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Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos
17/33: Ben Ami Fihman

Ben Ami Fihman / Foto Manuel Sardá. Archivo

Ben Ami Fihman / Foto Manuel Sardá. Archivo

“Su formación como escritor e insaciable lector lo han llevado a frecuentar a los románticos alemanes y a abrevar en literaturas esotéricas de raíz centroeuropea, de donde ha extraído ciertos mecanismos e incluso temas que le son comunes”

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Caracas, 1949. Cuentista, cronista, editor, gastrónomo. Viajero, cosmopolita y sibarita, conocedor de las principales capitales del mundo, en particular de París y Nueva York, escenario de varias de sus narraciones. Cursó un doctorado en literatura francesa en la Sorbona. Se dio a conocer como narrador con el estupendo libro de cuentos Mi nombre Rufo Galo (1973) donde exhibe su prematuro talento con piezas en las cuales predominan las propuestas fantásticas de Jorge Luis Borges, ineludibles para la época. Más tarde, en 1981, publica su segundo libro, también de cuentos, Los recursos del limbo, con temáticas variadas que van desde alguna anécdota bizarra y divertida (“Bar B-Q”) hasta una pesadilla futurista de ciencia ficción, destacando “Fenómenos del limbo”, un alegato existencialista en la mejor tradición de Franz Kafka o Samuel Beckett. No es de extrañar que dentro de los polifacéticos intereses del inquieto Fihman figure este relato “metafísico”, pues conocemos la amistad entrañable que lo unió al filósofo Cioran. Por otra parte, su formación como escritor e insaciable lector lo han llevado a frecuentar a los románticos alemanes y a abrevar en literaturas esotéricas de raíz centroeuropea, de donde ha extraído ciertos mecanismos e incluso temas que le son comunes, en función de sus orígenes que lo vinculan a esas tradiciones. En Los recursos del limbo el autor reafirma sus dotes de narrador y su madurez expresiva mediante un lenguaje preciso, diáfano, que juguetea con el pop y con las manifestaciones más recientes de la literatura y el arte contemporáneos. El estilo se ha ido perfilando hacia aquella meta a la que aspira todo escritor, es decir hacia el descubrimiento de una voz propia. Más recientemente, Fihman publicó un tercer libro de cuentos, La quimera del norte (2011) donde rescata algunos textos de sus dos libros anteriores e incorpora una decena de inéditos o que habían sido publicados en periódicos y revistas. Demás está decir que mantiene sus preocupaciones temáticas y estilísticas, refinando su prosa y demostrando sus habilidades de narrador. Aunque breve e intermitente, la obra cuentística de Ben Ami Fihman ocupa un lugar destacado en el panorama literario de su generación, y merece, a nuestro juicio, una cuidadosa relectura y una justa valoración.

Como editor, Fihman ha participado en dos proyectos fundamentales: la creación en París de la mítica revista de literatura fantástica, “L’oeil du Golem”, única en su estilo, y luego en Caracas la fundación y dirección de la revista “Exceso”, centrada en el periodismo de investigación, la política y la mirada atenta a los fenómenos culturales. Habrá que destacar, además, la publicación de Las voces de Orfeo, una impecable edición que contiene cinco ensayos de Fihman sobre sus artistas predilectos, aquellos afines a su sensibilidad: Ramos Sucre, Poe, Max Jacob, Rilke y Nerval.

Siempre me ha llamado la atención que el talento desbordante de Ben Fihman se haya centrado en su refinado y exquisito gusto por la gastronomía, vale decir en su paladar. Y así vimos cómo mantuvo durante siete años una columna semanal (“Los cuadernos de la gula”) en el diario “El Nacional”, en la cual abordaba los temas del buen yantar y nos regalaba con su erudición de enólogo de las emociones. Luego, en 1983, haría una cuidadosa selección de aquellas crónicas y las publicaría con el título homónimo. Y más tarde, volviendo sobre su tema predilecto, publicó Boca hay una sola (2007). Fihman ha persistido en la divulgación de lo que podríamos calificar como su pasión gastronómica con su revista “Cocina y vino”.

De los varios cuentos que recuerdo de Ben Fihman, entre ellos el inicial y brevísimo “Mi nombre Rufo Galo”, una pequeña joya en la que el tiempo de un león se abre en un abanico de llamativas y subyugantes existencias paralelas, y el delirante monólogo existencialista, “Fenómenos del limbo”, me he decidido, atendiendo a lo paradigmático, por “Cuarteto en re”, según la versión de su último libro (aparece en el segundo con otro título). Como el lector sabrá apreciar, se trata de un relato fresco, juvenil atormentado, parisino, espectral, sensual, con un final abierto y sugestivo, como sucede en la gran literatura, que muy bien podría leerse como un guiño, tal vez un homenaje, a ese famoso y solitario paseante que alguna vez se cruzó con Ben en alguna calle de París, Julio Cortázar.