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Don Quijote de la Mancha nació en Caracas

Don Quijote de la Mancha

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Muchos son los indicios que permiten suponer que la hazaña de Alonso Andrea de Ledesma inspiró el Quijote de Cervantes

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Es algo que jamás podría probarse, pero así como en derecho penal un conjunto de indicios constituye prueba, son tantos los indicios existentes que puede afirmarse sin mentir que Don Miguel de Cervantes se apoyó en la noticia de que un habitante de Caracas había enfrentado solo a un ejército invasor inglés para inventar a su famoso personaje, Don Quijote de la Mancha. Es algo que he venido afirmando desde hace treinta años, y que con el tiempo he tratado de documentar hasta donde me sea posible.

Empezando por el nombre de pila que le atribuye a su personaje, Don Alonso, y, desde luego, los hechos ocurridos en Caracas no mucho antes de que empezara a escribir su novela, y que con toda lógica debe haber conocido poco después de ocurrido. Se trata de lo sucedido en mayo de 1595, cuando corsarios ingleses tomaron la pequeña villa sin mayores complicaciones gracias a las indicaciones de un señor Villapando, ahorcado poco después en la entrada de Caracas, según Oviedo y Baños. De la relación de la "proeza" hecha por Robert Davie, uno de los invasores (citado por Enrique Bernardo Núñez, en La ciudad de los techos rojos, Cuarta Edición, Concejo Municipal de Caracas, Venezuela, 1978) se desprende que Villapando, recomendó a los ingleses que no atravesaran la montaña por donde los españoles tenían varios fuertes en los que cien hombres podían atajar a diez mil, sino por un camino misterioso, que como todos fue practicado inicialmente por los indios, parece haber sido por el Este y desembocar en Anauco. Núñez, supone que se trata de Juan Sánchez de Villapando, a partir de un expediente levantado por Juan Fernández de León para el Consejo de Indias, cinco años antes del incidente.

Ese 29 de mayo, los piratas ingleses al mando de Amyas Preston, secuaz de Walter Raleigh se hicieron fuertes en el templo (esquina de La Torre) y las casas reales (esquina de Principal), luego de una escaramuza en la que cayó muerto el caballero Alonso Andrea de Ledesma, de 58 años, montado sobre un viejo rocín y cubierto con una armadura oxidada de orines y un bacinete a manera de yelmo. ¿No hay algo demasiado familiar en esa imagen? El villorrio tenía apenas 28 años de fundado y teóricamente era segurísimo, pero ya los ingleses daban muestras de una astucia que poco después los colocó a la cabeza del mundo. Ledesma fue uno de los primeros conquistadores y pobladores del valle de Caracas, a donde llegó con Diego de Losada. Había nacido en 1536 o 1537, y a los 21 o 22 años, junto con su hermano, Tomé de Ledesma, se embarcó con armas y caballos hacia el Nuevo Mundo.

Luego de un período en Santo Domingo pasó a Coro y fue de los primeros pobladores de El Tocuyo, en donde se casó con Francisca Matheos, hija de uno de los compañeros de Cristóbal Colón. La pareja tuvo muchos hijos, y entre sus descendientes están Cristóbal Mendoza y Simón Bolívar. Acompañó a Diego García de Paredes a fundar Trujillo en 1557, y también con García de Paredes estuvo entre los que acabaron con la aventura del Tirano Aguirre. En 1567 viajó con Diego de Losada a ocupar el territorio de los indios Caracas, en donde se estableció definitivamente hasta el día de su hazaña en mayo de 1595. Su muerte impresionó vivamente hasta a los propios piratas que lo mataron. El jefe de los asaltantes, Amyas Preston, ordenó que lo cargaran sobre su escudo y le rindieran honores de héroe. Pocos días después los invasores se fueron de la villa y quemaron todo lo que pudieron a su paso.

