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Didascalia: La marginalidad en el cine venezolano, según Xavier Sarabia (IV)

Xavier Sarabia / Foto Héctor Rattia para Correo del Orinoco (cortesía)

Xavier Sarabia / Foto Héctor Rattia para Correo del Orinoco (cortesía)

“El cine venezolano ha encontrado parte de su dramaturgia en esos espacios que llaman de los marginales y que podríamos llamar de la marginalidad o de los marginados”

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Con el testimonio de Xavier Sarabia, Presidente de la Cinemateca Nacional, termina esta serie en Didascalia sobre el cine venezolano y una de sus temáticas favoritas: la violencia, los desarraigados y la marginalidad.

¿Es el cine venezolano un cine marginal?

Depende de lo que definamos como marginalidad. Porque hay una situación que es la siguiente: la gente habla de los marginales, ser marginal parece que fuera una decisión de cada quien. Yo creo que lo correcto sería hablar de los marginados: personas que han sido marginadas de ciertos beneficios, de ciertas formas de actuación, de ciertos elementos de una determinada sociedad. Si ubicamos ahí a los marginados, son personas que viven en condiciones que no escogieron sino que fueron llevados a esas condiciones. Aquí en Venezuela se ha ubicado ese término en las barriadas que están alrededor de Caracas, sin embargo en esas barriadas hay una diferenciación geográfica: si hablamos del centro o de Petare reciben el nombre de cerro, pero si hablamos del este serían colinas, donde vive determinada clase social que tiene condiciones de educación, salud, vivienda y todos los servicios. Ahí hay una marca, entonces la pregunta sería si el escenario social de las películas venezolanas corresponde al de los barrios.

Entonces el tema de la marginalidad son los marginados o los excluidos, que de alguna manera ha sido explotado, representado y estudiado contantemente por el cine venezolano, y encontramos vamos películas no solamente en el cine de ficción sino en el cine documental. Eso si la ubicamos desde el punto de vista geográfico, pero si la ubicamos desde el punto de vista económico hay un elemento que ha permitido que algunos autores se ubiquen ahí, por ejemplo Clemente de la Cerda. Es un caso interesante porque es una forma de dónde está la dramaturgia de un determinado cine. El cine venezolano ha encontrado parte de su dramaturgia en esos espacios que llaman de los marginales y que podríamos llamar de la marginalidad o de los marginados. Más recientemente en el año 2010 hubo dos películas que causaron mucho furor: Hermano, que se desarrolla en el espacio social de la marginalidad y cuyos protagonistas son marginados, y que tienen aspiraciones. Uno de ellos al no estar en esa marginalidad encuentra el deporte como la vía. El otro está dentro de ella pero no fue algo decidido por él, sino que ya estaba ahí. Esa película tuvo un alto número de espectadores. La Hora Cero tuvo más espectadores. Esas dos películas forman parte de una avanzada del cine venezolano hacia la reconquista de su público, y una de las razones que algunos estudiosos dan para la reconquista de su público es el lugar donde se da la dramaturgia, porque es el encuentro con una realidad, el reencuentro con una realidad, independientemente de la  forma como se vea esa realidad, de la posición política.

Sí ha habido en los espacios de la marginalidad elementos de dramaturgia suficientes para desarrollar un tipo de cine en Venezuela.

¿Pero no es el tema predominante dentro del cine venezolano?

Eso depende de la época en que se viva y del realizador. Pero no creo que sea el tema predominante, yo creo que el cine venezolano es bastante rico en otras cosas. Claro, si es un cine que se hace desde lo urbano. Tenemos el caso de Beto Arvelo, con Cyrano Fernández, que es una adaptación de Cyrano de Bergerac. Pero también tiene películas hechas en el espacio andino. Entonces ha habido una corriente del cine ubicada en el espacio urbano que ha asumido los temas y los problemas de la marginalidad para su dramaturgia, para su discurso, con contenidos y discursos variados. En algunos  casos negando a los que viven en esos espacios, en algunos casos demostrando por qué existen esos espacios. Pero no creo, no puedo decir que el cine venezolano sea un cine cuyo único motor sea la marginalidad, lo que sí está claro es que el cine venezolano ha tenido esa influencia. Porque es de América Latina y esas mismas condiciones pueden encontrarse en el cine brasileño con Ciudad de Dios, en cierto cine mexicano con Los Olvidados. Nuestro imaginario ha sido marcado por esa sociedad pero también hay que recordar que casi todos los autores de nuestro país son de la clase media o de la burguesía.

Más recientemente ha surgido un cine local, popular, independiente, por ejemplo lo que hace Jackson Gutiérrez, que es un cine hecho en esos espacios de la marginalidad o de los marginados. Nadie decide vivir en esas condiciones. En el cine de Chalbaud hay mucho de los marginales, que lo son desde el punto de vista económico, cultural. No podía dejar de estar presente en un cine que siempre ha sido crítico de la realidad, de la sociedad.

