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Didascalia: El imaginario teatral venezolano (VII – I)

Elizabeth Schön / Foto Alfredo Cortina (cortesía)

Elizabeth Schön / Foto Alfredo Cortina (cortesía)

“Intervalo, la primera pieza de la dramaturga –Elizabeth Schön– y una de sus piezas fundamentales, ganó el Segundo Premio en el Concurso de Obras del Ateneo de Caracas y sería estrenada por el director Horacio Peterson en el marco de su Primer Festival de Teatro”

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La vida en un Intervalo

Cuando Elizabeth Schön escribió Intervalo en 1956 introdujo –quizá sin querer, quizá a propósito– nuevas formas de discurso teatral que aún para la década de los 50 habían permanecido sin explorar, como el surrealismo y el absurdo.

Schön, nacida en Caracas en 1921, se formó como literata en el Instituto Pedagógico de Caracas y posteriormente como filósofa en la Universidad Central de Venezuela. Esta mezcla de conocimientos hará que en su obra general se mezclen la poesía con abstracciones del yo y diversas apreciaciones sobre la vida. Es por esto que el crítico Rubén Monasterios califica su obra como mágico-poética, con “personajes que se buscan a sí mismos, seres fraccionados, personajes que no hacen nada, o que simplemente aparecen y se disuelven…”.

Intervalo, la primera pieza de la dramaturga y una de sus piezas fundamentales, ganó el Segundo Premio en el Concurso de Obras del Ateneo de Caracas y sería estrenada por el director Horacio Peterson en el marco de su Primer Festival de Teatro. En esta farsa de tres actos la dramaturga nos presenta a una protagonista que simplemente denomina como Ella, quien posee una posición económica holgada y es cuidada por las figuras del Mayordomo y la Mucama. Su padre es una figura ausente –tanto en su vida como en la escena– que se encuentra de viaje eterno.

Ella ha sido declarada como demente por su médico –de quien está profundamente enamorada– y pasa sus días creando personajes ficticios con quienes se ve envuelta en situaciones insólitas donde a menudo involucra a su Mayordomo, quien le sigue el juego para preservar su delicado estado de salud.

Alrededor de Ella también se encuentra el Zapatero, quien aprovechándose de su cómoda posición económica la rapta con la esperanza de engañarla para casarse con ella y vivir de su dinero. Pero al final de la pieza ningún personaje logra su cometido: el Zapatero no logra embaucarla, el Mayordomo no logra curarla, y Ella continúa en su limbo de realidad inventada.

Schön introduce como tema principal la imposibilidad de comunicación que existe entre su protagonista y el resto de los personajes: Ella se expresa con metáforas y crea circunstancias donde intenta incluir a quienes se encuentran a su alrededor. Para la dramaturga, la comunicación solo puede ser posible bajo un acuerdo tácito de intimidad, ya que esta característica facilita la empatía y permite la comunicación efectiva. Al no haberla, esta simplemente se trunca, y Ella queda aislada del mundo, en su propio mundo fabricado por el delirio, el amor frustrado y la enfermedad.

Intervalo posee una gran carga cromática, pues cada elemento escénico señalado en las didascalias tiene un color característico y mustio: rosa viejo, blanco viejo, negro y encajes.  El lenguaje es sumamente poético: muestra sin revelar del todo, de forma juguetona y visual.

Por último y no menos importante: ¿Qué es un Intervalo para Elizabeth Schön? La única alusión al título de la pieza es la afirmación de Ella acerca de su amor por el médico: “Amo a mi médico y estas paredes serán los intervalos de nuestro amor por toda la vida”

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra intervalo responde en su cuarta acepción al espacio de tiempo en que quienes han perdido el juicio dan muestras de cordura. Si ella estuvo o no lúcida en los 3 actos de su breve historia, será cuestión del público decidirlo al leerla o verla en escena.