy particular reconstrucción de la memoria histórica del país, centrando su enfoque en determinada clase social y particularizándolo aún más hacia su entorno familiar. No por casualidad, el personaje principal de Falke es pariente del autor. Más allá de esta temática, válida como cualquier otra, Vegas apoya su narrativa en lo exhaustivo, minucioso, proustiano, a veces torrencial: indaga en la naturaleza de sus personajes, extraídos de la realidad, como el carnicero que hunde la daga buscando el hueso, como el cazador que sigue las huellas de la presa. El resultado de estas búsquedas suele convertirse en relatos estupendos.

En su ya extensa obra como cuentista, que comprende su libro inicial El borrador, Amores y castigo (1998), Los traumatólogos de Kosovo (2002), La carpa y otros relatos (2009) y Los peores de la clase (2011), así como en sus novelas no “épicas”, Vegas, en un tono íntimo y desenfadado, valiéndose de un lenguaje claro que hunde sus raíces en la oralidad y que captura en sus giros el habla cantarina caraqueña, amén de una innata vocación para contar historias, ha ido construyendo a escala menor una especie de mosaico afectivo en el cual la memoria, su propia memoria, juega un papel fundamental, un puzzle que al completarse reproducirá la imagen bastante nítida de una generación.

Entre los múltiples atributos que podemos encontrar en este conjunto de relatos, es pertinente ponderar su estructura orgánica producto de una visión analítica, y, por otra parte, destacar la visión de lo erótico, ese reclamo de los cuerpos que en las diversas edades de los protagonistas se convierte en el eje de su razón de ser, vale decir en el motivo central de su existencia, bien sea como enigma, descubrimiento, temor y temblor en los adolescentes durante los prolegómenos de su iniciación sexual, pasando por la salvaje y brutal posesión con su carga de culpa y arrepentimiento en “De rodillas”, hasta llegar al tragicómico episodio de “Los traumatólogos de Kosovo”, un relato sesgado en el cual la atención se desplaza desde un evento doméstico con visos de tragedia hasta las milagrosas habilidades de unos médicos curtidos en la guerra, banalizando lo esencial.

Dentro del abanico de posibilidades temáticas y estilísticas que nos ofrece Federico Vegas, elijo para esta antología uno de sus relatos memorables, quizá el más conocido, su cuento bandera, “La carpa”: una anécdota que fluye y nos muestra las relaciones de complicidad entre el nieto (narrador) y su abuelo, en un entorno familiar privilegiado. El gran señor, que todo lo ha vivido, aún a las puertas de su extinción definitiva muestra su talante vital, y el nieto, que comienza a dar los primeros pasos por la vida, comparte con él una experiencia inolvidable, recibe su lección.