El hecho que quiero reivindicar es la posibilidad real de que no sea mera especulación el atribuir a la muerte de Alonso Andrea de Ledesma la génesis del Quijote cervantino. Los hechos americanos se comentaban entonces a viva voz en Sevilla o en Madrid o en cualquier lugar de España, y una hazaña tan inútil y tan española como la de Ledesma no puede haberse ignorado en su momento, y mucho menos en Sevilla, en donde Cervantes vivió entre 1587 y 1602, y desde donde, cinco años justos antes de la muerte de Ledesma, el 21 de mayo de 1590 se dirigió por escrito al Consejo de Indias en busca de "un oficio" en América, que no consiguió. Aunque, más por razones turísticas que históricas en un pueblo de La Mancha, Argamasilla de Alba, aseguran que fue allí en donde Cervantes inventó su personaje, la realidad parece ser bien diferente. Es posible que ese lugar de La Mancha, cuyo nombre no quiera acordarse, sea Argamasilla, en donde Don Miguel la pasó muy mal y se dice que fue arrestado por Don Rodrigo de Pacheco por haber piropeado a su hermana, Magdalena de Pacheco, pero no hay ningún indicio de que haya sido allí en donde "concibió" a Don Quijote, ni mucho menos de que exista la posibilidad de que el personaje se haya inspirado en quien lo encerró, como suelen afirmar por razones estrictamente turísticas, repito, los actuales habitantes del lugar. En cambio, es un hecho demostrado que, poco después de la muerte de Ledesma, cuando con toda probabilidad llegó a Sevilla la crónica del hecho narrada por Gaspar de Silva, Miguel de Cervantes estaba en la ciudad: "Se sabe que Cervantes estaba en Toledo --cuenta uno de los mejores biógrafos de Don Miguel-- el 19 de mayo (de 1595) probablemente hacia el final del mes llegaron noticias de Sevilla: Freire, se le dijo, había quebrado y se había fugado con 60.000 ducados, incluidos los aproximadamente 670 ducados que le había depositado Cervantes. (...) Las noticias hicieron que Cervantes se apresurara a ir a Sevilla, donde se encontró con que los acreedores de Freire ya habían cerrado filas en torno a la ruina.

(...) El regreso a Sevilla forzó a Cervantes a través del pavoroso calor de agosto". (Byron, William, Cervantes: A Biography, Doubleday & Company Inc., Garden City, New York, USA, 1978, p. 379) ¡Y en agosto llegaron a las calles sevillanas las noticias de la muerte de Ledesma en Caracas! En octubre o septiembre de 1597, se produjo su primera reclusión en la cárcel ubicada en la Calle de las Sierpes de Sevilla, "en donde toda incomodidad tiene su asiento" y "se engendró" el Quijote. Don Miguel, que debe haberse maravillado, como mucha gente en aquellos días, con la noticia narrada por el hijo de Garcí González de Silva, estaba preso por haberle confiado fondos públicos a Simón Freire de Lima, el banquero que quebró y lo dejó al descubierto, hecho ocurrido poco después de que en mayo de 1595, es decir, días antes del sacrificio de Ledesma, se le otorgara --a Cervantes, claro está-- un premio literario (tres cucharas de plata) en una justa poética en honor a San Jacinto, en Zaragoza. Laureado, con deseos de ir a Nueva Granada o a La Paz o a Guatemala, seguramente leía hasta con ansiedad todo cuanto pudiera de aquel mundo al que no pudo ir y del que escribió en 1600, en El celoso extremeño, obra escrita posiblemente en 1600 y terminada en 1606, cosas terribles como para justificar ante sí mismo la frustración de haberse quedado de ese lado de la mar océana: "Viéndose pues, tan falto de dineros, y aun no con muchos amigos, se acogió al remedio a que otros muchos perdidos en aquella ciudad se acogen, que es el pasarse a las Indias, refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores a quien llaman ciertos los peritos en el arte, añagaza general de mujeres libres, engaño común de muchos y remedio particular de pocos". (Miguel de Cervantes, El celoso extremeño, en Obras Completas, M. Aguilar Editor, Madrid, 1943. p. 866). En su momento, Don Miguel debe haberse topado con el relato que del extraño suceso de Caracas hizo Gaspar de Silva, en el que dice en un lenguaje que tiene mucho del tiempo de Cervantes: "que sabe este testigo y vido cómo el dicho capitán, como tal y siendo, como era, tan gran señor, le embistió al enemigo inglés a caballo, con su lanza y adarga, y andando gran rato escaramuzando entre ellos como tan valiente soldado y servidor de Su Majestad, le dieron un balazo que lo mataron, y cayó muerto de su caballo..." (Pardo, Isaac J., En esta tierra de Gracia, Edición en M.A., 1988, Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, 1988, p. 197).

Además, como todos los poetas de su tiempo, Don Miguel tenía que estar enterado de la existencia del poeta segoviano Alonso de Ledesma (15621623) iniciador del conceptismo en España, por lo que debe haberle llamado la atención el nombre del héroe caído.

Hoy muchos otros indicios, pero en un trabajo de esta naturaleza no habría espacio para exponerlos y, como puede verse, son demasiadas las coincidencias que avalan esta hipótesis y la hacen definitivamente plausible.