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Didascalia: El imaginario teatral venezolano (V)

Fotografía de Rafael Guinand / Cortesía

Fotografía de Rafael Guinand / Cortesía

Decálogo del perfecto político venezolano: interpretado y extraído del sainete “Yo también soy Candidato”, escrito por Rafael Guinand en 1938. Cualquier parecido con la realidad puede verse como un acierto de nuestros dramaturgos al explicar la manera en que, tanto el pueblo como sus dirigentes, comprenden la política venezolana

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Decálogo del perfecto político venezolano

1)      El verbo confuso es obligatorio. Utilizar palabras rebuscadas ayuda a crear un aura de intelectualidad que refuerza la popularidad del político en cuestión. También ayuda el uso de frases en latín.

2)      El político en cuestión debe poseer una unión, sea matrimonial o concubinato, con una mujer que será la encargada de continuar con la lucha política de su pareja en el caso de que esta sea encarcelada por motivos reales o pre-fabricados

3)      Es necesario entender que los intereses del político siempre deben estar camuflado con los intereses del pueblo. Lo que el político quiera debe ser siempre con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

4)      La palabra pueblo debe ser repetida tantas veces como sea posible dentro del discurso o mitin político.

5)      La mano derecha del político debe ser una persona dispuesta a calumniar, tergiversar información, duplicar cifras o reducirlas según conveniencia. Dicho de otro modo, la mano derecha de un buen político es su secretario.

6)      El discurso político debe ser sumamente emotivo. Si usted tuvo una infancia complicada, cuente los detalles, y si no la tuvo es menester fabricar una.

7)      La palabra democracia es de libre interpretación y, como ocurre con pueblo, debe ser involucrada la mayor parte del tiempo en el discurso.

8)      El imaginario venezolano está lleno de caudillos a caballo y otros personajes militares con “mano dura” para “poner el orden” El político debe acercarse a estas figuras con cautela, pues bien utilizadas logran un voto seguro.

9)      Es necesario aclarar que el político nunca deja de serlo. Si pierde volverá a lanzarse a elecciones, y si resulta ganador recorrerá cualquier camino posible para mantenerse –o a su partido– en el poder

10)  El político nunca es culpable de nada de lo que ocurra durante su mandato o gestión. Los culpables recurrentes siempre serán instancias superiores o entidades internacionales que no tengan nada que ver en el asunto.