¿Por qué el público tiene tantos prejuicios sobre el cine venezolano?

He ahí otro tema. Yo creo que ha habido la creación de matrices de opinión en contra del cine venezolano. Y esas matrices han venido de sectores interesados en que el público se desvincule de su cine. Al cine venezolano lo han criticado de ser un cine grosero, como si las palabras de ese cine no las dijera ese mismo público. En una época lo acusaban de que era un cine que trataba siempre del problema guerrillero, pero ese fue un conflicto que tocó mucho a los realizadores. Nadie critica al cine de Vietnam (concuerda con Marcel y Rodolfo) y USA perdió la guerra de Vietnam y la ganaron en Hollywood. El arte como crítica de la realidad tiene todo el derecho de apretarse en algunos temas.

En otra época tacharon al cine de cine de burdeles y prostitutas. Aunque no siempre pasaba eso, hubo creadores que encontraron ahí una forma para hacer una representación de una realidad. En esto los enemigos del cine venezolano crearon matrices en contra de este cine, pero no necesariamente lo lograron con el público, lo que pasa es que luego hubo una mengua de la producción audiovisual que logró que pasara eso.

Luego lo criticaron de chabacano, por la misma cuestión de lenguaje. Todas las películas extranjeras tienen groserías, lo que pasa es que las traducciones eliminan esas palabras. El escenario del prostíbulo no es un escenario per se, execrable en la medida en que el autor ubica ahí una cierta realidad. Grandes obras han pasado en burdeles, en el barrio, pero yo estoy seguro de que las mismas palabras que se usan en el barrio se usan en las colinas. Esa separación fue en gran medida ficticia y en otra medida inducida en relación a nuestro cine fue execrado en algunas oportunidades sobre la base de prejuicios, de mojigatería.

El grueso de las películas no trata sobre la marginalidad, sin embargo el público tiene la percepción de que es así en verdad.

Sí, pero no es verdad. No es verdad ahora y no ha sido verdad nunca. Pero las películas icónicas venezolanas son de ese tema, marcaron nuestro cine. No podemos circunscribir el cine solo al largometraje de ficción (concuerda con Marcel). Tratar el tema de la marginalidad es una opción de cada autor, y el cine venezolano en una de sus acepciones es un cine de autor, un cine que no es de molde, más allá que tiene rasgos hollywoodenses no es de molde, no es como Duro de Matar, que sabes cómo va a terminar. Nuestro cine no es de molde, y en Venezuela el cine se ha reconocido como recreación, y es un cine de creación. Pero las audiencias son complacidas y complacientes.

El público tampoco se muestra interesado en el cine documental

Porque el cine documental a pesar de que nos representa mucho, el tema ahí es que en los últimos 5 o 6 años hemos visto solo 6 o 7 largometrajes documentales en el cine comercial. Es mentira que el cine comercial muestra lo que el público le pide, te obligan a ver las películas que ellos traen. Este año que pasó estuvo el misterio de las lagunas y tiempos de dictadura. No hemos tenido una gran ´presencia del cine documental en el comercial, y este no es el cine que marca a Venezuela. Yo te puedo decir que casi todos los jueves se estrena una película en la sala de la (buscar siglas) que no cuenta como estrenada porque no tiene taquilla, y ahí hay cine documental. Si tuviera más difusión se vería también.

El Yaque también es cine documental. El tema es que el cine documental tiene una negación prejuiciada de salas y por lo tanto una negación obligada de ausencia

¿Puede decirse que hay una falla en los canales de distribución?

Es posible que sea una falla, pero tiene que ver con la imposición de un discurso. En Hollywood no se hace más del 15% de la películas que se hacen en el mundo, pero tiene a su disposición más del 90% de las salas del cine que hay en el mundo. Hay que mejorar los mecanismos de promoción, difusión y distribución y también deben mejorarse los mecanismos legales. Hay una película de David Cabrera, un cortometraje de El Silbón, y solo se proyectó en las salas de la previsora y la cinemateca, porque no dura los 90 minutos que exige una película comercial, no es rentable.

El problema es la audiencia, que es complacida y complaciente. Las salas comerciales marginan a las películas venezolanas.

¿Hace falta cultura cinematográfica?

Hacen falta dos cosas: que haya crítica, porque esta le exige al realizador, orienta a la audiencia y aumenta los niveles de exigencia. No tenemos crítica cinematográfica, y la que tenemos está mediada por los circuitos comerciales, y hace falta creación de una audiencia que permita que logre convertirse en crítica, que pueda crear también. Hace falta una audiencia que no sea complaciente.

En Venezuela si quieres ver cine español tienes que esperar a los festivales que duran una semana. Y eso pasa con el cine francés. Y para ver cine chino no hay festival. La audiencia debe exigir calidad de programación, que tiene que ver con la diversidad, eso es lo que hace falta

¿Educar al público?

Sí, formar la audiencia, crear la audiencia.